La respuesta esperada

La disputa política alejó la posibilidad de un acuerdo con el FMI.

01 Septiembre 2002
Por Edgardo Alfano

BUENOS AIRES.- El FMI dio finalmente la respuesta que el ministro de Economía, Roberto Lavagna, estaba esperando y que no podía ser otra que un claro reflejo de la crisis política, económica, social y judicial de la Argentina. Cuando parecía que una puerta se abría al acuerdo, los tres poderes de la Nación volvieron a reavivar el fuego y alejaron el pacto con el Fondo, justo cuando el borrador de la Carta de Intención iba y venía entre Buenos Aires y Washington.
Ahora, frente a la imposibilidad de un acuerdo, Lavagna tuvo que pedir al FMI una postergación del pago de U$S2.700 mil millones que vence el 9 de setiembre.El Congreso agregó sus propias fichas al vetar las leyes que prorrogaron hasta octubre los ajustes de deudas por el CER y los remates judiciales, y retuvo cualquier definición sobre el juicio político a la Corte Suprema.
Los miembros del máximo tribunal de justicia sacudieron al Gobierno cuando dispusieron la inconstitucionalidad de la quita del 13% de sus ingresos a estatales y a jubilados, y amenaza ahora con pronunciarse sobre otros temas delicados como la pesificación, el destino final del corralito y la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.
En el Gobierno vieron el fantasma de la presión de los jueces por lograr, en el Congreso, la muerte definitiva del juicio político contra sus integrantes.
Por otra parte, la administración de Eduardo Duhalde volvió a quedar atrapada en sus luchas por definir el modo en que el peronismo concurrirá a las próximas elecciones presidenciales y por buscar un equilibro en la pelea entre Lavagna y el titular del Banco Central, Aldo Pignanelli.

Sin consenso político
Con ese marco, el vocero del FMI, Thomas Dawson, dijo que no habrá el acuerdo con la Argentina porque en nuestro país "falta consenso político" y hay cuestiones para resolver en materia monetaria, bancaria y legal.
De todas formas llegará una nueva misión técnica a cargo del inglés John Thornton.
Pero esta vez no sólo meterá las narices en materia económica y financiera, como lo demuestra, por ejemplo, la presión para que Lavagna realice un profundo ajuste en la banca pública, sino también política.
Precisamente la política argentina sigue inmersa en una compleja red donde el futuro de las elecciones internas, sobre todo del peronismo, sigue siendo todo un interrogante.
Duhalde había pensado que una solución a la disputa interna del justicialismo era adoptar el plan del gobernador salteño Juan Carlos Romero, para suspender las elecciones del PJ y que sus candidatos fuesen a los comicios presidenciales con sus propias fuerzas políticas, en una especie de Ley de Lemas encubierta.
Por lo pronto, José Manuel de la Sota se opone a una iniciativa de esa naturaleza. Para el radicalismo es un tema que no tiene una sola opinión entre sus filas. Al menemismo no lo termina de convencer esa alternativa y, para colmo, ven los fantasmas de un posible pacto entre Duhalde y Adolfo Rodríguez Saá para perjudicar al ex presidente.

Como la Ley de Lemas
Frente a un eventual escenario de elecciones al estilo Ley de Lemas, desde la Rosada se piensa una vez más en la figura de Carlos Reutemann, ya que consideran que sería un claro ganador de las presidenciales.
Mientras los radicales buscan su perfil y preparan una respuesta para Duhalde, el resto de la oposición sigue enredado en la polémica alianza entre Elisa Carrió, Luis Zamora, Víctor De Gennaro (CTA) y los piqueteros.
Esa alianza amenaza con traer a sus creadores más problemas que beneficios, a raíz de los cuestionamientos que surgen de sus propias filas a ese acuerdo, que impulsa el lema "que se vayan todos" y que se renueve la totalidad de los cargos de gobierno y legislativos en el país.
El problema que presenta la Argentina radica en que mientras los políticos, de todos los colores, disputan el poder futuro, la sociedad reclama otras cosas, trabajo, ayuda social, y, sobre todo, seguridad, ante la ola de secuestros y por el accionar de bandas donde se mezclan delincuentes comunes y policías. Así, la Argentina sigue caminando en tinieblas sin poder identificar un horizonte de bienestar. (DyN)

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