30 Julio 2006 Seguir en 
Los objetivos de un actor, un director o de un grupo de teatro, son los que en definitiva marcan el tipo de obra que harán, y cuál es el resultado que espera alcanzar.
"Tratamos, en principio, de tener un mensaje claro y recuperar lo lúdico en nosotros mismos para poder comunicarnos con el niño", señaló Sergio Osorio, responsable del centro de trabajo popular Mate Cocido, del barrio ATE.
Algo similar platea Manuel Garavat, actor y productor teatral. "Nuestra intención es clara: queremos recuperar el gusto por el teatro, la narración, los valores y la lectura; por eso trabajamos con un texto dramático y su paso al texto espectacular, usando mecanismos de la fábula en busca de la identificación del niño, y metiéndolos en una historia donde se lucha por recuperar el símbolo de la libertad", Osorio, quien hace 15 días estrenó con su grupo, en el encuentro de teatro popular Tinku, la obra "Los derechos no son cuentos" (que se repone esta tarde alas 17, en El Piletón, en el parque Avellaneda), considera que la especulación es moneda corriente en las propuestas para niños. "Es muy difícil encontrar espectáculos infantiles que no recurran a este tipo de recursos, como también al de la fácil participación, que ?por dónde salió tal personaje?, o ?¿no vieron quién le pegó??. Son pocos los grupos que buscan darles a sus trabajos un contenido ideológico claro, quizás porque siguen subestimando al niño", conjeturó.
Garavat, en algún punto, coincide. "Hay mucha demagogia y se trata a los chicos como a bobos, y no lo son", aseguró.
Para él, sin embargo, parte del problema surge de las políticas culturales del Estado. Aunque rescata esa especie de subsidio que implica la contratación de obras para que recorran el interior o los barrios (cosa que elogió porque así llegan a gente sin posibilidades de acceder al teatro), señaló que esa situación perjudica a las producciones privadas.
Las obras del grupo Mate Cocido suelen subir a escena en los barrios o en festivales alternativos, y por lo general no cobran entrada (sí pasan la gorra). Por ello, Osorio prefirió no opinar sobre la instalación del "mercado" del teatro para niños. Por su parte, Claudia Balinoti señala que el teatro está contaminado y se repiten los modelos hegemónicos de la cultura: "hay que escaparle por el lado de la poesía", recomendó.
"Tratamos, en principio, de tener un mensaje claro y recuperar lo lúdico en nosotros mismos para poder comunicarnos con el niño", señaló Sergio Osorio, responsable del centro de trabajo popular Mate Cocido, del barrio ATE.
Algo similar platea Manuel Garavat, actor y productor teatral. "Nuestra intención es clara: queremos recuperar el gusto por el teatro, la narración, los valores y la lectura; por eso trabajamos con un texto dramático y su paso al texto espectacular, usando mecanismos de la fábula en busca de la identificación del niño, y metiéndolos en una historia donde se lucha por recuperar el símbolo de la libertad", Osorio, quien hace 15 días estrenó con su grupo, en el encuentro de teatro popular Tinku, la obra "Los derechos no son cuentos" (que se repone esta tarde alas 17, en El Piletón, en el parque Avellaneda), considera que la especulación es moneda corriente en las propuestas para niños. "Es muy difícil encontrar espectáculos infantiles que no recurran a este tipo de recursos, como también al de la fácil participación, que ?por dónde salió tal personaje?, o ?¿no vieron quién le pegó??. Son pocos los grupos que buscan darles a sus trabajos un contenido ideológico claro, quizás porque siguen subestimando al niño", conjeturó.
Garavat, en algún punto, coincide. "Hay mucha demagogia y se trata a los chicos como a bobos, y no lo son", aseguró.
Para él, sin embargo, parte del problema surge de las políticas culturales del Estado. Aunque rescata esa especie de subsidio que implica la contratación de obras para que recorran el interior o los barrios (cosa que elogió porque así llegan a gente sin posibilidades de acceder al teatro), señaló que esa situación perjudica a las producciones privadas.
Las obras del grupo Mate Cocido suelen subir a escena en los barrios o en festivales alternativos, y por lo general no cobran entrada (sí pasan la gorra). Por ello, Osorio prefirió no opinar sobre la instalación del "mercado" del teatro para niños. Por su parte, Claudia Balinoti señala que el teatro está contaminado y se repiten los modelos hegemónicos de la cultura: "hay que escaparle por el lado de la poesía", recomendó.










