01 Septiembre 2002 Seguir en 
"Con la figura bíblica del rey David comienza una etapa crucial en la historia de la humanidad. El es el varón alfa, la clase de hombre cuya viril ambición lo empuja siempre a la cabeza del grupo. Es la primera superestrella, una figura tan dominante que la Biblia podría haberse originado como su biografía. En su auténtico símbolo sexual, un sujeto reciamente apuesto, que inspira pasión tanto en hombres como en mujeres, una pasión expresada a veces como adoración al héroe, y aveces como deseo carnal. Es el ganador quintaesencial, como dice un exégeta de la Biblia, y la historia bíblica de la vida de David siempre ha encarnado lo que nosotros esperamos de nosotros mismos y, más aún, de los hombres y las mujeres que nos gobiernan.
En el Libro de Samuel, donde se narra por primera vez la historia de David, nos encontramos con una pluma de talento que anticipa el lirismo romántico y la grandeza trágica de Shakespeare, la astucia política de Maquiavelo y la moderna comprensión psicológica de Freud. Y al igual que Shakespeare, Maquiavelo o Freud, la descarnada descripción de David en las páginas de la Biblia ha definido lo que significa la existencia de un ser humano: el rey David es ?un símbolo de la complejidad y la ambigüedad de la experiencia humana en sí misma?. ?Ejecutaba exquisitamente, peleaba heroicamente, amaba titánicamente -observa el historiador Abram Leon Sachar-. No obstante fue un ser profundamente simple, alegre, abatido, egoísta, generoso, pecador un momento, arrepentido al momento siguiente, el personaje más humano de toda la Biblia?.
Sobre todo, David ilustra la verdad esencial de que lo sagrado y lo profano pueden hallar plena expresión en un mismo ser humano, y su biografía representa la más temprana evidencia del doble lazo neurótico inherente a la naturaleza humana, que tira de todos nosotros en direcciones opuestas al mismo tiempo. Contra los esfuerzos de los moralistas que esgrimen la Biblia y buscan hacernos mejores de lo que somos -o hacernos sentir mal por ser como somos- el relato bíblico de David está ahí para reconocer, y validar: incluso, que los hombres y las mujeres sienten y hacen realmente.
El hecho más sorprendente es la crudeza con que se lo describe en la Biblia. David es mostrado como un mentiroso y un embustero, como cuando, amenazado por un rey enemigo, finge locura para salvar su propia vida. Es un malhechor y un extorsionador, como por ejemplo el día en que usa la amenaza de violencia para solicitarle un obsequio a un hombre rico que tiene una bella esposa, y termina obteniendo ambas cosas, el botín y la mujer. Es un exhibicionista...(...)...
Todos estos episodios se narran en la Biblia de una manera cruda y honesta, y en ocasiones con un toque de exaltación. Si la historiografía, la biografía y la literatura occidentales, como sugieren algunos eruditos, se originan en el relato bíblico de David, lo mismo sucede con la prensa rosa y las revistas de intimidades; ?el tipo de detalles -dice irónicamente el experto bíblico Peter Ackroyd- por los cuales en nuestra época más sofisticada, los diarios dominicales menos respetables pagan generosamente?. Uno de los aspectos menos comentados de la Biblia lo conforman su desenfado y procacidad, y en ninguna otra parte esas características se exhiben tan profusamente como en la biografía de David."
En el Libro de Samuel, donde se narra por primera vez la historia de David, nos encontramos con una pluma de talento que anticipa el lirismo romántico y la grandeza trágica de Shakespeare, la astucia política de Maquiavelo y la moderna comprensión psicológica de Freud. Y al igual que Shakespeare, Maquiavelo o Freud, la descarnada descripción de David en las páginas de la Biblia ha definido lo que significa la existencia de un ser humano: el rey David es ?un símbolo de la complejidad y la ambigüedad de la experiencia humana en sí misma?. ?Ejecutaba exquisitamente, peleaba heroicamente, amaba titánicamente -observa el historiador Abram Leon Sachar-. No obstante fue un ser profundamente simple, alegre, abatido, egoísta, generoso, pecador un momento, arrepentido al momento siguiente, el personaje más humano de toda la Biblia?.
Sobre todo, David ilustra la verdad esencial de que lo sagrado y lo profano pueden hallar plena expresión en un mismo ser humano, y su biografía representa la más temprana evidencia del doble lazo neurótico inherente a la naturaleza humana, que tira de todos nosotros en direcciones opuestas al mismo tiempo. Contra los esfuerzos de los moralistas que esgrimen la Biblia y buscan hacernos mejores de lo que somos -o hacernos sentir mal por ser como somos- el relato bíblico de David está ahí para reconocer, y validar: incluso, que los hombres y las mujeres sienten y hacen realmente.
El hecho más sorprendente es la crudeza con que se lo describe en la Biblia. David es mostrado como un mentiroso y un embustero, como cuando, amenazado por un rey enemigo, finge locura para salvar su propia vida. Es un malhechor y un extorsionador, como por ejemplo el día en que usa la amenaza de violencia para solicitarle un obsequio a un hombre rico que tiene una bella esposa, y termina obteniendo ambas cosas, el botín y la mujer. Es un exhibicionista...(...)...
Todos estos episodios se narran en la Biblia de una manera cruda y honesta, y en ocasiones con un toque de exaltación. Si la historiografía, la biografía y la literatura occidentales, como sugieren algunos eruditos, se originan en el relato bíblico de David, lo mismo sucede con la prensa rosa y las revistas de intimidades; ?el tipo de detalles -dice irónicamente el experto bíblico Peter Ackroyd- por los cuales en nuestra época más sofisticada, los diarios dominicales menos respetables pagan generosamente?. Uno de los aspectos menos comentados de la Biblia lo conforman su desenfado y procacidad, y en ninguna otra parte esas características se exhiben tan profusamente como en la biografía de David."





