BUENOS AIRES.- La frustrada sesión de Diputados para tratar los proyectos sobre juicio político a la Corte Suprema, además de confirmar un resultado previsible, ha puesto una vez más en evidencia que el justicialismo no atraviesa una etapa rupturista como la aparentada por el ruidoso trámite de su interna. Mucho menos cuando se trata de no dejar en el abismo insuperable a un gobierno propio que, más alla de la difícil relación impuesta por la crisis, debe administrar una alternativa electoral que favorezca al partido. Es por ello que, inteligentemente, la conducción radical ha condicionado su prestación de quórum a las definiciones previas de los precandidatos peronistas sobre el debate en cuestión, donde lo único consistente es que ese juicio al máximo tribunal carece totalmente de andamiento. Mientras esa demostración parlamentaria se consumaba, en la Corte se demostraba otra realidad no menos evidente y que ya se había adelantado aquí: los jueces carecen de intención suficiente para provocar la crisis insuperable del gobierno duhaldista declarando la invalidez constitucional lisa y llana de la pesificación. Inclusive uno de los tres más decididos por votarla -Adolfo Vázquez- no ocultó durante el acuerdo semanal del jueves que el actual momento es el menos indicado políticamente para imponer ese pronunciamiento.
De nuevo, ha llegado otro momento en que la debilidad política del gobierno de transición es su mejor recurso para subsistir pese a las duras disputas que enfrentan a los poderes públicos. Nadie acepta ser responsable de otra explosión institucional cuando el Presidente cuenta con el reaseguro de un calendario electoral a plazo fijo y ni siquiera los promotores del que se vayan todos lo empujan temerariamente. El esfuerzo político de Duhalde no es tanto ahora prometerle al Fondo Monetario lo que no puede darle, sino procurar que Adolfo Rodríguez Saá siga realizando su campaña proselitista dentro del corral partidario, asegurándole un acceso fluido a las decisiones preelectorales del gobierno. Así quedó convenido con el ministro del Interior, Jorge Matzkin, y el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, durante una reunión que el martes último congregó también al senador puntano Oraldo Britos.
Consuelo
El comunicado del directorio del Fondo Monetario a propósito de la negociación con la Argentina ha provocado una de las mayores satisfacciones que el ministro Roberto Lavagna ha tenido desde que conduce el Palacio de Hacienda. Si bien la referencia a la falta de consenso de nuestras dirigencias políticas en un programa sustentable, advirtió sobre el principal problema, también se alude a "la gran estabilidad en los indicadores económicos y financieros lograda recientemente", párrafo que certifica un respaldo notorio al ministro y no menor al titular del Banco Central, Aldo Pignanelli, a pesar de las conocidas diferencias entre ambos. Ambos se han quejado por la reticente difusión de ese aspecto en gran parte de los medios locales.





