Promesas del nuevo intendente

El desafío de plasmar en acciones los anuncios.

03 Septiembre 2002
La palabra, en una de sus acepciones, es el empeño que hace uno de su fe y probidad en testimonio de la certeza de lo que refiere o asegura. Promesa es la expresión de la voluntad de dar a uno o hacer por él una cosa.
Devaluar significa rebajar el valor de una moneda o de otra cosa; depreciarla. Transparente es el cuerpo a través del cual pueden verse los objetos distintamente. En las últimas décadas, la palabra ha sufrido un vertiginoso proceso de descomposición en nuestra sociedad. Otro tanto ha sucedido con su hermana, la promesa, y con la transparencia. Estas tres palabras, por dar apenas unos ejemplos, cuyos significados han adquirido gran importancia en cualquier comunidad porque se relacionan íntimamente con la confianza; es decir, la esperanza firme que se tiene de una persona o cosa o la seguridad que se tiene en sí mismo o que se deposita en la clase dirigente de una nación, una provincia o municipio.
La realidad caótica y el anhelo de un importante sector de la sociedad que expresa "que se vayan todos" están reflejando la devaluación de la palabra, de discursos vacíos de contenido y repetidos hasta el hartazgo porque las buenas ideas pocas veces se concretan y quedan como una expresión de deseo.
En su discurso de asunción, el flamante intendente de San Miguel de Tucumán propuso como norte de su gestión recuperar la ciudad e instó a ciudadanos, trabajadores municipales, funcionarios y concejales a trabajar mancomunadamente, sin intereses mezquinos, banderías políticas, etcétera.
El nuevo jefe de la ciudad anunció que su labor se apoyará en cuatro ejes: la reducción del gasto político, el respeto de la dignidad de los trabajadores, el compromiso y la responsabilidad moral de los funcionarios y, finalmente, los vecinos. Prometió que la transparencia será la condición primera para el trabajo diario de sus funcionarios y que los vecinos serán los fiscalizadores de su gestión municipal. Señaló que habrá un 50% menos de cargos políticos; suprimirá siete subsecretarías y unificará las demás. Afirmó también que existen más de 30 reparticiones que cumplen labores similares.
El funcionario hizo una somera descripción del estado de quebranto del municipio; sus palabras señalaron el caos y el desorden reinantes en la ciudad y prometió que los innumerables problemas (oscuridad, transporte ilegal, basura, baches) serán abordados de inmediato y, para lograrlo, anticipó una decisión política firme.
Finalmente, dijo que incorporará a beneficiarios del programa Jefes y Jefas de Hogar a la actividad productiva de San Miguel de Tucumán, que dará prioridad a conseguir fondos para afrontar el pago de sueldos y las prestaciones de servicios esenciales, y que los hechos concretos respaldarán sus dichos.
Nadie duda de que el nuevo intendente, así como quienes lo acompañarán en su gestión, tienen un gran desafío por delante. Deben ser conscientes de que no sólo con voluntarismo ni con expresiones de anhelo largamente escuchadas se revertirá una realidad. Existen problemas crónicos como los del transporte ilegal, por dar sólo un ejemplo, que exigen coraje cívico para solucionarlos definitivamente.
Por otro lado, sería prudente que la comunidad le otorgara, por lo menos, una cuota de confianza a la nueva conducción, que en poco tiempo mostrará con sus acciones si la palabra, la promesa, la transparencia han recobrado su significado original, o si solamente se trató de una nueva devaluación de la esperanza de los vecinos.

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