Fue un alumbramiento con forceps. El gobernador Julio Miranda parió su nuevo gabinete en medio de la tormenta económica, social y política. Nace con un plan de emergencia bajo el brazo, que contempla ajustes en el Estado.
Su primer llanto será para que la Nación atienda la demanda de envío de fondos, si bien ese es un lamento permanente. El Gobierno necesita imperiosamente recursos para subsistir. Por eso, la mentada oxigenación en el PE tiene un objetivo: conseguir dinero y producir algún ahorro para atender la planilla salarial.
En ese sentido, pese a las tremendas dificultades que encontró para integrar su equipo -especialmente en Economía-, Miranda se mostró pragmático. Eligió a personas que no irán a ver de qué se trata y que no necesitan de un tiempo para acomodarse. Para los designados, la misión no es desconocida: Osvaldo Jaldo, como titular de la comisión de Hacienda en la Legislatura, manejó los números de la Provincia; Eduardo Jairala -un hombre que cultiva el perfil bajo- estuvo muchos años y durante varias gestiones peronistas como secretario de Hacienda; Olga Morales colaboró con todos los ministros de Educación que pasaron en la era mirandista, y Alberto Leal -intendente de Burruyacu en dos ocasiones- conoce de las necesidades de los municipios y de sus pares.
Benito Garzón -nuevo fiscal de Estado- es el funcionario que menos exposición pública tuvo, pero fue asesor de constituyentes en 1994, personal de gabinete en la actual administración y actuó en la comisión del Partido Justicialista que trabajó en el proyecto de reforma de la Constitución de 1990.
Aunque apurado, en apariencia, Miranda se jugó por gente idónea.
Lamentablemente, la crisis no respeta nuevas caras ni apellidos conocidos.
Al margen, no se puede dejar de considerar que el mandatario terminó recostándose en el menemismo para afianzar su administración y ampliar su base de sustento en el justicialismo. Se asoció con Olijela Rivas -hipermenemista- y se rodeó de prosélitos del riojano -Sisto Terán, Fernando Juri, Jaldo-. Es, precisamente, con quienes se presenta ante Eduardo Duhalde -un enemistado del ex presidente- para pedirle fondos. Toda una contradicción interna. "Es que -Miranda- intuye un acuerdo entre Menem y Duhalde", sugirió un dirigente peronista, tal vez esperanzado en ese pacto aún imposible, o bien dueño de un dato que sólo maneja el titular del Ejecutivo.
Una máxima peronista
Lo cierto es que Miranda armó este gabinete como pudo y que, frente a la situación económica y financiera, no importa si lo hizo por desesperación o por especulación política. La única verdad es la realidad, dice la máxima peronista, que ahora le duele al mirandismo. Si los dineros no aparecen, de nada servirá el intento de remozar el gabinete o los experimentos políticos para seguir sobreviviendo.
Entonces no importarán los nombres sino los números. Si las cifras no cierran, esta gestión estará más próxima a su derrumbe. Para eso no hace falta mucho; con no pagar los sueldos en término es suficiente. Así de poco, y de dramático.





