Los niños se identifican y participan con facilidad

Distintos directores y productores polemizan sobre el rol que los pequeños deben cumplir durante la puesta de las obras. Para algunos es indispensable; para otros, no se debe abusar de ella. "La comunicación no se tiene que forzar", aconseja Armando Díaz. Un modelo que sigue vigente.

“JAZMIN, EL PATITO FEO”. La conocida historia es retomada por el grupo El Circo, para tratar temas como la discriminación, la diversidad y la igualdad.(ARCHIVO LA GACETA)
“JAZMIN, EL PATITO FEO”. La conocida historia es retomada por el grupo El Circo, para tratar temas como la discriminación, la diversidad y la igualdad.(ARCHIVO LA GACETA)
30 Julio 2006
Uno de los debates más interesantes en el teatro infantil se plantea sobre la participación de los niños en la obra, un aspecto que algunos consideran demagógico y un tanto forzado. Varios expertos la defienden, otros la relativizan y varios la rechazan.
Armando Díaz asegura que la comunicación no debe forzarse. "Los chicos vivencian la obra a través de sus personajes y se transforman en un receptor activo", dice. Tradicionalmente, recuerda Díaz, el modelo esquemático recomendaba la participación, primero mediante el acompañamiento de la música con palmas, gritos, o zapateos; o a través de la respuesta a ciertas preguntas ("¿Cómo están chicos? ....¡Más fuerte!"), pasando por la intervención del espectador en la trama ("Me persigue el lobo, ¿me avisan si viene?"); o directamente cuando el chico sube al escenario, ya sea para bailar o participar de uno u otro modo en la trama. "Este modelo sigue vigente, pero últimamente hay una actitud de rechazo a ella. Creo que la función principal del niño espectador debe ser la de observar, mirar, contemplar los mundos poéticos y dejarse afectar emocional y estética mente por ellos", concluye el director del grupo El Circo.
Benjamín Tannuré, el director de "Las aventuras de Minulín", cree que la participación activa de los niños en las situaciones que se plantean en la obra, y con intervenciones y eventuales resoluciones que de ellas puedan surgir, "estimula al entender el teatro como un juego en que todos participan, tanto actores como público, y les permite transportarse a ese mundo imaginario que puede volverse real frente a sus ojos". Manuel Garavat señala que los niños se identifican y participan con mucha más facilitad que el adulto: "es lindísimo escucharlos gritar y bailar". Por su parte, Sergio Osorio opina que "no es necesario abusar con la participación. Nosotros tratamos de llegar al chico desde otro lugar, sintiéndonos niños primero, y sin tratar de caer en técnicas simples como utilizar voz de niño chico para lograr la comunicación".
Según Carina Frazczak, "la participación es indispensable porque ellos son el nexo con la proyección de los niños de la platea. Están invitando a cumplir los sueños", dijo.

Pensar en los chicos, no en los adultos
"Pensamos en los niños, no en los adultos", sentencia Claudia Balinoti. Directora del grupo marplatense El Galpón de las Artes, tiene más de 10 años llevando el teatro a barrios marginales y educando a docentes y a teatristas en general.
"Opinamos que el teatro es un espacio donde el niño debe reconocerse como un sujeto lúdico, con imaginación y poesía. Precisamente, la poesía es la alternativa a la propuesta consumista, por eso trabajamos con mucho simbolismo y metáforas, para llegar a la sensibilidad de los chicos. Desde este lugar, se puede escapar al lenguaje masticado con significados condicionados por los parámetros del mercado, ya que todo el teatro está influenciado por el consumismo. El signo de la época es la desigualdad: no hay un niño, no hay una infancia, hay distintas infancias. Partiendo de esta realidad es que el teatro puede transformar a los pequeños y convertirlos en sujetos críticos, pero por supuesto, también hay que trabajar con los adultos que acompañan a los chicos en las obras. Siempre debemos preguntarnos para qué hay que acercar a los niños al arte y al juego, en particular", reflexionó Balinoti.