BUENOS AIRES.- El Gobierno no detiene su marcha frente a los contribuyentes, sin distingos, y apunta a subir la presión fiscal con tal de enjuagar sus necesidades electorales, que no son otra cosa que un aumento del gasto público. Sin hacer hincapié en el destino del gasto, queda claro que serán los contribuyentes los que se hagan cargo del mayor gasto y de la pesificación. Sin embargo, y frente a un escenario electoral enrarecido, la tendencia a aumentar el gasto no se detiene, igual que todos los indicadores socio-económicos.
El resultado se hará sentir, sobre el próximo gobierno, sea del color que fuera. A pesar del desahogo en la prórroga del vencimiento de U$S2.700 millones, para 2003, las relaciones de la comunidad financiera mundial transitan por su peor momento. Por enésima vez, el reclamo del secretario del Tesoro, Paul O?Neill, para que se confeccione un plan de acción viable que permita al país insertarse en el circuito internacional de crédito, parece haber caído en saco roto. Pero sorprenden más las respuestas que Buenos Aires envía a Washington. Desde el presidente Duhalde hasta el resto de su elenco el mensaje fue minimizar la posición de superioridad de los países nórdicos o bien la de extrema vulnerabilidad de la Argentina ante su realidad.
Lo curioso es que los funcionarios pregonan una mejoría en la situación, lo que revela una marcada vocación hacia la magia, o al menos a aprender de ella, cual brujos al mejor estilo Harry Potter.
La presión de las provincias por mayor coparticipación también ofrece un costado mágico ya que esos recursos se basan en una nueva confiscación patrimonial a los contribuyentes. Una vez más el engaño pesó y la defraudación pasó a ser moneda corriente. Los títulos públicos, que serían aceptados para el pago de impuestos, fueron depreciados por el Gobierno. Como la defensa a ultranza de la pesificación, otro acto de magia, implica que a futuro el costo será pagado por los contribuyentes. Y magia implica aumentar la desconfianza y ese es el peor camino. (DyN)
06 Septiembre 2002 Seguir en 
Por Miguel Angel Rouco





