"Nadie quiere hacerse cargo"

El PE debe gobernar para todos los tucumanos.

10 Septiembre 2002
Cualquier emprendimiento colectivo necesita un objetivo, un plan y un conductor para funcionar y para poder llegar a la meta. Por ejemplo, la Filarmónica de Berlín no podrá interpretar una sinfonía de Beethoven si los músicos no tienen la partitura enfrente ni un director que sepa ensamblar los distintos instrumentos y los haga sonar con armonía. Los músicos podrán ser individualmente excelentes pero, si carecen de los elementos fundamentales, fracasarán en la producción conjunta y desafinarán a más no poder hasta el punto que espantarán a cualquier público. Lo mismo sucederá si un gobierno (comunal, municipal, provincial, nacional) carece de un plan y de un director que tenga la sabiduría de armonizar el trabajo de sus funcionarios y de las distintas áreas.
En casi tres años de gestión, el Gobierno provincial ha cambiado en tres oportunidades su gabinete. Lejos de mejorar el destino de los tucumanos con las nuevas figuras, todo fue empeorando hasta llegar a instancias graves y dramáticas en todos los aspectos de la realidad. Como si fuera un estigma de los argentinos y de los tucumanos, se promete una cosa para llegar al poder y, una vez allí, se hace todo lo contrario.
El prometido achicamiento del Estado nunca se llevó a cabo; es más, se siguió con la política de nombrar a asesores innecesarios con jugosos sueldos y se contrató a personal en todos los organismos públicos. Se prometió inicialmente retirar la moneda espuria. Sin embargo, se emitieron 168 millones en Bonos de Cancelación de Deudas hasta asfixiar la plaza financiera y golpear el bolsillo de los asalariados por el constante desagio de estos papeles, que han perdido vertiginosamente credibilidad.
La deuda de $ 1.200 millones se disparó a más de $ 2.600 millones en menos de tres años. Si bien la devaluación aportó su grano de arena, no es menos cierto que nunca se logró cortar con la relación de mendicidad con el Gobierno nacional y con otros organismos financieros porque, en lugar de achicarse y de generar ahorro, se hizo todo lo contrario.
Se prometió garantizar, por lo menos, 200 días de clases pero, en lo que va de 2002 ya hubo 80 días de paro y amenazan con ser más. El sistema sanitario está en la agonía y, si aún sobrevive, es por la labor abnegada del personal hospitalario y por el tesón de quienes conducen el área de Salud. Los comedores escolares y comunitarios están cada vez más abarrotados y se ven desbordados. La desocupación cunde; las protestas de distintos sectores sociales son diarias; los cortes de rutas se han hecho una costumbre; no hay respuestas para sofocar la delincuencia y la inseguridad crecientes.
Mientras el caos nos invade, ignorando su ineptitud en casi todos los frentes y desoyendo el clamor de la comunidad, el Gobierno provincial sólo piensa en cómo ganar las próximas elecciones -¿para qué?- y hace alianzas partidarias para repartirse lo que queda del poder; una Legislatura desprestigiada que no cumple con su misión y que no se ha despojado de sus privilegios. En un municipio quebrado, el flamante intendente anuncia que eliminará apenas el 40% del personal político, y sigue pidiendo dinero que luego hay que devolver, mientras los trabajadores municipales prosiguen de paro y la ciudad carece de servicios.
La frase "nadie quiere hacerse cargo" resume la ausencia de responsabilidad de quienes han sido elegidos para gobernar. Siempre la culpa la tienen los otros: la Nación, que no envía el dinero; la pesada herencia del antecesor; los fiscales que "persiguen" a los sospechosos de cohecho, etc.
La actual gestión tiene la obligación de hacerse cargo del drama provincial y gobernar para todos los tucumanos, antes de que el estallido social nos lance definitivamente al abismo. Sin objetivos ni un plan y sin conductor sólo se llega a la anarquía.

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