En la década del 70, un energizante llamado "Panclar" promocionaba su efectividad para terminar con el cansancio con un eslogan rotundo: "no enmascara la fatiga". Por esas cosas que tienen la semántica y la política, la renovación de gabinete que ha encarado el Gobierno provincial puede definirse con esas mismas cuatro palabras de la publicidad, pero en un sentido diametralmente opuesto. Julio Miranda no encuentra cómo maquillar su extenuada gestión. Y lo que ha surgido del propio hecho de recambiar funcionarios, muestra que su administración está agotada. Esta jugada, en definitiva, no enmascara su fatiga.
Cuando en mayo el mandatario cambió fichas en el Poder Ejecutivo, los hombres del entorno libraban feroces peleas por conseguir ser designados. Cuatro meses de desgobierno después, nadie quiere subirse al tren.
La real falta de convocatoria del titular del PE ha quedado al desnudo. Siendo incluso el presidente del PJ, no cuenta ni siquiera con una reserva de suplentes a su lado que quieran sumarse a su equipo. Lo que ocurre, también, es que no hay quien quiera arriesgar su propio pellejo por un gobernante que no se jugó por nadie.
En este cuadro, un allegado de José Carbonell señala que el ex senador tenía asumido que no tenía nada que aportar a esta gestión, que en lugar de aportarle algo a él, lo único que hizo fue jugarle deslealmente. El año pasado, Miranda, prefirió darle a José Alperovich la candidatura por la senaduría.
Precisamente, la exigencia de Carbonell de que le garanticen recursos, demuestra que sólo ocuparía el Ministerio de Economía por propia conveniencia electoral, antes que por darle una mano al gobernador.
Con el resto de los candidatos a esa cartera pasa lo mismo. Como en el caso del reticente Paulino Ríos, que también acompaña los trámites en Buenos Aires, pero no da el sí para ocupar la acéfala cartera económica.
La propia debilidad
En su desesperación, el Gobierno -según una fuente que abandona el Poder Ejecutivo- jugó todas sus fichas para conseguir una medida extrema: el corralito tucumano. La idea es entregar, a cambio de los casi $60 millones en Bocade atascados en las operatorias de canje, títulos con garantía de la Nación. Así, patearía para adelante ese pasivo y destinaría los recursos que lleguen a pagar salarios.
Pero al Poder Ejecutivo no le fue bien en Buenos Aires, durante la semana que pasó, con esta propuesta, sobre la que insistiría por estos días. Porque, como le dijeron a Miranda, para salir de este atolladero, algún bolsillo tiene que sangrar. Ya se sabe los de quienes eligió sacrificar el gobernador.
Los problemas del mirandismo para encontrar un ministro de Economía, tal como lo reconoce un legislador que es toda una autoridad en la Cámara, evidencian también la falta de cuadros técnicos en el PJ local.
Justamente, lo que no dice el mirandismo de la renuncia de Joaquín Ferre, y que es lo que más lo afecta, es que con él se fue todo el equipo de Economía. En los hechos, el único que tuvo Miranda. El que conformó Alperovich. Y el que, seguramente, también Alperovich desbarató con una orden. Por ello, el Gobierno, más que un ministro, necesita un funcionario que le organice desde cero un área neurálgica de la administración.
La importancia que el actual senador sigue demostrando tener para construir o destruir dentro del endeble mirandismo es lo que, según los legisladores menemistas, sigue colocándolo como el seguro futuro candidato a gobernador. Sobre todo porque, a la par, la impericia del PE hizo que la crisis de gobernabilidad que suelen experimentar las gestiones en los últimos seis meses, aparezca un año y medio antes de terminar esta gestión.
Al PJ tucumano, desde el advenimiento de la democracia, lo único que le viene importando es ganar, como sintetiza otro encumbrado peronista. Gobernar, está a la vista, siempre es secundario. Por ello, sin importar lo más o menos radical que haya sido el ex ministro, si con él puede triunfarse en las urnas, el peronismo arremeterá. Total, su historial tucumano en materia de tragar sapos está lejos de quedar cerrado.
Del otro extremo, el gobernador se cansó de deshojar la margarita justicialista en busca de un sucesor. La última decepción, confirman desde su entorno, fue el ministro de Gobierno Fernando Juri. "No se bancó ni el primer chirlo con la causa -judicial- del Posoco, y se mandó a guardar. Julio lo vio tiernito y hubo que desecharlo nomás, a pesar de que era su niño mimado. Todavía le falta", recita un colaborador cercano.
La gestión está agobiada por la realidad que construyó. Esa fatiga gubernamental sólo se combate con fortaleza política. Pero para esa insuficiencia no hay medicación. Nunca hubo un caramelo para la sed.





