01 Septiembre 2006 Seguir en 
Nueva York.- A la sombra de las grandes crisis en Irán, Irak y Líbano, en Sudán, el mayor país africano, se desarrolla un conflicto que desde 2003 ha dejado 300.000 muertos. Más de 2 millones de personas fueron desplazadas por la violencia que se ha instalado en la región de Darfur, al oeste del país, donde milicias árabes montadas, apoyadas por el gobierno, libran una guerra de baja intensidad contra rebeldes que acusan al gobierno de oprimir a la población negra.
Cientos de pueblos fueron saqueados o incendiados por la milicia Yanyaweed, apoyada por el gobierno, y miles de mujeres han sido violadas o convertidas en esclavas sexuales. Ya en 2004, Estados Unidos acusó al gobierno de Jartum de genocidio, y un año después la ONU se refería a “intenciones de genocidio”. En una lista de presuntos criminales de guerra habría miembros del gobierno. En mayo hubo una esperanza, cuando se concretó un acuerdo de paz entre Jartum y el rebelde Ejército de Liberación de Sudán (SLA). Pero el gobierno demoró el anunciado desarme de las milicias, y el SLA se fragmentó en pequeños grupos que pasaron a rivalizar entre sí. El conflicto se amplió hacia el este y miles de personas huyeron hacia el vecino país de Chad. Pero allí también hay rebeldes enfrentados al gobierno. Ahora, y a pedido de EE.UU. y de Gran Bretaña, el Consejo de Seguridad de la ONU decidió enviar 20.000 cascos azules a la región, que relevarán a los 7.000 hombres de la Unión Africana que trataban de frenar el conflicto. (DPA)
Cientos de pueblos fueron saqueados o incendiados por la milicia Yanyaweed, apoyada por el gobierno, y miles de mujeres han sido violadas o convertidas en esclavas sexuales. Ya en 2004, Estados Unidos acusó al gobierno de Jartum de genocidio, y un año después la ONU se refería a “intenciones de genocidio”. En una lista de presuntos criminales de guerra habría miembros del gobierno. En mayo hubo una esperanza, cuando se concretó un acuerdo de paz entre Jartum y el rebelde Ejército de Liberación de Sudán (SLA). Pero el gobierno demoró el anunciado desarme de las milicias, y el SLA se fragmentó en pequeños grupos que pasaron a rivalizar entre sí. El conflicto se amplió hacia el este y miles de personas huyeron hacia el vecino país de Chad. Pero allí también hay rebeldes enfrentados al gobierno. Ahora, y a pedido de EE.UU. y de Gran Bretaña, el Consejo de Seguridad de la ONU decidió enviar 20.000 cascos azules a la región, que relevarán a los 7.000 hombres de la Unión Africana que trataban de frenar el conflicto. (DPA)
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