25 Septiembre 2006 Seguir en 
El triunfo del equipo argentino sobre el de Australia en una de las semifinales de la Copa Davis de tenis no sólo generó felicidad y entusiasmo por la posibilidad de volver a jugar la final del tradicional certamen, tal como ocurrió hace 25 años en los tiempos de Guillermo Vilas y José Luis Clerc. Puso otra vez al deporte nacional en un lugar preponderante en el ámbito internacional, con un equipo que funcionó como tal y que de alguna manera redimió a actividades como el fútbol y el basquetbol, los que en su momento y, mundiales mediante, aspiraron al menos al llegar a la definición, lo que finalmente no lograron. Por otro lado, esta serie volvió a confirmar la proyección popular que alcanzó el tenis, a la luz de tres jornadas a estadio lleno en el parque Roca y varios cientos de miles siguiendo las alternativas del match por televisión.
En lo deportivo, hubo quienes ya se mostraban optimistas sobre una victoria contundente desde el momento que se sabía que los australianos serían los rivales. La calidad de los jugadores locales, más la superficie de polvo de ladrillo, ya otorgaban un alto handicap que sólo la presencia de Lleyton Hewitt en la formación rival impedía que fuera superior. Los hechos terminaron dando la razón, aunque el tenis visto no fue de alto vuelo. De todos modos, ganar 5 a 0 no es cosa de todos los días y mucho menos en una semifinal.
El próximo paso deberá darse en Moscú, en diciembre, en pleno invierno ruso, en lugar y superficie a determinar, ante jugadores de cuidado, pero no imposibles de vencer. Sin dudas que lo que vendrá será motivo de análisis a fondo en los poco más de dos meses que faltan para el encuentro. Y llevará a una situación de ansiedad, de la que seguramente el público adepto al tenis no quedará excluido.
Precisamente en este punto es donde se abre una vez más una interesante perspectiva para el deporte, a la luz de este resultado positivo del representativo nacional. Ya sucedió en ocasiones anteriores que, con triunfos en torneos importantes -como el de Gastón Gaudio en Roland Garros 2004 y el de David Nalbandian en el Masters de 2005-, se generó una onda expansiva de acercamiento. La gente no sólo buscó informarse más sobre lo que pasaba, sino que se involucró con la actividad, ya sea jugando o llevando a sus hijos a iniciarse en el deporte de los saques y las voleas.
Este detalle no es uno más: en un reciente informe publicado por LA GACETA, quedó determinado que son casi 1.000 los niños que asisten a las diversas escuelas de tenis en la provincia. A ello hay que sumarle a aquellos que no toman clases, pero que asisten en forma permanente a los clubes; también a los jugadores adolescentes y juveniles que se encuentran en la faz competitiva.
Es tanto el entusiasmo que se nota en las distintas entidades, que no es descabellado pensar que en el futuro cercano, la cantidad de jugadores pueda generar nombres que representan a la provincia en la elite del deporte, como lo hicieron Mercedes Paz y Roberto Saad, sólo por nombrar a dos de los que alcanzaron mayor notoriedad. El propio presidente de la Asociación Tucumana, Gustavo Atim, dijo que la masividad traerá a la calidad en un futuro no muy lejano.
Sin dudas, la situación es óptima y habrá que alimentarla trabajando de manera adecuada, tanto en la formación de los chicos como en el perfeccionamiento de la técnica y la táctica de aquellos que demuestren estar un paso más adelante. Y, por qué no, también valiéndose de impulsos tan claros como el que aportó el equipo argentino en una Copa Davis 2006 que será difícil de olvidar.
En lo deportivo, hubo quienes ya se mostraban optimistas sobre una victoria contundente desde el momento que se sabía que los australianos serían los rivales. La calidad de los jugadores locales, más la superficie de polvo de ladrillo, ya otorgaban un alto handicap que sólo la presencia de Lleyton Hewitt en la formación rival impedía que fuera superior. Los hechos terminaron dando la razón, aunque el tenis visto no fue de alto vuelo. De todos modos, ganar 5 a 0 no es cosa de todos los días y mucho menos en una semifinal.
El próximo paso deberá darse en Moscú, en diciembre, en pleno invierno ruso, en lugar y superficie a determinar, ante jugadores de cuidado, pero no imposibles de vencer. Sin dudas que lo que vendrá será motivo de análisis a fondo en los poco más de dos meses que faltan para el encuentro. Y llevará a una situación de ansiedad, de la que seguramente el público adepto al tenis no quedará excluido.
Precisamente en este punto es donde se abre una vez más una interesante perspectiva para el deporte, a la luz de este resultado positivo del representativo nacional. Ya sucedió en ocasiones anteriores que, con triunfos en torneos importantes -como el de Gastón Gaudio en Roland Garros 2004 y el de David Nalbandian en el Masters de 2005-, se generó una onda expansiva de acercamiento. La gente no sólo buscó informarse más sobre lo que pasaba, sino que se involucró con la actividad, ya sea jugando o llevando a sus hijos a iniciarse en el deporte de los saques y las voleas.
Este detalle no es uno más: en un reciente informe publicado por LA GACETA, quedó determinado que son casi 1.000 los niños que asisten a las diversas escuelas de tenis en la provincia. A ello hay que sumarle a aquellos que no toman clases, pero que asisten en forma permanente a los clubes; también a los jugadores adolescentes y juveniles que se encuentran en la faz competitiva.
Es tanto el entusiasmo que se nota en las distintas entidades, que no es descabellado pensar que en el futuro cercano, la cantidad de jugadores pueda generar nombres que representan a la provincia en la elite del deporte, como lo hicieron Mercedes Paz y Roberto Saad, sólo por nombrar a dos de los que alcanzaron mayor notoriedad. El propio presidente de la Asociación Tucumana, Gustavo Atim, dijo que la masividad traerá a la calidad en un futuro no muy lejano.
Sin dudas, la situación es óptima y habrá que alimentarla trabajando de manera adecuada, tanto en la formación de los chicos como en el perfeccionamiento de la técnica y la táctica de aquellos que demuestren estar un paso más adelante. Y, por qué no, también valiéndose de impulsos tan claros como el que aportó el equipo argentino en una Copa Davis 2006 que será difícil de olvidar.







