30 Agosto 2002 Seguir en 
"Entre los recuerdos personales del General, piadosamente conservados por Manuelita Belgrano que fue después la señora de Vega, madre de mi noble amigo Carlos Vega Belgrano, se encuentra la curiosa miniatura que publiqué por primera vez en La Revista de Buenos Aires, acompañada de un breve comentario interpretativo firmado con una S. y reproducido por La Prensa en forma anónima.
Aquella miniatura representa, por una singularidad hasta entonces inexplicada, el ojo izquierdo del general Belgrano.Sobre una plaquita de marfil de tres centímetros y medio de alta, por dos y medio de ancha, está pintado con mano experta uno de sus ojos, que como es notorio eran de rara belleza. La expresión es admirable y la precisión exacta del dibujo, realzada por la frescura del color, está de acuerdo con la perfección técnica de la pintura. El retratista que lo ha modelado, y cuyo nombre se ignora, se revela por este extraño fragmento miniaturista notable: J.P. Goulú plausiblemente.
Ese ojo, de color castaño, rodeado de nubes como el signo masónico de la Providencia, que lo aíslan sobre campo de cielo, montado en joya, está engarzado en un marquito de oro en forma de broche, para ser usado como prendedor. Y ese rasgo de la fisonomía del patricio está tan exactamente reproducido que basta para reconstruir mentalmente la máscara entera.
Sin embargo, ni la familia del prócer, ni su erudito historiador el general Mitre, que lo examinó detenidamente a ruego mío, pudieron explicar el aparente capricho.¿Es un símbolo, una contraseña revolucionaria (el general Mitre rechazó esta hipótesis) un ex voto para ser ofrendado a la Virgen? ¿O hemos de ver en ese retrato disimulado y encubierto de un hombre joven y bello una prenda de amor destinada a la mujer amada, privada de la libertad de ostentar su imagen públicamente?
Esto en cuanto a la singular miniatura; y respecto del color de los ojos del general Belgrano, se había suscitado también una duda, que hubo de ventilarse en la misma ocasión.
Entre sus retratos ejecutados en Londres y en París, el de busto es una reproducción de una linda miniatura, inédita también, firmada por J.A. Boichard. Se la supone pintada en Europa hacia 1814.En ambos retratos el color de los ojos es castaño claro, contrariamente a la afirmación de Alberdi, que lo pretende celeste.
Ante esta contradicción quise salir de dudas e interrogué otro documento fehaciente, el gran retrato original pintado en Londres, cuya reproducción más conocida es la que existe en el Club del Progreso; la efigie original, en poder de un miembro de la familia, y el retrato de busto de la colección José Prudencio Guerrico, confirman el matiz castaño que campea en estas miniaturas.
Luego, pues, los tres pintores retratistas que observaron directamente del natural los ojos de Manuel Belgrano, con la escrupulosa fidelidad tan evidente en los demás detalles, no han podido engañarse. Prefiero creer por esta vez que la tradición ocular, aunque nos venga por el esclarecido conducto de Alberdi, tan acostumbrado a tener razón cuando se trata de ideas, pudo equivocarse en materia de matices".
Aquella miniatura representa, por una singularidad hasta entonces inexplicada, el ojo izquierdo del general Belgrano.Sobre una plaquita de marfil de tres centímetros y medio de alta, por dos y medio de ancha, está pintado con mano experta uno de sus ojos, que como es notorio eran de rara belleza. La expresión es admirable y la precisión exacta del dibujo, realzada por la frescura del color, está de acuerdo con la perfección técnica de la pintura. El retratista que lo ha modelado, y cuyo nombre se ignora, se revela por este extraño fragmento miniaturista notable: J.P. Goulú plausiblemente.
Ese ojo, de color castaño, rodeado de nubes como el signo masónico de la Providencia, que lo aíslan sobre campo de cielo, montado en joya, está engarzado en un marquito de oro en forma de broche, para ser usado como prendedor. Y ese rasgo de la fisonomía del patricio está tan exactamente reproducido que basta para reconstruir mentalmente la máscara entera.
Sin embargo, ni la familia del prócer, ni su erudito historiador el general Mitre, que lo examinó detenidamente a ruego mío, pudieron explicar el aparente capricho.¿Es un símbolo, una contraseña revolucionaria (el general Mitre rechazó esta hipótesis) un ex voto para ser ofrendado a la Virgen? ¿O hemos de ver en ese retrato disimulado y encubierto de un hombre joven y bello una prenda de amor destinada a la mujer amada, privada de la libertad de ostentar su imagen públicamente?
Esto en cuanto a la singular miniatura; y respecto del color de los ojos del general Belgrano, se había suscitado también una duda, que hubo de ventilarse en la misma ocasión.
Entre sus retratos ejecutados en Londres y en París, el de busto es una reproducción de una linda miniatura, inédita también, firmada por J.A. Boichard. Se la supone pintada en Europa hacia 1814.En ambos retratos el color de los ojos es castaño claro, contrariamente a la afirmación de Alberdi, que lo pretende celeste.
Ante esta contradicción quise salir de dudas e interrogué otro documento fehaciente, el gran retrato original pintado en Londres, cuya reproducción más conocida es la que existe en el Club del Progreso; la efigie original, en poder de un miembro de la familia, y el retrato de busto de la colección José Prudencio Guerrico, confirman el matiz castaño que campea en estas miniaturas.
Luego, pues, los tres pintores retratistas que observaron directamente del natural los ojos de Manuel Belgrano, con la escrupulosa fidelidad tan evidente en los demás detalles, no han podido engañarse. Prefiero creer por esta vez que la tradición ocular, aunque nos venga por el esclarecido conducto de Alberdi, tan acostumbrado a tener razón cuando se trata de ideas, pudo equivocarse en materia de matices".







