10 Septiembre 2002 Seguir en 
Hasta hace un mes Osvaldo Jaldo era uno de los hombres a los que se miraba de reojo desde el Poder Ejecutivo. El era uno de los "Charly? s boys" que se encolumnaron detrás de Carlos Menem y desafiaron al gobernador Julio Miranda, quien vestía -y viste, aunque no le sirva de nada- la camiseta del duhaldismo.
Jaldo -entre sus adláteres- llegó a molestarse porque siendo presidente subrogante de la Legislatura no era consultado sobre todos estos movimientos que venía haciendo el Poder Ejecutivo. No obstante, fue llamado de urgencia porque Miranda no tiene a quien poner, pues en realidad nadie está dispuesto a incinerarse, salvo Jaldo.
El nuevo ministro de Economía que jurará esta tarde tiene sobre sus espaldas el mismo desgaste que sus compañeros de la Legislatura por las causas de los gastos de bloque y del pago de supuestas coimas en la Legislatura. Pese a todo, hoy se despojará de sus fueros y se pondrá el traje de bombero porque el de ministro pasará mucho tiempo hasta que pueda lucirlo.
El éxito del tranqueño, que alguna vez fue olijelista y luego mirandista, depende casi exclusivamente de que la Nación cumpla con la deuda que tiene con la provincia. Son 121 millones de pesos que el gobierno de Eduardo Duhalde todavía no le envió. Pero, para cobrarlos -aunque sea a cuentagotas- el ministro deberá cambiar la estrategia política de amiguismo y conciliación que viene ejercitando, sin resultados, el propio gobernador. El cambio de estrategia tal vez sea la primera discusión que tenga con su jefe.
El nombre de Jaldo que, hace más de dos años sonó como sucesor de José "Pibe" Alperovich, volvió a escucharse el domingo por la noche cuando el gobernador y su corte volvieron a reunirse en su despacho de un gran hotel.
Sembrando vientos
Jaldo está dispuesto a inmolarse, pero antes dará pelea. Por eso ayer sus preguntas no se redujeron a saber si llegaría plata. Habría pedido apoyo para abrir varios frentes que seguramente ayudarán a salir de la crisis, pero que provocarán enojos tanto en sectores internos del peronismo como en estamentos poderosos de la sociedad.
Avanzaría con la aplicación del decreto de alícuota cero por el cual muchas empresas que están en condiciones de pagar el impuesto por Ingresos Brutos deberán oblar lo que hasta ahora no aportaban. Si con la sola mención de ese decreto -que nunca se animó a firmar el renunciante Joaquín Ferre- ya pusieron el grito en el cielo algunos empresarios, cuando se firme, la presión será peor.
Paralelamente, tendrá que poner en marcha una reforma de todo el sistema tributario.
El hombre que anoche se acostó siendo legislador y hoy amaneció como ministro también sabe que si se exige un esfuerzo al resto de la sociedad, el Gobierno deberá dar el ejemplo. Para ello tendrá que recortar gastos por todos lados; habrá muchos subsidios a fundaciones políticas que tendrán que desaparecer y asesores que seguramente no hacen falta.
No es la primera vez que Miranda recurre al cambio de hombres para seguir caminando. Hasta ahora sólo se acercó al precipicio. Esta puede ser la última oportunidad para no caerse.
Jaldo -entre sus adláteres- llegó a molestarse porque siendo presidente subrogante de la Legislatura no era consultado sobre todos estos movimientos que venía haciendo el Poder Ejecutivo. No obstante, fue llamado de urgencia porque Miranda no tiene a quien poner, pues en realidad nadie está dispuesto a incinerarse, salvo Jaldo.
El nuevo ministro de Economía que jurará esta tarde tiene sobre sus espaldas el mismo desgaste que sus compañeros de la Legislatura por las causas de los gastos de bloque y del pago de supuestas coimas en la Legislatura. Pese a todo, hoy se despojará de sus fueros y se pondrá el traje de bombero porque el de ministro pasará mucho tiempo hasta que pueda lucirlo.
El éxito del tranqueño, que alguna vez fue olijelista y luego mirandista, depende casi exclusivamente de que la Nación cumpla con la deuda que tiene con la provincia. Son 121 millones de pesos que el gobierno de Eduardo Duhalde todavía no le envió. Pero, para cobrarlos -aunque sea a cuentagotas- el ministro deberá cambiar la estrategia política de amiguismo y conciliación que viene ejercitando, sin resultados, el propio gobernador. El cambio de estrategia tal vez sea la primera discusión que tenga con su jefe.
El nombre de Jaldo que, hace más de dos años sonó como sucesor de José "Pibe" Alperovich, volvió a escucharse el domingo por la noche cuando el gobernador y su corte volvieron a reunirse en su despacho de un gran hotel.
Sembrando vientos
Jaldo está dispuesto a inmolarse, pero antes dará pelea. Por eso ayer sus preguntas no se redujeron a saber si llegaría plata. Habría pedido apoyo para abrir varios frentes que seguramente ayudarán a salir de la crisis, pero que provocarán enojos tanto en sectores internos del peronismo como en estamentos poderosos de la sociedad.
Avanzaría con la aplicación del decreto de alícuota cero por el cual muchas empresas que están en condiciones de pagar el impuesto por Ingresos Brutos deberán oblar lo que hasta ahora no aportaban. Si con la sola mención de ese decreto -que nunca se animó a firmar el renunciante Joaquín Ferre- ya pusieron el grito en el cielo algunos empresarios, cuando se firme, la presión será peor.
Paralelamente, tendrá que poner en marcha una reforma de todo el sistema tributario.
El hombre que anoche se acostó siendo legislador y hoy amaneció como ministro también sabe que si se exige un esfuerzo al resto de la sociedad, el Gobierno deberá dar el ejemplo. Para ello tendrá que recortar gastos por todos lados; habrá muchos subsidios a fundaciones políticas que tendrán que desaparecer y asesores que seguramente no hacen falta.
No es la primera vez que Miranda recurre al cambio de hombres para seguir caminando. Hasta ahora sólo se acercó al precipicio. Esta puede ser la última oportunidad para no caerse.
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