25 Julio 2006 Seguir en 
En el mundo se discute sobre si hay un cambio estructural en la economía, causado por el crecimiento de China y de la India, o si se trata sólo de un simple ciclo económico. Desde 2002, la economía viene creciendo con fuerza y quizás sea la situación más favorable desde 1958. Ese escenario fue planteado ayer por el economista tucumano Ricardo Arriazu, quien expuso sobre "Las perspectivas de la economía mundial y su impacto en la Argentina", un ciclo organizado por la Fundación del Tucumán. En una entrevista con LA GACETA, el experto dijo que el país está muy influenciado por lo que pasa con la economía mundial.
-¿Cuáles son las perspectivas para la economía argentina?
-Para el país es fundamental contestar correctamente la pregunta sobre si estamos frente a un cambio estructural o frente a un ciclo. Si es estructural, puedo gastar con cierta libertad, porque voy a ser más rico. Si el cambio es temporal, tengo que ahorrar en estos momentos buenos para afrontar los malos. Y en la discusión abierta en el mundo, creo que estamos frente a un cambio cíclico, que requiere extrema prudencia.
-Se dice que la Argentina está creciendo a tasas chinas...
-En los últimos tres años, el país ha crecido a un promedio del 9% anual, tasa ligeramente inferior, pero tasa china al fin. La gran pregunta que debe hacerse es si crecimos por mérito propio o por la situación internacional; en esta última alternativa, cabe preguntarse también si es permanente o temporal. Si es permanente, bienvenido sea; si es temporal, debemos ser muy cuidadosos.
-¿Seguirá creciendo la economía del país al mismo ritmo?
-En la Argentina tendemos siempre a decir que cuando andamos bien, todo mérito es nuestro, y cuando andamos mal, el desmérito también, y no es tan así. Si suben los precios externos se es más rico, y si bajan, más pobre. Si salen capitales hay menos plata para gastar; y si entran, es a la inversa. Gran parte de lo que pasó en el país, diría más del 100%, se debe a la situación internacional, pero no es un desmérito. En realidad lo que hay que hacer cuando hay ciclos tan favorables es tener una política interna restrictiva, de tal modo que cuando vengan los momentos malos puedan usarse los recursos que ahorré para hacerles frente.
-¿Tanto en el sector público como en el privado?
-Todo es como una gran familia. Si se tienen ingresos fluctuantes, qué pasa si en los momentos buenos se gasta todo el dinero. Se pide prestado, como hizo generalmente el país. Pero esta vez hay una diferencia: las políticas fiscal y monetaria fueron prudentes y eso atemperó el crecimiento.
-¿Qué sucederá si no hay inversiones, porque en muchos sectores de la economía se está agotando la capacidad ociosa?
-La situación de la Argentina es muy parecida a la de Estados Unidos, pero a diferente escala. La demanda estuvo creciendo más que la capacidad productiva, y en ambos casos, porque se invierte poco. Una vez que se agota esa capacidad productiva, si no se restringe la demanda o no se dan incentivos para que crezca, se generan problemas de déficit externo e inflacionarios. La Argentina enfrenta el mismo problema que EE UU. La solución ideal es hacer crecer la inversión, pero para que esto sea posible hay que dar incentivos y señales claras para que la gente quiera invertir.
-¿Cuáles son las perspectivas para la economía argentina?
-Para el país es fundamental contestar correctamente la pregunta sobre si estamos frente a un cambio estructural o frente a un ciclo. Si es estructural, puedo gastar con cierta libertad, porque voy a ser más rico. Si el cambio es temporal, tengo que ahorrar en estos momentos buenos para afrontar los malos. Y en la discusión abierta en el mundo, creo que estamos frente a un cambio cíclico, que requiere extrema prudencia.
-Se dice que la Argentina está creciendo a tasas chinas...
-En los últimos tres años, el país ha crecido a un promedio del 9% anual, tasa ligeramente inferior, pero tasa china al fin. La gran pregunta que debe hacerse es si crecimos por mérito propio o por la situación internacional; en esta última alternativa, cabe preguntarse también si es permanente o temporal. Si es permanente, bienvenido sea; si es temporal, debemos ser muy cuidadosos.
-¿Seguirá creciendo la economía del país al mismo ritmo?
-En la Argentina tendemos siempre a decir que cuando andamos bien, todo mérito es nuestro, y cuando andamos mal, el desmérito también, y no es tan así. Si suben los precios externos se es más rico, y si bajan, más pobre. Si salen capitales hay menos plata para gastar; y si entran, es a la inversa. Gran parte de lo que pasó en el país, diría más del 100%, se debe a la situación internacional, pero no es un desmérito. En realidad lo que hay que hacer cuando hay ciclos tan favorables es tener una política interna restrictiva, de tal modo que cuando vengan los momentos malos puedan usarse los recursos que ahorré para hacerles frente.
-¿Tanto en el sector público como en el privado?
-Todo es como una gran familia. Si se tienen ingresos fluctuantes, qué pasa si en los momentos buenos se gasta todo el dinero. Se pide prestado, como hizo generalmente el país. Pero esta vez hay una diferencia: las políticas fiscal y monetaria fueron prudentes y eso atemperó el crecimiento.
-¿Qué sucederá si no hay inversiones, porque en muchos sectores de la economía se está agotando la capacidad ociosa?
-La situación de la Argentina es muy parecida a la de Estados Unidos, pero a diferente escala. La demanda estuvo creciendo más que la capacidad productiva, y en ambos casos, porque se invierte poco. Una vez que se agota esa capacidad productiva, si no se restringe la demanda o no se dan incentivos para que crezca, se generan problemas de déficit externo e inflacionarios. La Argentina enfrenta el mismo problema que EE UU. La solución ideal es hacer crecer la inversión, pero para que esto sea posible hay que dar incentivos y señales claras para que la gente quiera invertir.







