La crisis aviva las divisiones

La certeza de que el cuadro social empeorará y la ausencia de un salvamento especial por la Casa Rosada complican a Miranda y a Rivas.

08 Septiembre 2002
La situación no cesa de agravarse en una provincia castigada por la superposición de las crisis política y financiera. Una combinación que es explosiva para la supervivencia de la sociedad.
El Gobierno federal pelea su estabilidad día por día, mientras los diferimientos de deuda con los organismos internacionales de crédito parecen logros, aunque sólo trasladan la carga para la próxima administración.
Las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) no cristalizan en acuerdo alguno, con proyecciones inquietantes para el futuro.
Ese horizonte de indefiniciones suscita reflexiones diversas. Para algunos, Brasil es el espejo al que deben mirar los políticos argentinos. En ese país, los candidatos presidenciales pactaron respetar reglas de política económica bajo el paraguas fondomonetarista. Otros, en cambio, piensan que, a pesar de las desavenencias con el FMI, algunos sectores de la economía salen de su letargo. El repunte de la industria textil tucumana les sirve de ejemplo.
Mientras discurren esas cavilaciones académicas con implicancias políticas, la ausencia de un arreglo con el FMI no alivia la situación de las provincias.

Nervios y reproches
En el partido oficialista la discusión crece. Reservadamente se cuestiona la utilidad política de la alianza que Julio Miranda tejió con la diputada Olijela Rivas.
Si la Casa de Gobierno creyó que con ella iba a afianzar la unidad partidaria para amortiguar los efectos del desbarajuste fiscal, en verdad no consiguió ese resultado. Dentro del PJ se sostiene que muchos oficialistas fueron al acto por no desairar al gobernador, pero con profundas desconfianzas internas.
El fastidio de los mirandistas no estalló aún con virulencia. La vieja guardia se queja de los nuevos creadores de políticas del pacto Miranda-Rivas, por los magros resultados obtenidos.
En la Legislatura, por ejemplo, la recomendación de unificar los dos bloques afines cayó en saco roto. Miranda pidió eso, pero los hechos marcharon en otra dirección, y no se atisban señales de rectificación.La hipotética llegada del ex senador Mario Cristian Saracho a la Secretaría del Interior puso en guardia a los "barones" municipales.
Al diputado Alberto Herrera esa versión lo puso muy nervioso. Finalmente, Saracho quedó en el camino. Alberto Leal es el hombre que irá a aquella función con el beneplácito de los caudillos rurales del mirandismo. En definitiva, es uno de estos.
Hasta anoche, de la tropa de Rivas sólo Benito Garzón recaló en un puesto de poder -la Fiscalía de Estado-.
Las refriegas entre dirigentes territoriales mirandistas y de la diputada no asomaron aún a la superficie, pero la tensión existe. Los camaristas federales Carlos Jiménez Montilla y Ricardo Sanjuán, junto con los funcionarios Fernando Juri, Carlos Cisneros y Ariel Fernández, se han transformado en el blanco de las críticas privadas.
A ellos se los identifica con los vertiginosos cambios que modificaron la sociedad que encumbró a Miranda en el Gobierno. Es el círculo de consulta y de asesoramiento de primer nivel, de Miranda y de Rivas.La franja de disidentes con la conducción del gobernador no se deshizo, sino que siguió adelante con sus planes electorales.
El acercamiento de aquellos políticos profundizó las diferencias en el PJ. "Sólo son dos sectores del peronismo", arguyó Julio Díaz Lozano. "Se fue ella", explican desde el Frente para Todos, donde aún conviven Julio César Aráoz, José Ricardo Falú y Exequiel Avila Gallo.

El sinceramiento
El terremoto financiero puede desestabilizar la precaria coincidencia. La negativa del ex senador José Carbonell a reemplazar a Joaquín Ferre complicó enormemente al Gobierno.
Pocas veces hubo tanta obstinación en aferrar a alguien al Ministerio de Economía, como en el caso de Carbonell. Este era, en realidad, un hombre de consenso para los arquitectos del nuevo eje de poder del peronismo tucumano. La acción psicológica fue intensa, sostenida por versiones contradictorias.
Sin embargo, Carbonell rechazó las presiones. Antes, recorrió pacientemente el Ministerio de Economía de la Nación y se espantó con la frialdad del secretario de Hacienda, Jorge Sarghini. "El panorama es muy negro para setiembre y octubre", deslizó el ex compañero de fórmula de Rivas en las elecciones de 1995.
Durante ese lapso el equipo de Roberto Lavagna cree que podrá destrabar las tratativas con el FMI. Sarghini sugirió que no debía esperarse ninguna disposición de salvamento especial para Tucumán. El enfoque del equipo económico federal se flexibiliza cuando se trata de las necesidades financieras de Buenos Aires, de Santa Fe o de Córdoba.
Tucumán no despierta igual sensibilidad en las esferas supremas de la Casa Rosada. Miranda está rodeado por figuras menemistas de primer orden, entre ellas Rivas y el vicegobernador Sisto Terán.
Con la diputada y con el vicegobernador como ruedas de auxilio, el gobernador no llegó lejos en sus diligencias por la administración nacional. Para los duhaldistas, todo lo que se vincule con Carlos Menem indigesta. Las limitaciones financieras y los caprichos políticos de la Casa Rosada terminan atenazando a la debilitada gestión mirandista.
Carbonell había ideado una batería de medidas para reordenar el Estado y reorganizar la Dirección de Rentas, pero los resultados se notarían dentro de 60 o 70 días. Toda una eternidad. Cuando le dijeron que las aplicara como ministro, respondió que no. La dureza del diagnóstico desalentó a Carbonell.
En su derredor, algunos de sus amigos le recordaron que las prolongadas huelgas de ATEP acabaron con el ministro Próspero Barrionuevo, a pesar de su destreza política.
El recalentamiento del clima social podía terminar con Carbonell en la calle, a causa de los atrasos salariales a los empleados públicos. Las sugerencias de sus asesores robustecieron la opinión que se había formado.
El retiro de Joaquín Ferre colocó otra vez al senador José Alperovich en el ojo de la tormenta. Los radicales, como José Ascárate, apuntan que la hiperemisión de bonos es producto de la gestión de ambos. Desde el PJ advierten que Alperovich tuvo que ver con el crecimiento de la deuda pública de Antonio Bussi y de Miranda. El ruido político sube.

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