Alzamiento político, para algunos; reivindicación de las instituciones, para otros. Entre esos dos polos oscilaron las primeras interpretaciones del desemboque que tuvo la crisis abierta por la inesperada renuncia de Raúl Topa a la intendencia municipal.
La jefatura partidaria de Julio Miranda quedó desconocida por una franja del peronismo, que decidió resistir el proyecto intervencionista de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. En el lenguaje justicialista eso se llama alzamiento contra el conductor.
La elección del reemplazante de Topa se ajustó, en cambio, a las prescripciones de la ley orgánica de municipalidades. Fue una solución impecable desde la perspectiva institucional y, por tanto, sin resquicios que den lugar a planteos de irregularidades.
En realidad, cuando Topa dirigió su renuncia al Concejo Deliberante -como ordena la legislación-, sacó la cuestión de la órbita de influencia de la Casa de Gobierno. De ese modo, puso en manos del Concejo la llave de su sucesión.
Sisto Terán precipitó las reacciones en cadena el martes, cuando anunció que -por instrucciones de Miranda- el oficialismo se proponía intervenir la Municipalidad, so pretexto de que la crisis institucional potenciaba la financiera.
En forma sincronizada, el mirandista José "Gallito" Gutiérrez ingresó un proyecto de ley para disminuir de 27 a 21 el número de votos necesarios para consumar el desguace de las instituciones municipales. Y mientras la sesión legislativa del martes avanzaba, ediles peronistas, radicales y republicanos coincidieron en que Antonio Alvarez debía completar el período de Topa. Desde la Cámara, Gerónimo Vargas Aignasse (PJ) y José Ascárate (UCR) daban seguridades de que no habría movidas sorpresivas.
Alvarez ya tenía la promesa de Eduardo Duhalde de recibirlo en la próxima semana para considerar una ayuda especial a la Municipalidad. El interventor del PAMI, Francisco "Lito" Mejías, le abrió un espacio en la agenda de Duhalde, cuando estaba en Salta. Por esas horas, Miranda era uno de los contertulios del Presidente, y había recibido un fax con el texto intervencionista.
El nuevo intendente mantiene relaciones estrechas con Vargas Aignasse y con el ex senador José Carbonell. Mejías, a su vez, está cercano a Carbonell. El ex senador negó haber sido candidato a interventor municipal y descartó su integración a la actual gestión.Alvarez, en el pasado inmediato, se distinguió por defender las instituciones, cuando arreciaban los rumores de descabezamiento de Topa y del Concejo. En su entorno admiten que la receta elegida para acabar con la acefalía no agrada a la Casa de Gobierno.
Tras haber superado la crisis , Alvarez promete austeridad, eficiencia y reducción de gastos. El alivio de los ahogos financieros será clave para que él no se desbarranque como su antecesor.
29 Agosto 2002 Seguir en 
Por Carlos Abrehu







