La crisis política estalló en medio de la crisis financiera provincial. El gobernador Julio Miranda ha puesto en disponibilidad a todo el elenco ministerial y de colaboradores de menor rango, al pedirles las renuncias.
La sociedad entre Miranda y la diputada Olijela Rivas disparó una ola masiva de renuncias. Al mismo tiempo, sumió en estado deliberativo a la tropa adicta al jefe de Estado. Hay mar de fondo, pero la suma de crisis exige decisiones rápidas.
Los reacomodamientos resultan lógicos ante el nuevo esquema de reparto del poder. Sin embargo, en las filas mirandistas creció el malestar ante el peligro de un desalojo masivo de funcionarios. Temen ser los patos de la boda, tras haber pagado los costos de ser oficialistas leales.
La hipotética designación de Mario Cristian Saracho en la Secretaría del Interior alarmó a la liga de intendentes. El ex senador conoce a fondo el paño y los manejos de los políticos que administran las municipalidades.
Raúl Hadla se fue sin pena ni gloria de esa estratégica palanca de poder, pero dejó un vacío que podría ser llenado por alguien fiel a la diputada, como Saracho. Los jefes municipales quieren ser escuchados a la hora del nombramiento del nuevo funcionario.
En cambio, el ex senador José Carbonell representa un punto de equilibrio entre Miranda y Rivas. La cartera de Economía lo espera tras el agotamiento del crédito de Joaquín Ferre, a quien se hostiga por ser hechura del senador José Alperovich.
Alrededor de Carbonell se aseguraba anoche que aún no había aceptado el ministerio, porque el panorama financiero se complica día a día. No obstante, algunos confían en que finalmente dará el sí ansiado por la ortodoxia peronista.La única certeza es que setiembre será caótico. La respuesta de la Nación a los gobernadores les alteró los nervios. El clima de descontento se revitalizará.
05 Septiembre 2002 Seguir en 
Por Carlos Abrehu





