Los civiles pagan un alto precio

Análisis. Por Daniel Salvador - Redacción de LA GACETA

18 Julio 2006
La escalada bélica en Medio Oriente obligó a los líderes de los países más ricos (G-8) a pasar por alto sus divergencias sobre el conflicto en el Líbano y a pronunciarse por una solución inmediata. Eso fue todo. Una intervención declamativa. También lo fue la que, hasta el momento, le cupo al Consejo de Seguridad de la ONU.
Lejos de imponer un alto el fuego, los gobiernos del G-8 apuran la evacuación de sus ciudadanos de la región, porque saben que el conflicto amenaza con extenderse. El margen diplomático para negociar parece escaso, como si el mayor de poder de guerra fuera a darles la razón, aunque no la tuvieran. De un lado y del otro justifican el uso de las armas para imponer sus razones, sean religiosas, políticas o étnicas. Pero, en su mayoría, las víctimas no son ni guerrilleros ni soldados. Son civiles. Son familias truncadas sin saber por qué ideal tuvieron que ofrendar sus vidas.
Las culpas, evaluadas a la distancia, parecen concurrentes. Los intereses son diversos y, algunos, muy poco claros. Por caso, el gobierno del Líbano pide el inmediato alto el fuego y que la ONU lo ayude a reconquistar el sur del país. Allí viven más pobres, protegidos por el Hezbollah, que creó escuelas y centros sanitarios, y apuntaló sus precarias economías. El gobierno libanés hacía la vista gorda, hasta ahora. Pero ello no justifica que la milicia chiíta lance cohetes y mate civiles israelíes. Tampoco autoriza a Israel a bloquear un país y a matar a sus habitantes. En esta contienda, los civiles vienen pagando el precio más caro y muy pocos hacen algo para protegerlos.