23 Mayo 2006 Seguir en 
Los Angeles.- El Vaticano condenó anteriormente una gira de Madonna, calificándola de "uno de los espectáculos más satánicos de la historia de la humanidad". Con su nuevo tour mundial, la cantante que -según su madre- debería haber sido monja, tampoco va a ganarse muchos amigos en Roma. En un momento del show "Confessions on a Dance Floor", que se estrenó la noche del domingo en Los Angeles, Madonna desciende de una cruz con una corona de espinas.
Mientras, las pantallas de video muestran el hambre en países en desarrollo. La escena recuerda su actuación en el concierto Live 8, que se celebró en el Hyde Park de Londres en julio del año pasado, cuando agarró a una joven de Etiopía y, alzando sus brazos, gritó: "¿Están preparados para comenzar una revolución?".
Los expertos indicaron enseguida que no lo decía en el sentido de
Karl Marx, ya que la "chica material" es una empresaria hecha y derecha. Su espectáculo se presentó en Los Angeles, pese a la huelga del sindicato de trabajadores del escenario.
Con su infalible sentido para el gusto de masas, Madonna vuelve a aderezar su espectáculo con una pizca de política: un montaje de video muestra a Bush, a Blair y a Hitler, algo que siempre tiene buena acogida, sobre todo en los lugares donde ella actúa. En un momento del show dice algo sobre el presidente de EE.UU. y el sexo, pero en general la cantante no habla mucho. La puesta en escena es complicada, como de costumbre. En cada show se cuelga del techo una cruz de diamantes y cristales. "Me gustan los crucifijos, porque son sexies", dijo una vez la artista de 47 años. Al comienzo del espectáculo, Madonna sale de una bola de discoteca gigante realizada con cristales y cuyo valor supera los 2 millones de dólares. Durante la actuación, la artista cambia siete veces de vestuario. En otro momento, la estrella del pop pone un toque sadomasoquista y baila sobre el escenario con sus botas de montar y con un látigo en la mano. (DPA)
Mientras, las pantallas de video muestran el hambre en países en desarrollo. La escena recuerda su actuación en el concierto Live 8, que se celebró en el Hyde Park de Londres en julio del año pasado, cuando agarró a una joven de Etiopía y, alzando sus brazos, gritó: "¿Están preparados para comenzar una revolución?".
Los expertos indicaron enseguida que no lo decía en el sentido de
Karl Marx, ya que la "chica material" es una empresaria hecha y derecha. Su espectáculo se presentó en Los Angeles, pese a la huelga del sindicato de trabajadores del escenario.
Con su infalible sentido para el gusto de masas, Madonna vuelve a aderezar su espectáculo con una pizca de política: un montaje de video muestra a Bush, a Blair y a Hitler, algo que siempre tiene buena acogida, sobre todo en los lugares donde ella actúa. En un momento del show dice algo sobre el presidente de EE.UU. y el sexo, pero en general la cantante no habla mucho. La puesta en escena es complicada, como de costumbre. En cada show se cuelga del techo una cruz de diamantes y cristales. "Me gustan los crucifijos, porque son sexies", dijo una vez la artista de 47 años. Al comienzo del espectáculo, Madonna sale de una bola de discoteca gigante realizada con cristales y cuyo valor supera los 2 millones de dólares. Durante la actuación, la artista cambia siete veces de vestuario. En otro momento, la estrella del pop pone un toque sadomasoquista y baila sobre el escenario con sus botas de montar y con un látigo en la mano. (DPA)







