31 Agosto 2006 Seguir en 
Los escollos judiciales obligaron a Casino Club y al Gobierno a cambiar los planes originales: la empresa patagónica descartó la instalación de 1.000 maquinitas en el Hipódromo y anticipó que su inversión en la Provincia se limitará a la explotación de un centro de entretenimientos en Adolfo de la Vega 473, que será inaugurado mañana. En un predio contiguo, además, la firma erigirá el centro de convenciones que comprometió donar al Estado.
Así lo confirmó a LA GACETA el gerente de Comunicaciones y Marketing de Casino Club, Pablo Bravo. "En una primera etapa habilitaremos el local con 300 máquinas. Pero en una segunda etapa, las 700 restantes tragamonedas serán instaladas en este mismo predio", señaló. ¿Qué motivó la modificación del proyecto original", se le preguntó. "Son decisiones de los directivos de la empresa", se limitó a responder.
Las palabras del directivo cobran dimensión ante la indefinición que presenta en el plano judicial el desembarco de la empresa. El 26 de diciembre de 2004, una federación ambiental objetó el proyecto de la firma -promovido por el Poder Ejecutivo- para que las 1.000 tragamonedas concesionadas en forma directa por el PE se ubiquen en el Hipódromo.
La iniciativa quedó en suspenso a partir de una medida de no innovar dictada por la sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo. Sin embargo, la cuestión de fondo, es decir, la habilitación o no de la sala de juegos en el parque 9 de Julio, aún no fue resuelta por la Justicia.
Compromiso asumido
El directivo de la firma, cuyo presidente es el chubutense Cristóbal López (a quien sindican como amigo del presidente Néstor Kirchner), confirmó que se edificará el centro de convenciones. El proyecto fue comprometido por Casino Club como compensación al Estado a cambio de la explotación de las 1.000 tragamonedas.
La sala de eventos también estará emplazada en Adolfo de la Vega al 400. "El terreno ya fue comprado por la empresa. Tendrá capacidad para unas 1.500 personas", afirmó Bravo. Adelantó que, junto con las obras de construcción del local, se iniciará la ampliación del centro de entretenimientos para ubicar allí las 700 máquinas restantes. El emprendimiento, según explicó, contempla también un restaurant (ahora sólo funciona una confitería), un salón para espectáculos y canchas de bowling. "El plazo de obra es de 18 meses", sostuvo.
Temor e incertidumbre
El optimismo de los responsables de Casino Club contrasta con el temor que invade a vecinos de la zona. Muchos no quieren dar su testimonio y aquellos que se animan prefieren que sus apellidos no sean publicados.
Los directivos se jactan de la creación de 90 puestos directos de trabajo y de la revalorización de la zona, además del movimiento económico que generará la actividad. Sin embargo, algunas personas consultadas por LA GACETA no creen que su realidad pueda modificarse. "El lugar podrá mejorar, pero no me parece bien que el Estado impulse casinos. En lugar de dar trabajo, el juego trae pobreza", consideró Nélida, una santafesina que desde 1968 vive en la provincia. "Me parte el alma ver que a Tucumán hayan llegado tantas maquinitas", reflexionó.
Marcos es un veinteañero que atiende una verdulería sobre Adolfo de la Vega al 500. Según entiende, la apertura del casino será indiferente para los vecinos. "El que entre allí a gastar plata saldrá ?seco? y no tendrá ni una moneda para comprar ni siquiera una gaseosa. Tampoco habrá mejoras en la seguridad, porque los policías estarán dentro del local, no en las calles", aseveró. "Quizás la zona mejore, porque cuentan que ya hubo gente que está buscando comprar propiedades para oficinas y bares, pero no me parece bien que haya lugares para que la gente juegue", sintetizó Raúl, otro vecino.
Así lo confirmó a LA GACETA el gerente de Comunicaciones y Marketing de Casino Club, Pablo Bravo. "En una primera etapa habilitaremos el local con 300 máquinas. Pero en una segunda etapa, las 700 restantes tragamonedas serán instaladas en este mismo predio", señaló. ¿Qué motivó la modificación del proyecto original", se le preguntó. "Son decisiones de los directivos de la empresa", se limitó a responder.
Las palabras del directivo cobran dimensión ante la indefinición que presenta en el plano judicial el desembarco de la empresa. El 26 de diciembre de 2004, una federación ambiental objetó el proyecto de la firma -promovido por el Poder Ejecutivo- para que las 1.000 tragamonedas concesionadas en forma directa por el PE se ubiquen en el Hipódromo.
La iniciativa quedó en suspenso a partir de una medida de no innovar dictada por la sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo. Sin embargo, la cuestión de fondo, es decir, la habilitación o no de la sala de juegos en el parque 9 de Julio, aún no fue resuelta por la Justicia.
Compromiso asumido
El directivo de la firma, cuyo presidente es el chubutense Cristóbal López (a quien sindican como amigo del presidente Néstor Kirchner), confirmó que se edificará el centro de convenciones. El proyecto fue comprometido por Casino Club como compensación al Estado a cambio de la explotación de las 1.000 tragamonedas.
La sala de eventos también estará emplazada en Adolfo de la Vega al 400. "El terreno ya fue comprado por la empresa. Tendrá capacidad para unas 1.500 personas", afirmó Bravo. Adelantó que, junto con las obras de construcción del local, se iniciará la ampliación del centro de entretenimientos para ubicar allí las 700 máquinas restantes. El emprendimiento, según explicó, contempla también un restaurant (ahora sólo funciona una confitería), un salón para espectáculos y canchas de bowling. "El plazo de obra es de 18 meses", sostuvo.
Temor e incertidumbre
El optimismo de los responsables de Casino Club contrasta con el temor que invade a vecinos de la zona. Muchos no quieren dar su testimonio y aquellos que se animan prefieren que sus apellidos no sean publicados.
Los directivos se jactan de la creación de 90 puestos directos de trabajo y de la revalorización de la zona, además del movimiento económico que generará la actividad. Sin embargo, algunas personas consultadas por LA GACETA no creen que su realidad pueda modificarse. "El lugar podrá mejorar, pero no me parece bien que el Estado impulse casinos. En lugar de dar trabajo, el juego trae pobreza", consideró Nélida, una santafesina que desde 1968 vive en la provincia. "Me parte el alma ver que a Tucumán hayan llegado tantas maquinitas", reflexionó.
Marcos es un veinteañero que atiende una verdulería sobre Adolfo de la Vega al 500. Según entiende, la apertura del casino será indiferente para los vecinos. "El que entre allí a gastar plata saldrá ?seco? y no tendrá ni una moneda para comprar ni siquiera una gaseosa. Tampoco habrá mejoras en la seguridad, porque los policías estarán dentro del local, no en las calles", aseveró. "Quizás la zona mejore, porque cuentan que ya hubo gente que está buscando comprar propiedades para oficinas y bares, pero no me parece bien que haya lugares para que la gente juegue", sintetizó Raúl, otro vecino.







