BUENOS AIRES.- Desde los ámbitos oficiales se viene instrumentando, en los últimos días, una serie de medidas que dan toda la sensación de ir en direcciones contrapuestas. El celo impuesto en la supervisión del mercado de cambios, que en las últimas horas cobró ribetes policíacos, se contrapone con la inexplicable flexibilidad con la que desde varias reparticiones se echa mano a la designación de asesores y contratados, a pesar de las urgencias oficiales por arribar por primera vez en años al equilibrio fiscal.
Una ojeada a las últimas ediciones del Boletín Oficial permitirá comprobar la existencia de decenas de decretos en los que se aprueban contratos para Presidencia, Jefatura de Gabinete, ministerios, secretarías y hasta entes liquidadores de organismos que dejaron de funcionar hace una década. Tal es el caso del decreto 1664, por el cual se aprueban contratos "con la finalidad de fortalecer la labor que desarrolla el Patrimonio en Liquidación del Banco Nacional de Desarrollo", desactivado en 1992.
Cuesta entender que sea el mismo Gobierno el que recurra a la contratación de más personal para acrecentar un plantel ya sobredimensionado y el que sostiene que los fallos judiciales que ordenan la inmediata restitución del 13% de salarios y jubilaciones recortados hace más de un año representan un severo golpe a las finanzas públicas.
Como no existe medida, el peronismo apela al facilismo de aumentar la presión fiscal hasta tornarla intolerable para los empobrecidos agentes económicos que pudieron quedar en pie luego de la devastadora devaluación.
Pero más difícil de entender es que en las esferas oficiales no se tenga en cuenta que esos descontroles a la larga terminan por esterilizar los controles con los que se busca prolongar la calma que en los últimos meses domina al mercado de cambios. Por no tener en cuenta que fue el abultadísimo déficit fiscal de la década pasada el que terminó por herir de muerte la paridad uno a uno entre el peso y el dólar, se vuelve a caer en el error de colocar el carro delante de los caballos.
Con o sin acuerdo con el FMI, la demanda de dólares podrá atenuarse temporariamente, pero la corrida permanecerá latente en la medida que la Argentina no presente un frente fiscal ordenado y que, por el contrario, continúe con un despilfarro que termine licuando el aumento de reservas de las últimas semanas. (DyN)
13 Septiembre 2002 Seguir en 
Por Marcelo Batiz
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