Las corrientes de agua dificultan las tareas en la parte profunda

La base del espejo de agua presenta irregularidades, ya que se trata de un terreno rocoso, cruzado por ríos y rodeado de sierras, dicen expertos.

30 Agosto 2006
Tratar de encontrar algo en el fondo de El Cadillal implica enfrentar numerosos inconvenientes, como la baja temperatura y la turbiedad del agua; la extensión del embalse o las irregularidades del fondo.
Sucede que antes de la construcción del dique Celestino Gelsi (entre 1962 y 1966), era un terreno con base de rocas sedimentarias, cruzado por ríos y rodeado por las sierras de Medina.
Ubicado 26 kilómetros al norte de la capital, el embalse ocupa una superficie de 1.360 hectáreas. Tiene 11 kilómetros de largo y 4 de ancho. La profundidad máxima, según información de la comuna de El Cadillal, alcanza los 65 metros.  
“Al dique ingresan las aguas de los ríos Tapia, Tala e India Muerta. Esto, asociado al movimiento del agua producido por las turbinas, forma corrientes subacuáticas. No hay, en cambio, corrientes en superficie, excepto la provocada por el viento”, se menciona en el sitio oficial en internet de la Secretaría de Turismo de la Provincia.
La toma de agua que abastece a la capital tucumana y a sus alrededores tiene un vertedero que marca la cota máxima del lago; parece un gran embudo, y su abertura superior mide unos 15 metros de diámetro. A media altura posee una compuerta, por donde entra el agua cuando el nivel del embalse está bajo y no alcanza la boca del vertedero; es lo que ocurre en épocas de sequía, como la actual .
“El embudo en estos días parece un pozo vacío. Si alguien arrojara un objeto grande, se vería desde el borde. Además, en esa zona hay vigilancia permanente, por lo que es difícil que una o más personas hayan ingresado al lugar sin ser vistas”, informaron voceros de la Sociedad Aguas del Tucumán, gerenciadora de la producción de agua potable.