Acerca del turismo

(De "Turismo. Entre el ocio y el negocio", por Octavio Getino, Ciccus-La Crujía, Buenos Aires).

04 Septiembre 2002
"Según la Biblia, hace muchos siglos Moisés envió a la tierra de Canaán a un grupo de representantes para obtener información sobre lo que de útil pudiera existir en ella. Su viaje fue de reconocimiento y de exploración y descrito, según el hebreo antiguo, con el sinónimo de tur. En la actualidad, millones de personas se desplazan sobre la mayor parte del planeta, en los llamados viajes de placer, sin necesidad de que alguien se los ordene -al menos explícitamente-, fenómeno que da lugar a la moderna actividad lucrativa definida con el vocablo turismo.
Entre el tur y el turismo, la historia de la humanidad asistió al desplazamiento de grandes masas de un lugar a otro del planeta, aunque no precisamente por razones de placer sino por motivos menos atractivos como fueron los obligados éxodos o las forzadas migraciones en busca de espacios, libertades y modos de vida, que les negaba la realidad en la que habían nacido. Sin embargo, el turismo, tal como lo concebimos hoy, es un fenómeno relativamente nuevo, aparecido después de la Segunda Guerra Mundial, y con una creciente incidencia en la vida económica, social y cultural de numerosos países. Sólo en concepto de ingresos, el turismo internacional proporcionó en 1999 un volumen de 500.000 millones de dólares, contra 2.000 millones de 50 años atrás, representando un crecimiento anual de más del 12% en el rubro ingresos. Los efectos socioculturales y ambientales no son menos importantes aunque no puedan ser fácilmente cuantificados por el momento.
Sin embargo, cabe la primera observación: estas cifras están referidas al turismo en sus términos más globales. Es decir, al que manejan en su mayoría las naciones capitalistas altamente industrializadas. La situación de los denominados países en desarrollo es, en cambio, bastante distinta. El subdesarrollo no permite viajar, sino emigrar; tampoco facilita el tiempo de ocio sino, por el contrario, promueve el subempleo o la desocupación más o menos generalizados.
Difícilmente puede hablarse en nuestro caso -salvo como justo reclamo de un derecho inexistente- del tiempo de ocio, o del turismo como algo inherente a una calidad de vida digna, en momentos en que numerosos sectores de la población latinoamericana no pueden hacer uso aún de un derecho tanto o más legítimo como es el relativo al trabajo.
Una visión global de la situación de nuestros países lleva a confirmar una realidad indiscutible: la de que las grandes mayorías de la población no conocen todavía la situación geográfica, socioeconómica, cultural y política de los espacios que habitan, razón por la cual se resiente su capacidad de comprensión y hasta sus mismos sentimientos en relación con aquellos. Se trata, por lo tanto, de una realidad que necesita ser superada, ya que afecta la posibilidad de construir verdaderas entidades nacionales, es decir, aquello que las grandes potencias resolvieron a su manera mucho tiempo atrás.
El desconocimiento de nuestros propios países nos lleva por lo general a una situación de indefensión generalizada, a una subestimación de lo que somos o podemos ser y, en consecuencia, sirve a las naciones cuya capacidad resulta suficiente para incursionar en lo que a nosotros nos está limitado.
Las tendencias dominantes, dirigidas a enfocar el tema del turismo desde una perspectiva economicista resultan, según la experiencia lo indica, tan parciales como aquellas que niegan su importancia económica en el desarrollo nacional".

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