09 Septiembre 2002 Seguir en 
Buenos Aires.- La muerte desembarcó con todo su poderío el 11 de setiembre de 2001 y, tras su estela de sangre, quedaron no sólo las más de 3.000 víctimas, sino también una profunda herida de horror, miedo y miserias humanas, que aún no cierra en la sociedad estadounidense.
En los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York -el símbolo del poderío económico de Estados Unidos-, murieron unas 2.800 personas, incluyendo a 343 bomberos y a los 157 pasajeros de los dos aviones secuestrados. Sin embargo, según datos de la Cruz Roja y de la alcaldía de Nueva York, sólo 1.215 de las víctimas en el World Trade Center fueron identificadas, y ahora sólo quedan en distintas morgues de la ciudad restos humanos calcinados a la espera de exámenes de ADN, para determinar a quién pertenecieron.
Otras 189 personas murieron en el ataque contra el Pentágono, incluyendo a los 64 pasajeros del avión estrellado contra la sede del poder militar estadounidense. A ellos se suman los 44 pasajeros que murieron al estrellarse en Pennsylvania el cuarto avión secuestrado.
Junto con las Torres Gemelas también se derrumbó la sensación de invulnerabilidad de Estados Unidos en su propio territorio. Además de las víctimas, los estadounidenses pagaron tras los ataques un precio elevado por la guerra, avalado en silencio por una oposición demócrata, acorralada por el aura que logró imponer a su alrededor el presidente George W. Bush al autoerigirse como líder de la lucha mundial contra el terrorismo.
Restricciones
En su afán de procurar protección y seguridad, el país de las oportunidades y libertades ilimitadas impuso duras restricciones: más controles, más vigilancia, más prohibiciones y, sobre todo, más detenciones de inmigrantes, muchos de los cuales llegaron encandilados por el "faro de la libertad" estadounidense.
Según datos no oficiales, unas 1.200 personas están detenidas por los atentados; muchas de ellas, sin cargos oficiales ni asistencia jurídica, lo que viola derechos consagrados por la propia Constitución norteamericana.
Luego del impacto de los ataques comenzó otra terrible tarea: la de poner un valor a los muertos, en lo referido a indemnizaciones, seguros y otras compensaciones.
La administración Bush creó para esta instancia un fondo de compensaciones, encabezado por Kenneth Feinberg. Hasta el pasado 20 de agosto se sometieron menos de 700 reclamos y se otorgaron sólo 25 indemnizaciones de entre 300.000 y 3 millones de dólares. La falta de planteos obedecería a la complejidad del proceso y a que quienes cobran deben renunciar a demandas judiciales. (TELAM)
En los ataques contra las Torres Gemelas de Nueva York -el símbolo del poderío económico de Estados Unidos-, murieron unas 2.800 personas, incluyendo a 343 bomberos y a los 157 pasajeros de los dos aviones secuestrados. Sin embargo, según datos de la Cruz Roja y de la alcaldía de Nueva York, sólo 1.215 de las víctimas en el World Trade Center fueron identificadas, y ahora sólo quedan en distintas morgues de la ciudad restos humanos calcinados a la espera de exámenes de ADN, para determinar a quién pertenecieron.
Otras 189 personas murieron en el ataque contra el Pentágono, incluyendo a los 64 pasajeros del avión estrellado contra la sede del poder militar estadounidense. A ellos se suman los 44 pasajeros que murieron al estrellarse en Pennsylvania el cuarto avión secuestrado.
Junto con las Torres Gemelas también se derrumbó la sensación de invulnerabilidad de Estados Unidos en su propio territorio. Además de las víctimas, los estadounidenses pagaron tras los ataques un precio elevado por la guerra, avalado en silencio por una oposición demócrata, acorralada por el aura que logró imponer a su alrededor el presidente George W. Bush al autoerigirse como líder de la lucha mundial contra el terrorismo.
Restricciones
En su afán de procurar protección y seguridad, el país de las oportunidades y libertades ilimitadas impuso duras restricciones: más controles, más vigilancia, más prohibiciones y, sobre todo, más detenciones de inmigrantes, muchos de los cuales llegaron encandilados por el "faro de la libertad" estadounidense.
Según datos no oficiales, unas 1.200 personas están detenidas por los atentados; muchas de ellas, sin cargos oficiales ni asistencia jurídica, lo que viola derechos consagrados por la propia Constitución norteamericana.
Luego del impacto de los ataques comenzó otra terrible tarea: la de poner un valor a los muertos, en lo referido a indemnizaciones, seguros y otras compensaciones.
La administración Bush creó para esta instancia un fondo de compensaciones, encabezado por Kenneth Feinberg. Hasta el pasado 20 de agosto se sometieron menos de 700 reclamos y se otorgaron sólo 25 indemnizaciones de entre 300.000 y 3 millones de dólares. La falta de planteos obedecería a la complejidad del proceso y a que quienes cobran deben renunciar a demandas judiciales. (TELAM)







