16 Julio 2006 Seguir en 
El primer semestre del año se ha mostrado complicado para las Bolsas del mundo, como así también para la argentina. Lejos de replicar el desempeño alcista del año pasado, los indicadores bursátiles demostraron una marcada volatilidad, sensibles a los ajustes, hacia arriba, de los tipos de interés internacionales.
La incertidumbre ha sido la constante entre los inversores del mundo, producto de señales controversiales respecto a la evolución de la economía global. Por un lado, los países esperan significativas tasas de crecimiento del producto para el presente año, en un contexto de mayores presiones inflacionarias, debido a que esta aceleración de la actividad ha estimulado la demanda de materias primas, provocando la escalada de sus precios.
Por otra parte, Europa y Japón, recuperados del estancamiento que les afectaba, habían visto necesario iniciar un proceso de contracción monetaria, que se sumó a la de los Estados Unidos para luchar contra la suba de precios mediante un encarecimiento del costo de financiación. Además, los altos déficit fiscal y comercial estadounidense generaron preocupación, respecto a una brusca depreciación del dólar que, en particular, afectaría a los países asiáticos, en donde los bancos centrales cuentan con reservas más que abultadas en la mencionada moneda.
Con este difícil contexto, el mercado nacional no mostró un buen desempeño en los primeros seis meses. El Merval cerró la primera mitad del año con un 10,87% arriba, gracias al formidable desempeño de la siderúrgica Tenaris, impulsada -parcialmente- por el aumento del crudo. Por su parte el índice MAr, que incluye a todas las acciones del Merval -excepto Tenaris, por ser esta de capitales extranjeros-, cerró con una fuerte caída del 7,37%, señal de que los inversores no ven con ojos optimistas el futuro de las empresas argentinas. Es importante, además, hacer notar que aunque algunos papeles obtuvieron resultados muy abultados en comparación a otros, esto ocurrió con un significativo aumento de la volatilidad, por lo que la inversión en los mismos estuvo asociada a un marcado incremento del riesgo.
En activos de renta fija los resultados no fueron mejores: en el primer semestre el índice de Bonos del Instituto Argentino de Mercados de Capitales (IAMC) apenas se incrementó un 2,86%. Este pobre desempeño se asocia a los crecientes rendimientos de los activos de renta fija de EEUU, considerados de muy bajo riesgo, que experimentaron incrementos en todos sus plazos. De esta manera, las inversiones en estos activos no mostraron muchos atractivos -salvo pocas excepciones-, lo cual se evidenció en la notoria reducción de operaciones, mientras que crecieron las posiciones en depósitos a plazo y las inversiones inmobiliarias.
Con estos resultados, se puede apreciar cuán sensible es el mercado argentino a los acontecimientos externos en el área bursátil, a pesar de los controles de capitales que el Banco Central efectúa desde marzo y de que los fundamentals de la economía nacional no muestran señales que justifiquen una marcada preocupación.
Sin embargo la evolución de la economía mundial reviste estrecha relación con la nacional, afectando a las acciones por los aumentos en los precios de los commodities, que esta involucra, y las oportunidades de mayores mercados que presenta. Por otro lado, los activos de renta fija se encuentran estrictamente vinculados a los rendimientos que se ofrecen en los demás mercados, puesto que los capitales en el mundo siempre consideran la relación de rendimiento y riesgo en sus colocaciones.
En la medida en que los títulos norteamericanos sigan ofreciendo mayores tasas, los capitales se dirigirán hacia los bonos más seguros de los países rectores -flight to quality (vuelo hacia la calidad)-, y nuestros bonos seguirán en caída.
La incertidumbre ha sido la constante entre los inversores del mundo, producto de señales controversiales respecto a la evolución de la economía global. Por un lado, los países esperan significativas tasas de crecimiento del producto para el presente año, en un contexto de mayores presiones inflacionarias, debido a que esta aceleración de la actividad ha estimulado la demanda de materias primas, provocando la escalada de sus precios.
Por otra parte, Europa y Japón, recuperados del estancamiento que les afectaba, habían visto necesario iniciar un proceso de contracción monetaria, que se sumó a la de los Estados Unidos para luchar contra la suba de precios mediante un encarecimiento del costo de financiación. Además, los altos déficit fiscal y comercial estadounidense generaron preocupación, respecto a una brusca depreciación del dólar que, en particular, afectaría a los países asiáticos, en donde los bancos centrales cuentan con reservas más que abultadas en la mencionada moneda.
Con este difícil contexto, el mercado nacional no mostró un buen desempeño en los primeros seis meses. El Merval cerró la primera mitad del año con un 10,87% arriba, gracias al formidable desempeño de la siderúrgica Tenaris, impulsada -parcialmente- por el aumento del crudo. Por su parte el índice MAr, que incluye a todas las acciones del Merval -excepto Tenaris, por ser esta de capitales extranjeros-, cerró con una fuerte caída del 7,37%, señal de que los inversores no ven con ojos optimistas el futuro de las empresas argentinas. Es importante, además, hacer notar que aunque algunos papeles obtuvieron resultados muy abultados en comparación a otros, esto ocurrió con un significativo aumento de la volatilidad, por lo que la inversión en los mismos estuvo asociada a un marcado incremento del riesgo.
En activos de renta fija los resultados no fueron mejores: en el primer semestre el índice de Bonos del Instituto Argentino de Mercados de Capitales (IAMC) apenas se incrementó un 2,86%. Este pobre desempeño se asocia a los crecientes rendimientos de los activos de renta fija de EEUU, considerados de muy bajo riesgo, que experimentaron incrementos en todos sus plazos. De esta manera, las inversiones en estos activos no mostraron muchos atractivos -salvo pocas excepciones-, lo cual se evidenció en la notoria reducción de operaciones, mientras que crecieron las posiciones en depósitos a plazo y las inversiones inmobiliarias.
Con estos resultados, se puede apreciar cuán sensible es el mercado argentino a los acontecimientos externos en el área bursátil, a pesar de los controles de capitales que el Banco Central efectúa desde marzo y de que los fundamentals de la economía nacional no muestran señales que justifiquen una marcada preocupación.
Sin embargo la evolución de la economía mundial reviste estrecha relación con la nacional, afectando a las acciones por los aumentos en los precios de los commodities, que esta involucra, y las oportunidades de mayores mercados que presenta. Por otro lado, los activos de renta fija se encuentran estrictamente vinculados a los rendimientos que se ofrecen en los demás mercados, puesto que los capitales en el mundo siempre consideran la relación de rendimiento y riesgo en sus colocaciones.
En la medida en que los títulos norteamericanos sigan ofreciendo mayores tasas, los capitales se dirigirán hacia los bonos más seguros de los países rectores -flight to quality (vuelo hacia la calidad)-, y nuestros bonos seguirán en caída.







