12 Septiembre 2002 Seguir en 
"Supongo -luego de releerlo, corregirlo, reescribirlo- que bien podría definir este libro como un Manual de la Argentina. Una de las primeras novelas de Juan Sasturain se llama Manual de perdedores, y creo, entonces, que si lo que he dicho es cierto, si este libro es un Manual de la Argentina, debiera llamarse como la novela de Sasturain. Debiera llamarse Manual de perdedores, ya que la imagen que el mundo (y nosotros) tiene de la Argentina es la de la derrota. ?Un país que pudo haber sido y no fue?, me dijo una vez un editor francés. ?Somos la mueca de lo que soñamos ser?, diría Discépolo desde el pasado. Las causas son muchas, acaso demasiadas, y juro que el propósito desmedido de este libro ha sido el de abordarlas en totalidad.
Sin embargo, todo podría reducirse a un chiste fundacional cuyo análisis no vamos a evitar aquí porque se verá que el análisis de los chistes es una constante de estos textos. Dios, exultante, le dice a San Pedro: ?Allá, en el Sur bien abajo, voy a crear un país maravilloso. Nada habrá de faltarle. Tendrá llanuras, bosques, montañas, minerales, ganado, climas benignos, mar generoso, petróleo abundante. Oh, sí; nada le faltará?. San Pedro, preocupado, se anima a decirle al buen Dios: ?Pero, Señor, ese país será demasiado poderoso, nada podrá detenerlo, ¡dominará al mundo! ?Dios se encoge de hombros, chasquea su divina lengua y, calmándolo, le dice a Pedro: ?No te preocupes: lo voy a llenar de argentinos?.
Se trata de un chiste humanista: la historia la hacen los hombres, no la naturaleza. Sartre, en la Crítica de la razón dialéctica, escribió muchas de sus mejores páginas refutando a un dinosaurio positivista que Engels escribió en el siglo XIX y llamó Dialéctica de la naturaleza. Básicamente Engels decía que la dialéctica se originaba en la naturaleza y que la dialéctica histórica era un reflejo de ella, que era la fundante. Sartre -el último gran humanista- dice no, la dialéctica existe porque existe la Historia, porque la Historia es obra de los hombres y la praxis humana es dialéctica. De aquí el humanismo del chiste sobre el fracaso argentino. La naturaleza puede ofrecerlo todo, pero quienes hacen la Historia son los hombres. Los argentinos, en este caso; y parece que la hemos hecho mal. Parece que la naturaleza lo tenía todo por estas latitudes, pero como no es ella la que hace la Historia sino los hombres, todo se echó a perder, porque por estas latitudes, precisamente, la Historia la ha hecho una muy precisa particularidad de hombres: los argentinos. Quienes, parece, hacen muy mal la Historia. O la hacen en la modalidad de la derrota. ¿O no son los creadores del tango? ¿O no es el tango la canción de la queja? ¿O la queja tanguera no es la queja por haber perdido a la mina? Entonces, si no saben retener a la mina, ¿cómo van a retener a la patria? ¿Cómo no habrían de perderla, de extraviarla? ¿Cómo no habrían de vivir llorándola ante la imposibilidad de reconquistarla? ¿Cómo, hartos ya de llorarla, de quejarse, no habrían de iniciar por fin un desplazamiento feroz, un movimiento lacerante que lleva de la queja al cinismo, del llanto al sarcasmo, del orgullo y la petulancia a la autodenigración más profunda?
No hace mucho leí una frase de Carlos Fuentes, una pregunta adolorida: ¿Qué han hecho los argentinos con su país?".
Sin embargo, todo podría reducirse a un chiste fundacional cuyo análisis no vamos a evitar aquí porque se verá que el análisis de los chistes es una constante de estos textos. Dios, exultante, le dice a San Pedro: ?Allá, en el Sur bien abajo, voy a crear un país maravilloso. Nada habrá de faltarle. Tendrá llanuras, bosques, montañas, minerales, ganado, climas benignos, mar generoso, petróleo abundante. Oh, sí; nada le faltará?. San Pedro, preocupado, se anima a decirle al buen Dios: ?Pero, Señor, ese país será demasiado poderoso, nada podrá detenerlo, ¡dominará al mundo! ?Dios se encoge de hombros, chasquea su divina lengua y, calmándolo, le dice a Pedro: ?No te preocupes: lo voy a llenar de argentinos?.
Se trata de un chiste humanista: la historia la hacen los hombres, no la naturaleza. Sartre, en la Crítica de la razón dialéctica, escribió muchas de sus mejores páginas refutando a un dinosaurio positivista que Engels escribió en el siglo XIX y llamó Dialéctica de la naturaleza. Básicamente Engels decía que la dialéctica se originaba en la naturaleza y que la dialéctica histórica era un reflejo de ella, que era la fundante. Sartre -el último gran humanista- dice no, la dialéctica existe porque existe la Historia, porque la Historia es obra de los hombres y la praxis humana es dialéctica. De aquí el humanismo del chiste sobre el fracaso argentino. La naturaleza puede ofrecerlo todo, pero quienes hacen la Historia son los hombres. Los argentinos, en este caso; y parece que la hemos hecho mal. Parece que la naturaleza lo tenía todo por estas latitudes, pero como no es ella la que hace la Historia sino los hombres, todo se echó a perder, porque por estas latitudes, precisamente, la Historia la ha hecho una muy precisa particularidad de hombres: los argentinos. Quienes, parece, hacen muy mal la Historia. O la hacen en la modalidad de la derrota. ¿O no son los creadores del tango? ¿O no es el tango la canción de la queja? ¿O la queja tanguera no es la queja por haber perdido a la mina? Entonces, si no saben retener a la mina, ¿cómo van a retener a la patria? ¿Cómo no habrían de perderla, de extraviarla? ¿Cómo no habrían de vivir llorándola ante la imposibilidad de reconquistarla? ¿Cómo, hartos ya de llorarla, de quejarse, no habrían de iniciar por fin un desplazamiento feroz, un movimiento lacerante que lleva de la queja al cinismo, del llanto al sarcasmo, del orgullo y la petulancia a la autodenigración más profunda?
No hace mucho leí una frase de Carlos Fuentes, una pregunta adolorida: ¿Qué han hecho los argentinos con su país?".
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