Eduardo Duhalde aseguró ayer, por enésima vez, que habrá elecciones primarias abiertas para candidatos presidenciales. La cita con las urnas está agendada para el 15 de diciembre, si antes no hay otro cambio de rumbo.
El anuncio presidencial no disipa la incertidumbre en el corto plazo, porque las dificultades socioeconómicas pueden agravarse al infinito.
Sin embargo, los preparativos políticos persisten. El peronismo, que reúne la condición contradictoria de ser el partido de gobierno en el orden nacional y de oposición, diversifica tanto su oferta de candidatos que desconcierta a la sociedad.
Juan Carlos Romero es uno de esos exponentes que aspira a suceder a Duhalde. El gobernador salteño se cuida de interferir en los problemas internos de cada distrito.
De ese modo, evita ser salpicado por las turbulencias comarcanas. La prudencia que signó su comportamiento le valió no ser alcanzado por las protestas que conmovieron a la administración de su amigo Julio Miranda. Este siempre refirió en reuniones privadas que el peronista salteño iba a ser el segundo de la fórmula apoyada por el Frente Federal.
Romero recitó un mensaje de corte federalista, con la clara intención de insertarse en el mercado electoral del Noroeste. Vino a decir aquí estoy, pese a que en Tucumán se detectan tendencias muy favorables al puntano Adolfo Rodríguez Saá.
Con menor dinámica
La inercia, mientras tanto, embarga a otras vertientes partidarias, que aún no mostraron a sus hipotéticos candidatos a pilotear la gestión federal. Elisa Carrió aterrizará en Tucumán en setiembre, mientras la UCR no termina de acomodarse tras la catástrofe delarruista y su estrecho acercamiento al duhaldismo.
Los bussistas prefirieron mantenerse al margen del debate político de los partidos provinciales. En FR explican que el partido dará su aval al binomio presidencial que más convenga a sus intereses políticos. Al Movimiento Federal (MF) -agrupa a los partidos provinciales- lo ven como una herramienta de presión en el Congreso para obtener ventajas políticas frente al eje PJ-UCR.
En realidad, Antonio y Ricardo Bussi anticiparon tempranamente su adhesión a Carlos Menem. Otros emisarios fueron a ver a Rodríguez Saá, pero es imposible desconocer que los Bussi son los accionistas mayoritarios de FR.
La cercanía de los Bussi a Menem espantó sucesivamente a Patricia Bullrich (Unión por Todos) y al economista Ricardo López Murphy (Recrear Argentina), dos aspirantes a la presidencia por el centroderecha. Con distintos estilos, marcaron diferencias claras con el ex gobernador. Las andanzas del diputado y de su padre también cayeron muy mal en el MF, desde donde se impulsa la postulación de López Murphy.
El aislamiento de FR en el mapa político federal causó algunas divergencias dentro del bussismo. Pablo Walter cuestionó el manejo verticalista del partido y se pronunció por el economista liberal. Cree que dentro de FR existe una corriente de simpatías con las ideas del ex ministro de Fernando de la Rúa.
El senador, además, se excluyó de la nueva conducción del partido, en discrepancia con decisiones del ex gobernador.
La vuelta de colaboradores del ex gobernador a puestos clave de la maquinaria augura nuevas tensiones internas. Las elecciones primarias podrían canalizarlas políticamente. Los escaños de senador crearían enfrentamientos.
Es una eternidad
Agosto se fue, pero dejó magullado a Miranda. Este empezará setiembre intentando la ampliación de la base de sustentación del oficialismo.
Gobernar Tucumán hasta el 29 de octubre de 2003 -plazo constitucional para la transferencia del poder- será una empresa titánica. A la luz de los problemas de hoy, ese lapso equivale a una eternidad.
Miranda mostrará a Olijela Rivas de su lado, en una profundización de los acuerdos bilaterales. El cabildo de la unidad no contendrá a todos los cuadros políticos del partido gobernante.
El viernes pasado, Rivas les anticipó a sus simpatizantes que pedirá cambios de ministros y juego limpio en la práctica política, según revelaron en las cercanías de la inspiradora del partido Renovación Democrática.
A cambio, reclamó olvido de los rencores por la marginación que padecieron los dirigentes de la diputada tras el acceso de Miranda a la Casa de Gobierno.
La apuesta a una masiva concurrencia de dirigentes reconfortará a Miranda y a Rivas. El nombre del camarista federal Ricardo Sanjuán circula en los pasillos de la política con una insistencia llamativa. Se dice que el juez es un hombre de confianza de ambos dirigentes, lo que disiparía los recelos. Hasta se rumorea que bien podría ser un candidato tapado para 2003.
La convergencia del gobernador y de la diputada no compromete a Julio César Aráoz, ni tampoco a José Ricardo Falú. De hecho, está roto el triunvirato que orientaba el Frente de Todos, por lo que fue una decisión personal de Rivas.
Falú se mantiene alejado del cabildo de la unidad porque entiende que no hay razones para que modifique el discurso opositor desplegado durante dos años. "No soy acuerdista", comenta el diputado en la intimidad. Este afina en estas horas la argumentación con que justificará la destitución de los jueces de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Aráoz, por su parte, programa un cabildo de los peronistas para el 21 de setiembre. Un mes después, desde un cabildo abierto a los tucumanos, anunciará su vocación de llegar a la Casa de Gobierno, por decisión de las urnas. "No tengo nada que hacer con Miranda", explica el ex interventor federal. Este, además, negó haber alentado una fórmula con el ministro Fernando Juri.
Los legisladores Julio Díaz Lozano y Osvaldo Cirnigliaro tampoco revistan en las filas pactistas. Ambos alientan proyectos competitivos con los de Miranda.
Ese complejo cuadro interno del peronismo no oscureció otros hechos llamativos. Así, Martín Rodríguez, uno de los cabecillas de la Asociación de Trabajadores del Estado, embistió contra la Legislatura, blanco fácil de iras justificadas y de otras que no lo son.
El también jerarca de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) olvidó, sin embargo, que la consigna que se vayan todos incluía además de la Casa Rosada, al propio Miranda. Fue una manera elegante de quedar bien con las líneas directrices de la CTA y con la rabia popular que ve en los legisladores el símbolo de todos los males.
Si setiembre pondrá a prueba la solidez de Miranda, ese mes tendrá también el carácter de un test para el intendente Antonio Alvarez. Este vivirá 30 días de fuego, en los que deberá convivir con Miranda, el ideólogo de la intervención a la Municipalidad.





