Cuatro buzos rastrean en el fondo del dique

Los socorristas empezaron a recorrer los sectores del lago a los que se puede llegar con un automóvil, ya que no tienen certezas. El trabajo se hace metro por metro y se utiliza el tacto, ya que la visibilidad es muy baja ante la gran cantidad de sedimentos que hay en la profundidad.

BAJO EL AGUA. Los socorristas, una vez que se sumergen, no ven casi nada. En el fondo hay algas y barro que dificultan la tarea de búsqueda. LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO
BAJO EL AGUA. Los socorristas, una vez que se sumergen, no ven casi nada. En el fondo hay algas y barro que dificultan la tarea de búsqueda. LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO
30 Agosto 2006
En medio de la oscuridad, van tocando metro a metro el fondo de El Cadillal en búsqueda de algún indicio que pueda servir para esclarecer la desaparición de la docente Angela Beatriz Argañaraz. Desde hace una semana, los buzos de la Policía Lacustre realizan un rastrillaje subacuático por distintos sectores del enorme espejo de agua.
El comisario Néstor Osores, que está a cargo del operativo y es jefe de la Lacustre, confirmó que como no tienen ninguna pista sobre dónde realizar la búsqueda, para comenzar eligieron lugares a los que se puede acceder con automóvil. Hasta el momento revisaron las zonas de El Tobogán, El Murallón, El Embudo, Los Pescadores y la Presa 4.
La tarea podría complicarse si encuentran indicios de que el cuerpo de Betty fue arrojado en el interior del lago. Se maneja esa posibilidad desde que se descubrió que Nélida del Valle Fernández (una de las detenidas; la otra es Susana del Carmen Acosta) tenía conocimientos de navegación.

Inconvenientes
"Nos enfrentamos a dos problemas. Primero, la visibilidad es nula, puesto que hay muchos sedimentos y, por otro lado, la temperatura que, al nivel de la superficie es de 6º, en las zonas más profundas puede llegar a estar bajo cero", explicó Osores.
Ayer, el jefe de la Lacustre, la oficial Micaela Carrizo, los sargentos Julio Medina y Nicolás Fernández, el cabo Juan Gómez y el agente Carlos Montenegro se movilizaron en la Presa 4.
El sistema de búsqueda es lento. Uno de los cuatro buzos que participan del rastrillaje, vestido con equipo térmico especial, se sumerge hasta una profundidad de por lo menos 20 metros. Durante unos 25 minutos, como máximo, recorre en línea recta un sector de por lo menos 100 metros. Lo controla un compañero que lo sostiene con una soga. Cuando sale del agua otro buzo hace la misma tarea a unos metros de distancia. El recambio no es inmediato, puesto que deben aguardar que se asienten los sedimentos que removieron durante la búsqueda.
"No hay ninguna linterna que pueda ayudar para buscar en este lago. La visibilidad es nula, porque hay muchos sedimentos dispersos en el agua. Por eso, buscamos tocando el fondo", explicó Osores. Con este trabajo, también se busca remover en la profundidad, ya que si hay algo atrapado, de esta forma podrá salir a la superficie, detalló.
El experto añadió que, por cuestiones de temperatura, la búsqueda sólo se realiza desde las 12 y hasta las 16, que son las horas durante las que más calienta el sol.
"A pesar de que usamos trajes térmicos, el agua helada nos obliga a abandonar la búsqueda a los 20 o 25 minutos. Si bien es cierto que cada cuerpo es diferente, uno debe salir del agua cuando comienza a sentir cosquilleos en las puntas de los dedos y en los labios", concluyó.