01 Junio 2006 Seguir en 
María Fernanda Chaila tenía 26 años. El lunes, mientras trabajaba en la Secretaría de Coordinación de Municipios y Comunas le dieron un balazo en la cabeza, luego de una discusión con un hombre, que sería su ex novio, Lucas González.
"Ahora entiendo a las madres que siempre hacen declaraciones después de que sus hijos fueron asesinados. Necesito tanto que se encuentre a (Lucas) González, que no voy a cerrar la boca hasta que lo detengan". Con el rostro desencajado, aún sin saber exactamente qué pasó, Mary Ahumada, la madre de María Fernanda Chaila, la joven que fue asesinada en el edificio de un organismo público, afirma que no permitirá que el caso quede impune. Ayer, a menos de 24 horas de haber sepultado a su hija, la mujer mantuvo un diálogo con LA GACETA. En el encuentro, Ahumada relató la pesadilla que vivió su hija y toda su familia en relación con el principal acusado por el hecho. También confirmó que realizó todo tipo de planteos para conseguir que María Fernanda sea protegida por las amenazas que recibía y lamentó que sus súplicas no hayan sido escuchadas.
- ¿Es cierto que su hija seguía manteniendo una relación con González?
-Ella cortó con ese loco el año pasado. Convivieron, pero ella lo dejó y volvió con su familia. Rehízo su vida y era una chica normal y corriente que le encantaba ir a bailar. Salía mucho con sus amigos, aunque tenía muchísimo miedo por lo que ese hombre podía hacerle, ya que no la dejó nunca en paz.
- ¿Qué sabía usted de la relación entre ambos?
- Fernanda estaba viviendo una pesadilla cuando vivía en pareja con él. Este asesino la vivía golpeando. Un día la hizo subir a un auto y cerca de Yerba Buena le puso un arma en la cabeza y le dijo que la iba a matar al igual que a toda su familia si es que no seguía con él.
- Los investigadores sostienen que convivía con él cuando retornaba a la provincia, en los últimos meses...
- Eso es mentira. Ella, después de que allanaron mi casa por un asalto que él cometió, se fue a Buenos Aires con él, pero lo hizo para que González no nos atacara a nosotros como lo había prometido hacer. Volvió a los 20 días desesperada por cómo la trataba.
- ¿Se sentían perseguidos por González?
- Cuando mi hija cortó con él y cuando denunciamos lo que había ocurrido, comenzamos a vivir una pesadilla. Me amenazaba a mí, a mi madre, a su hermano y a su hijita, que era la razón de su existencia. Le decía que la iba a quemar a su sobrina si es que ella lo dejaba. Fue una situación tremenda.
- ¿Denunció esto ante la Policía?
- Varias veces. La última fue en la seccional 3a, donde dejé constancia de que me estaba amenazando de muerte por teléfono. Ya había una orden de intervenir la línea para que todo quedara registrado. Una vez lo seguí en una moto para ver dónde vivía para que le allanaran la casa. Y, cuando fueron a buscarlo, misteriosamente, había desaparecido.
- ¿Cree que el supuesto homicida cuenta con protección?
- Evidentemente que sí. Alguien le avisó para que huyera. No sé si la información se la dio gente de Tribunales o la Policía. El jefe de la sección Robos y Hurtos, comisario Víctor Reynoso, me comentó que alguien le había avisado que lo íbamos a buscar y por eso se fue.
- ¿Cómo se siente por esta situación?
- Creo que no hice lo suficiente para lograr la protección que necesitaba mi hija. Es cierto que hablé a muchísimas personas, pero no encontré lo que buscaba. Todavía me pregunto por qué en un organismo público no había ni siquiera un guardia que impidiera la muerte de Fernandita. Es todo muy terrible.
- ¿Nadie pudo hacer nada para evitar este final?
- Un compañero, al sentir los gritos de mi hija, fue en su ayuda. Pero González, cuando lo vio, le puso el arma en la cabeza y le dijo que se fuera porque de lo contrario lo mataría también a él. Ella se encontró con él porque la había amenazado con ingresar a la oficina y asesinar a todos sus compañeros. Por eso bajó. En realidad, se angustiaba mucho cada vez que pensaba que puso en peligro a sus seres queridos por culpa de la relación que mantuvo con ese tipo. Por eso no voy a descansar hasta que logre encontrarlo. De eso pueden estar seguros.









