08 Septiembre 2002 Seguir en 
BUENOS AIRES.- El Fondo Monetario Internacional (FMI) dio finalmente la prórroga para el pago de U$S2.700 millones que vencía durante setiembre, en medio de un peligroso juego de presiones.
Esa medida no tomó por sorpresa al Gobierno, ya que el ministro de Economía Roberto Lavagna había sido advertido sobre lo que sucedería.Esto implica también la postergación del acuerdo con el Fondo que busca desesperadamente el gobierno.Esa línea se movió una vez más el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Paul O?Neill, quien volvió a descargar críticas hacia la administración de Eduardo Duhalde y toda la dirigencia política de la Argentina.
O?Neill reiteró un discurso ya conocido. Dijo que el plan propuesto por Economía al FMI es insuficiente y pidió un compromiso de la clase política para combatir la corrupción.
Los Estados Unidos y el Fondo quisieran que en la Argentina, tal como ocurrió en el Brasil, la dirigencia política respaldara las negociaciones de un gobierno que finalizará su mandato a fin de año. Pero la Argentina no es Brasil ni sus políticos los nuestros.
La ayuda a Brasil
Esa diferencia quedó muy en claro cuando se destrabó una ayuda de U$S30.000 millones para la convulsionada economía del país vecino.
De todas formas, Fernando Henrique Cardoso sigue comprobando lo traicioneros que suelen ser los hombres del FMI.
Si bien Brasil recibirá inmediatamente U$S3 mil millones y los U$S30.000 millones son el mayor auxilio dado por el FMI a un país, la carta de intención aprobada no es la que se pactó en un principio, ya que contempla mayores y complejos ajustes que afectarán el primer año del próximo gobierno.
Frente a la conocida dureza de O?Neill, de su segundo, John Taylor y del Fondo, Duhalde reaccionó con la intención de restar trascendencia al asunto. "No le prestemos mucha atención" dijo, casi al mismo tiempo en que Lavagna intentó no ?defraudar? a sus interlocutores internacionales.
"No hay demasiadas cosas con las cuales disentir", admitió el ministro de Economía.
Pero Duhalde tiene otros problemas, también importantes, al margen de la dificultosa negociación con el FMI. El frente abierto con la Corte Suprema de Justicia, a raíz del pedido de juicio político en el Congreso, sigue siendo toda una compleja red.
El duhaldismo, en alianza con el menemismo, busca desactivar en la Cámara de Diputados el juicio político a los ministros de la Corte, pero no tiene el quórum suficiente para lograrlo.
Los radicales, algunos peronistas, el ARI y sectores de izquierda quieren ver desfilar a los jueces por el Parlamento.
De todas formas, los 93 diputados reunidos el jueves (74 del justicialismo y 23 provinciales) fueron una clara señal para la Corte de que, por lo menos, quienes desean el juicio político no tendrán poder para lograrlo.
Presión de la Corte
El máximo tribunal de justicia que sacudió al gobierno con su fallo en contra del recorte del 13% en los ingresos de estatales y jubilados, dispuesto en el gobierno de Fernando de la Rúa, tiene ahora en sus manos una trascendental definición sobre la pesificación, que puede llegar a producir el efecto de una bomba en el sistema financiero.
Duhalde y su gabinete se sienten bajo presión de la Corte y algunos de los funcionarios llegan a hablar hasta de una extorsión del Poder Judicial.
Este peligroso triángulo entre los tres poderes de la Argentina, sumado a la falta de un liderazgo político claro entre los precandidatos a presidentes, donde encabeza las encuestas quien proclamó con una sonrisa el ingreso a la cesación de pagos de la deuda (Adolfo Rodríguez Saá), alimenta con creces el clima de desconfianza que existe en los EEUU y el Fondo Monetario.
Para colmo, la continua postergación de pagos de la deuda externa dejará una pesada y compleja herencia al próximo presidente de los argentinos. (DyN)
Esa medida no tomó por sorpresa al Gobierno, ya que el ministro de Economía Roberto Lavagna había sido advertido sobre lo que sucedería.Esto implica también la postergación del acuerdo con el Fondo que busca desesperadamente el gobierno.Esa línea se movió una vez más el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Paul O?Neill, quien volvió a descargar críticas hacia la administración de Eduardo Duhalde y toda la dirigencia política de la Argentina.
O?Neill reiteró un discurso ya conocido. Dijo que el plan propuesto por Economía al FMI es insuficiente y pidió un compromiso de la clase política para combatir la corrupción.
Los Estados Unidos y el Fondo quisieran que en la Argentina, tal como ocurrió en el Brasil, la dirigencia política respaldara las negociaciones de un gobierno que finalizará su mandato a fin de año. Pero la Argentina no es Brasil ni sus políticos los nuestros.
La ayuda a Brasil
Esa diferencia quedó muy en claro cuando se destrabó una ayuda de U$S30.000 millones para la convulsionada economía del país vecino.
De todas formas, Fernando Henrique Cardoso sigue comprobando lo traicioneros que suelen ser los hombres del FMI.
Si bien Brasil recibirá inmediatamente U$S3 mil millones y los U$S30.000 millones son el mayor auxilio dado por el FMI a un país, la carta de intención aprobada no es la que se pactó en un principio, ya que contempla mayores y complejos ajustes que afectarán el primer año del próximo gobierno.
Frente a la conocida dureza de O?Neill, de su segundo, John Taylor y del Fondo, Duhalde reaccionó con la intención de restar trascendencia al asunto. "No le prestemos mucha atención" dijo, casi al mismo tiempo en que Lavagna intentó no ?defraudar? a sus interlocutores internacionales.
"No hay demasiadas cosas con las cuales disentir", admitió el ministro de Economía.
Pero Duhalde tiene otros problemas, también importantes, al margen de la dificultosa negociación con el FMI. El frente abierto con la Corte Suprema de Justicia, a raíz del pedido de juicio político en el Congreso, sigue siendo toda una compleja red.
El duhaldismo, en alianza con el menemismo, busca desactivar en la Cámara de Diputados el juicio político a los ministros de la Corte, pero no tiene el quórum suficiente para lograrlo.
Los radicales, algunos peronistas, el ARI y sectores de izquierda quieren ver desfilar a los jueces por el Parlamento.
De todas formas, los 93 diputados reunidos el jueves (74 del justicialismo y 23 provinciales) fueron una clara señal para la Corte de que, por lo menos, quienes desean el juicio político no tendrán poder para lograrlo.
Presión de la Corte
El máximo tribunal de justicia que sacudió al gobierno con su fallo en contra del recorte del 13% en los ingresos de estatales y jubilados, dispuesto en el gobierno de Fernando de la Rúa, tiene ahora en sus manos una trascendental definición sobre la pesificación, que puede llegar a producir el efecto de una bomba en el sistema financiero.
Duhalde y su gabinete se sienten bajo presión de la Corte y algunos de los funcionarios llegan a hablar hasta de una extorsión del Poder Judicial.
Este peligroso triángulo entre los tres poderes de la Argentina, sumado a la falta de un liderazgo político claro entre los precandidatos a presidentes, donde encabeza las encuestas quien proclamó con una sonrisa el ingreso a la cesación de pagos de la deuda (Adolfo Rodríguez Saá), alimenta con creces el clima de desconfianza que existe en los EEUU y el Fondo Monetario.
Para colmo, la continua postergación de pagos de la deuda externa dejará una pesada y compleja herencia al próximo presidente de los argentinos. (DyN)





