Tenores, jabalíes y payasos

El uso de fueros para abusar de los tucumanos.

02 Septiembre 2002
"Nada de estultos e inútiles vocingleos, violencia en el lenguaje o en el ademán. Hay, sobre todo, algo que no podemos venir a hacer aquí: ni el payaso, ni el tenor, ni el jabalí". De José Ortega y Gasset (31/07/1931), diputado de la española Agrupación al Servicio de la República, a los representantes de las Cortes Constituyentes, para pedirles que evitaran reproducir algunas lamentables sesiones de los tiempos de la Restauración.

Lo increíble, finalmente, ocurrió. Aquí. En Tucumán. Y en la Legislatura. Dónde más, si no. Desde su banca, un miembro del Poder Legislativo insultó sin remilgos a un miembro del Poder Judicial. Y ninguno de sus pares hizo ni dijo nada.
"Cagón". "Sinvergüenza". "Cobarde". "Ignorante". Esto fue lo que profirió Mariano Poliche desde su banca, como si estuviera en la popular de Atlético Tucumán, contra el fiscal anticorrupción Esteban Jerez. Terminó. Se limpió la boca con el presidente de la Corte Suprema de Justicia ("yo le pregunto a (Héctor Eduardo) Area Maidana ¿quién pone los límites en la Justicia?", quiso saber, justamente él). Y todo siguió como si nada.
Ninguno de sus pares pidió la aplicación del artículo 54 de la Constitución provincial, que contempla hasta la expulsión de un parlamentario por desórdenes de conducta. A nadie se le ocurrió plantear una cuestión de privilegio. Nada. Ni ese mismo martes. Ni al día siguiente. Ni ayer.
La gravedad de la cuestión no radica en las características del insultador ni del insultado. Aquí, es hasta secundario que en un expediente aparezca Alejandra Ducca señalando al imprecante (su marido), como gestor y receptor de coimas en la Legislatura. Y que el objeto de sus bravuconadas sea el funcionario judicial por el cual hubo una pueblada, el 22 de abril, reclamando que no sea removido de su cargo por una ley de este Poder Legislativo.
El verdadero peligro es que se usaron los fueros para abusar de un tucumano. Y nadie hizo nada por enmendar esa situación.

Mutismos de aquí y de allá
La Cámara se supera día a día con eso que Hipólito Yrigoyen llamaba "patéticas miserabilidades". Ni radicales, ni peronistas, ni topistas, ni bussistas, ni hombres de izquierda, ni indefinidos políticamente dijeron, aunque sea, "esta boca es mía". Aquí, otro riesgo. Estos silencios no son de los que "otorgan". Son de los que evidencian complicidad.
La versión de que Poliche habría amenazado con patear tableros y revelar supuestos secretos bien guardados de los parlamentarios que lo criticaran (lo confirmaron cinco legisladores, renuentes a denunciar el hecho con sus nombres), ya está rodando.
A no andar después lagrimeando honras perdidas. Porque, como se dice en el teatro, tragedia no es cuando llora el actor, sino cuando llora el público.
Originalmente, desde el Frente Fundacional no querían que Poliche asistiera a la sesión. Pero como el Interbloque preparaba munición gruesa, optaron porque fuera al recinto. Ninguno de los "combativos" opositores se animó a enrostrarlo.
Pero el ex vicepresidente segundo se fue de boca. Esta semana, caciques del PJ pidieron que desaparezca de la escena por un tiempo. Y lanzaron un número curioso: 70 días de retiro. Eso sí, ninguno de los "poderosos" oficialistas se anima a planteárselo. Y el próspero parlamentario (confesó en la última sesión que tiene declarados ante la DGI cinco autos) sigue en sus embestidas y ahora quiere enjuiciar a Jerez y a dos secretarios.

Endeble cortina de humo
La desesperación del oficialismo por desviar la atención del caso de las coimas es notoria. Su último intento consiste en instalar la posible intervención de la Municipalidad de la capital.Pero son muchos los escollos que se enfrentan. Desde lo legal, las instituciones municipales funcionan (formalmente) mejor que las provinciales. Y si la causal es económica, más cerca del remedio federal está la Provincia misma, que incumpliendo el artículo 5 de la Constitución nacional, no puede garantizar la educación primaria (el año lectivo está perdido) y pone en peligro la administración de Justicia. Casi hubo una miniferia por el retraso en el envío de los fondos salariales del Poder Judicial, en un real avasallamiento de autonomías.

Sin fuerzas
Al mirandismo le encantaría entender directamente en la renegociación de contratos como los de la recolección de basura, del banco municipal y del estacionamiento público. Y ni qué hablar de habilitar tragamonedas en el microcentro. Pero, desde lo político, no parece tener fuerzas para abrir un frente interno con los concejales capitalinos del PJ. Y en lo económico, tampoco hay recursos para hacerse cargo del municipio, pagar sueldos y, al menos, blanquear cordones.
Pero la mayor flaqueza está dada por el sentido común. Aunque reduzcan a 21 el número de votos necesarios para intervenir municipios, es casi un relajo que estos parlamentarios, varias veces más desacreditados que los ediles, se erijan en enderezadores de cauces institucionales.
Igual, ya puede esperarse cualquier cosa de la Legislatura. Para el caso, la última cuestión de privilegio promovida fue pedida, de hecho, por Poliche. Y en contra de Osvaldo Cirnigliaro. La causal: no cobrar los gastos de bloque. El ex bussista dijo, literalmente, de qué vivía el peronista que no recibía $12.000 por mes ofendía su moral.
Esa cuestión, sí, pasó a comisión para su estudio. Obvio.

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