El país, hacia su aislamiento

Retóricas elusivas que contribuyen a ahondar la incertidumbre.

31 Agosto 2002
La experiencia que le ha dejado el ejercicio del poder durante la crisis más severa desde la Organización Nacional ha permitido al presidente Eduardo Duhalde advertir que el aislamiento internacional provocado por la desconfianza política es lo más grave que debe enfrentar el país para su recuperación. Esa convicción se refirmó esta semana cuando el Fondo Monetario dejó en claro que no bastarán los logros alcanzados en el orden fiscal para llegar a un acuerdo contingente, mientras no se advierta un horizonte político de cierta seguridad en que serán respetados los compromisos asumidos por el gobierno que surja de las elecciones. No se trata, por cierto, de pretender una aceptación generalizada de los sectores y precandidatos aspirantes a la sucesión, sino y razonablemente de absolver posiciones y sugerir alternativas en una instancia negociadora que lleva ya ocho meses de inciertas tratativas con muy difíciles avances.
Es comprensible que el Presidente haya manifestado en medio de esa incertidumbre que cada candidato "debe estar prendiéndole velas a la Virgen, aunque pueda decir lo contrario, para que haya un arreglo con los organismos internacionales de crédito, porque de otro modo no hay salida".
También ha dicho el doctor Duhalde que la Argentina debe reingresar en la comunidad internacional, "de la que nos hemos quedado afuera, y que nos desprecia porque no le pagamos a nadie". Esa perentoria necesidad de reposicionamiento del país fue el testimonio que recogió el jefe del Gobierno de transición cuando a poco de asumir escuchó en Europa tan reiterativa advertencia, pero el giro hacia ese objetivo del Poder Ejecutivo no fue acompañado de la forma esperada por el oficialismo parlamentario y parte de la oposición, mientras la mayoría de los jueces de la Corte Suprema mantenía -y sigue haciéndolo- una sorda confrontación tratando de impedir su controvertido juicio político, eludiendo decisiones que la negociación con el FMI considera indispensables para fortalecer el sistema financiero.
A todo ello se sumaron las campañas para las internas partidarias abiertas -matizadas por sus contradicciones reglamentarias-, lo que contribuyó a la pública desconfianza de los organismos y acreedores internacionales. El interrogante es ahora si el proceso de transición podrá recorrerse con la seguridad indispensable requerida por su calendario, si el país no consigue otro acuerdo que la postergación de vencimientos cercanos con el Fondo y otros organismos. Se trata de una incógnita muy difícil de despejar frente a las duras e inéditas condiciones sociales a que están siendo sometidos los argentinos por falta de un compromiso que permita restaurar la confianza internacional en la Argentina, prioridad ineludible que la mayoría de los sectores políticos comprometidos en la lucha electoral están eludiendo, mediante una retórica elusiva desconcertante.
No se trata, como ya se ha dicho, de aceptar a libro cerrado las negociaciones encaradas por el Gobierno, pero la responsabilidad de las dirigencias y candidatos a gobernar la República está debiendo precisiones realistas y las consecuentes alternativas posibles para salir de una crisis que ha comenzado a afectar gravemente los valores de la identidad nacional.

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