La Argentina dejó un mártir entre los escombros

En Nueva York, el padre del paramédico Mario Santoro rememoró los últimos momentos de su hijo. "Ese día estaba de franco", relató.

09 Septiembre 2002
Buenos Aires.- "La gente se humanizó más. Es terrible que tuviera que pasar lo que pasó, pero desde entonces noto que Nueva York, además de estar más triste, se volvió más solidaria", fue una de las primeras reflexiones que dejó escapar Alberto Santoro, padre de Mario, una de las cuatro víctimas argentinas del atentado.
Desde su casa en el barrio de Forest Hill, en Nueva York, Santoro recordó a su hijo, que se inmoló tratando de salvar vidas ajenas.
"Mario era paramédico; ese día estaba de franco y supuestamente iba a venir a cenar a casa. Le había pedido a mi esposa que le preparara milanesas a caballo. Sin embargo, al escuchar la primera explosión y ver lo que sucedía, se ofreció para colaborar. Mario llegó al lugar y junto a su grupo de bomberos lo mandaron abajo. Cuando cayó la primera torre quedó incomunicado con sus superiores. Poco después se derrumbó la segunda torre y ya no supimos más de él", relató Santoro.
El cuerpo de Mario fue hallado el 26 de diciembre, por un grupo de socorristas entre los que se encontraba su amigo y cuñado Peter Simon, de Asuntos Internos de la Policía. "El cuerpo de mi hijo estaba sobre una camilla, en posición de atender a una mujer herida", recordó Alberto. (TELAM)

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