Darío Sandrone, sobre el vínculo entre IA y pensamiento: “¿Para qué escribir si una máquina puede hacerlo por nosotros?”

El filósofo, docente e investigador reflexionó sobre el valor de la escritura frente al avance de los nuevos sistemas tecnológicos.

DEBATE ACTUAL. Sandrone sostuvo que la escritura no es sólo un producto final, sino una práctica que permite ordenar ideas y construir conocimiento. LA GACETA / FOTOs DE DIEGO ÁRAOZ
DEBATE ACTUAL. Sandrone sostuvo que la escritura no es sólo un producto final, sino una práctica que permite ordenar ideas y construir conocimiento. LA GACETA / FOTOs DE DIEGO ÁRAOZ

Resumen para apurados

  • En Tucumán, el filósofo Darío Sandrone expuso en la UNT sobre el impacto de la IA y defendió el valor reflexivo de la escritura humana ante la automatización.
  • Previo al XIV Coloquio de Filosofía de la Técnica, usó la obra de Borges para contrastar la mera combinación de signos de los algoritmos con el acto cognitivo de escribir.
  • Advirtió que delegar la redacción en sistemas automatizados pone en riesgo habilidades cognitivas críticas y el desarrollo del pensamiento propio a futuro.
Resumen generado con IA

La escritura, una de las prácticas más asociadas a la creatividad, la reflexión y la expresión humana, atraviesa una transformación profunda con la irrupción de la inteligencia artificial. Sobre ese escenario se detuvo el filósofo, docente e investigador Darío Sandrone, especialista en filosofía de la tecnología, quien ayer, pasadas las 18, brindó en el Espacio Cultural de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán la charla “El texto ensamblado por máquinas: notas sobre la escritura en la era de la IA”.

La actividad formó parte de la antesala del XIV Coloquio Internacional de Filosofía de la Técnica 2026 que comienza hoy en la provincia y propuso una pregunta que excede el funcionamiento de los nuevos sistemas tecnológicos: qué ocurre con las personas cuando una máquina ya puede producir un texto, un trabajo práctico, un parcial, una tesis o incluso un escrito de investigación.

Sandrone planteó que la inteligencia artificial se convirtió en una tecnología que atraviesa actividades muy diferentes entre sí. Su presencia ya no se limita a la industria o a la producción de bienes, sino que alcanza las fábricas, la logística, el comercio, las aulas universitarias, la producción de conocimiento y los espacios de gobierno.

En ese contexto, eligió detenerse en una práctica mucho más antigua: escribir. El filósofo sostuvo que la escritura no constituye solamente una forma de registrar o transmitir información, sino también una herramienta que organiza las ideas y permite desarrollar determinadas capacidades. A partir de allí formuló uno de los interrogantes centrales de su exposición: si hoy resulta posible pedirle a una máquina que produzca un texto en pocos segundos, ¿qué razones quedan para escribir por cuenta propia?

Borges para pensar la IA

Para abordar ese dilema, Sandrone recurrió a “La Biblioteca de Babel”, el cuento que Jorge Luis Borges publicó en 1941. Allí, el escritor imagina un universo que es, al mismo tiempo, una biblioteca compuesta por galerías que se extienden de manera indefinida. Sus habitantes nacen, viven y mueren dentro de ella.

UNT. Charla del XIV Coloquio Internacional de Filosofía de la Técnica. UNT. Charla del XIV Coloquio Internacional de Filosofía de la Técnica.

Los libros que contiene esa biblioteca presentan una característica decisiva: están formados a partir de un número limitado de símbolos y reúnen todas las combinaciones posibles entre ellos. En consecuencia, allí se encuentran todos los textos que alguna vez fueron escritos, aquellos que podrían escribirse en el futuro y también millones de volúmenes sin ningún sentido.

Sandrone utilizó esa imagen para establecer una analogía con la inteligencia artificial generativa. Así como la biblioteca imaginada por Borges contiene combinaciones posibles de signos, los sistemas actuales pueden producir palabras y textos a una velocidad y en una escala imposibles para una persona.

Pero la comparación abrió una segunda pregunta.

En “La Biblioteca de Babel”, los libros no fueron escritos por alguien. Existen como consecuencia de las combinaciones posibles entre los símbolos. Desde ese punto, Sandrone puso en discusión si combinar signos equivale verdaderamente a escribir.

El problema también alcanza al conocimiento. La biblioteca de Borges contiene tanto las explicaciones verdaderas sobre el universo como sus refutaciones y versiones falsas. La acumulación de información, por lo tanto, no garantiza por sí misma la comprensión de aquello que se lee.

Escribir es pensar

Uno de los núcleos de la charla apareció cuando el doctor en Filosofía desplazó la atención desde el texto terminado hacia la acción misma de escribir. El filósofo señaló: “Muchas veces pensamos mejor mientras escribimos”.

A partir de esa idea explicó que una persona no siempre posee un pensamiento completamente formado antes de llevarlo al papel o a una pantalla. La propia práctica obliga a ordenar conceptos, descubrir relaciones, advertir problemas y precisar aquello que se quiere expresar.

Sandrone afirmó: “La escritura no solamente registra un pensamiento previo: también produce pensamiento”. Esa diferencia adquiere otro peso ante la posibilidad de delegar cada vez más tareas en sistemas de inteligencia artificial. Según planteó durante su exposición, si las personas abandonan ese ejercicio también podrían perder capacidades cognitivas asociadas a la escritura.

El expositor llevó el razonamiento incluso al terreno del periodismo. Explicó que hablar frente a una cámara y escribir exigen operaciones distintas. La escritura obliga a organizar, seleccionar y reflexionar de otra manera, por lo que ambas prácticas producen formas diferentes de pensamiento.

La analogía con Borges permitió entonces formular otra distinción. En la biblioteca perfecta existen todas las combinaciones posibles de signos. En la biblioteca humana, en cambio, aparecen errores, tachaduras, dudas, cansancio y textos que nunca llegan a terminarse. Pero esos escritos poseen una característica que los separa de los otros: alguien los escribió.

Sandrone sostuvo: “Una cosa es generar combinaciones de signos y otra es la experiencia humana de escribir”.

Ejercicio final

Al final de la actividad propuso un ejercicio: escribir en pocos renglones una verdad científica, pedirle luego a una inteligencia artificial que produjera un texto a partir de ella y analizar las respuestas obtenidas.

De esta tarea surgieron textos variados e interesantes que permitieron abrir un debate distendido con el público y explorar distintas opiniones sobre las herramientas tecnológicas actuales.

También cerró su exposición con “La lluvia”, poema de Borges, y explicó que le interesaba porque, según contó, Borges dijo que el lector puede comprender algo distinto de aquello que aparece de manera literal en el texto.

La discusión quedó así más allá de la capacidad técnica de una máquina para ordenar palabras. La pregunta pasó a ser qué ocurre con las personas cuando dejan de atravesar el proceso de escritura. En la biblioteca infinita de Borges todos los textos pueden existir. Para Sandrone, el problema contemporáneo consiste en determinar qué lugar conserva, frente a esa abundancia, la experiencia humana de escribir.

Coloquio de Filosofía: cuatro días para pensar tecnología

El XIV Coloquio Internacional de Filosofía de la Técnica comienza hoy y se extenderá hasta el 29 de agosto en el Museo de la UNT. El encuentro propone debatir sobre IA, autonomía, justicia distribuida y vínculos entre humanos y máquinas. El eje es “Líneas de fuga. Crítica, imaginación política y escenarios posthumanistas de la técnica”.

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