Nuestro capital de inteligencia

Un logro científico que muestra otra visión del país.

09 Septiembre 2002
Ocupó recientemente la primera plana de la prensa nacional la información sobre un revolucionario invento argentino último. Se trata de los "stents" (nombre dado a las diminutas mallas metálicas para mantener abiertas las arterias) para uso intracraneal, diseñados por un equipo de médicos que dirige el neurocirujano Pedro Lylyk, en Buenos Aires. Con estos artefactos, la mortalidad de un aneurisma cerebral sangrante, que ocurre en el 70% de los casos, puede reducirse a un 10%.
Ello además del amplio campo de aplicación que se abre en diversos otros tipos de problemas que atañen al cerebro.El caso merece algunas reflexiones, no por conocidas menos necesarias de una periódica reiteración. Los "stents" intracraneales nos están mostrando, en primer lugar, que aun en medio de la tremenda crisis económica y social que castiga a nuestra república, hay en su territorio quienes no han detenido la tarea de ejercitar a fondo el conocimiento.
Es la gente que, frente a las desventajosas condiciones del país, no ha reaccionado gestionando un pasaporte para emigrar a otras tierras, sino que ha optado por permanecer y trabajar en la suya, resistiendo a la desesperanza y rehusando el camino paralizante de la queja y de la duda.
Es imaginable que tal actitud les ha demandado sacrificios, porque así lo marca la situación nacional de este momento en todos los aspectos, y mucho más en los atinentes a la investigación científica. Pero han logrado vencerlos obteniendo resultados como el que exponemos más arriba.
Sus ensayos iniciales -según narraron- ya habían llamado la atención de la comunidad médica internacional, en congresos de la especialidad.
Al mismo tiempo, el logro del equipo que dirige el doctor Lylyk está mostrando la capacidad que tienen nuestros hombres de ciencia.
No es, por cierto, la primera vez que lo demuestran, si pensamos que la Argentina es el único país latinoamericano que ha obtenido tres premios Nobel en disciplinas científicas. Hay entre nosotros la suficiente cantidad de "capital cerebral". En los más importantes centros de ciencia del mundo han sido siempre bienvenidos los expertos argentinos. A pesar de haberse formado en un ambiente crónicamente aquejado por dificultades y por las intermitencias del apoyo oficial a sus tareas, han evidenciado que capacidad es lo que les sobra.
En los tiempos difíciles que vivimos, el resultado brillante obtenido por los médicos del Equipo de Neurocirugía Endovascular y Radiología Intervencionista debe enorgullecernos a todos, por supuesto. Pero, al mismo tiempo, debe servir para alentar la esperanza de que nos aguardan tiempos mejores detrás de la nada estimulante actualidad.
Más allá de nuestra crisis y de sus dramáticas secuelas, está claro que tenemos el capital humano necesario para abrirnos paso en los ámbitos más exigentes de la tarea científica.
Si fuimos, en una etapa dada, uno de los países más prósperos y culturizados del mundo, no estamos desprovistos de las herramientas necesarias para volver a ocupar ese lugar.Debemos intentarlo. Como escribió Abel Posse, "no podemos ser la generación de la entrega y de la derrota".
Hay que creer que la Argentina, por encima de su drama actual, "está intacta en su voluntad de vivir, en su energía creadora, en su geografía de dones y riquezas, en su espacio de fraternidad sudamericana. No estamos arrasados como Berlín en 1946, ni ocupados como Japón en la misma época". Lo que hace falta es recuperar la fe y la confianza nacionales, que están rotas en la actualidad.
Es, a no dudarlo, la gran tarea que aguarda a todos.

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