Emergentología

Es notoria la disparidad entre la declamada planificación y las ordenanzas que se aprueban según las presiones del momento. El fracaso del plan para los ambulantes. Roberto Delgado - PROSECRETARIO DE REDACCION

23 Septiembre 2006
Hace 45 días, los funcionarios provinciales y municipales encargados del tema “vendedores ambulantes” entraron en desesperación. El juez que interviene en la demanda de los empresarios de la FET contra la administración municipal llamó a todos a una mediación y de allí surgió, de apuro, el proyecto de ubicarlos en un local de calle 9 de Julio primera cuadra.
Todos sabían que el proyecto era apresurado, incluso el mismo gobernador José Alperovich. “Prefiero equivocarme por hacer y no por no hacer”, se defendió el mandatario el 1 de setiembre, cuando la Municipalidad promulgó la norma. Pero era evidente que no iba a funcionar. Se oponían los vecinos. Estaban en contra los urbanistas, que decían que la propuesta atentaba contra el proyecto de jerarquizar la zona, considerada de interés histórico y turístico. No estaban conformes los ambulantes, que quieren estar en calles como la Maipú, y además veían que sólo iban a entrar en ese local 180 puesteros, de los 900 que pululan por el microcentro. Se oponían los comerciantes, que dicen que el municipio viola la ley al permitir la venta callejera.
La caída del proyecto, ocurrida anteayer, les dio la razón a los críticos, como el concejal de FR Claudio Viña, que dice que los funcionarios corren a buscar salidas de apuro cada vez que a Alperovich se le ocurre una idea.
Este tema es uno de los dolores de cabeza más fuertes del Gobierno desde hace dos años. Ante los fracasos, los funcionarios se cubrieron las espaldas. “No podemos correrlos simplemente”, dijo el intendente, Domingo Amaya. Ahora el secretario de Gobierno de la Municipalidad, Germán Alfaro, advierte que para poder actuar necesitan la ayuda de la Policía. Un clásico de la impotencia municipal.

Dos fallas
Se trata de un problema complejo, en el que fallan el control -sin autoridad no se puede dominar el caos callejero- y la planificación. Y en esto los concejales acaban de dar otro mal ejemplo, ya que hace tres días se reunieron para aprobar un Plan Estratégico Urbano para el municipio, pero eliminaron la entidad que se iba a encargar de que se cumpla el programa. En cambio, permitieron al Ejecutivo aplicar el plan “con independencia de criterio”. Es decir, se aplica o no, según las ganas, motivaciones políticas o presiones sectoriales del momento.
De esto está llena la acción de las administraciones. De hecho, las modificaciones fuertes que se aplicaron este año en la ciudad partieron de las ideas de Alperovich, a pesar de que el intendente y los ediles tenían su plan estratégico debatido durante un año. “Se gobierna por ‘emergentología’”, criticó Julio Middagh, del Colegio de Arquitectos. La ciudad, la provincia y el país están llenos de obras públicas, muchas fantásticas; pero por ahí ronda la impresión de que se ejecutan a toda velocidad, sin planificación. Como la escuela del barrio SEOC, que se erige en el predio destinado a plaza pública, o las escuelas diferenciales montadas sobre el predio del ferrocarril donde la Justicia quería hacer la Ciudad Judicial.
El caso de los ambulantes tiene mil complicaciones. Lo reconocen todos. Y en esto es claro que hay muchas aristas que deben tenerse en cuenta. Por un lado está el problema social (que muestra la falta de una política de contención para crear fuentes genuinas de trabajo). Por otra parte está el lado oscuro de esto: el empresario Osvaldo Cornide -de la CAME- dijo que la venta ilegal “no podría existir sin complicidad del funcionario público”, y el mismo titular de los ambulantes, Luis Lobo, denunció que hay socios de la FET que proveen mercadería a los mismos vendedores callejeros. En el Concejo Deliberante se comenta que hay una cooperativa especial dedicada a entregar mercadería a los que venden verduras y frutas en las calles. Alguien tiene que ponerse los pantalones para investigar estas cosas, si de verdad se quiere ordenar el caos.
Pero, en el fondo, lo que muestra claramente este fracaso es que no sirve actuar sin un programa coherente y sin que se conecten las ideas declamadas de gobernar para el futuro (léase “Plan Estratégico”) con la realidad que se vive cotidianamente.



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