17 Mayo 2006 Seguir en 
París.- Los famosos nenúfares de Claude Monet pueden volver a admirarse tal como el pintor deseaba poco antes de su muerte, en 1926: iluminados por la luz natural que entra por un gigantesco techo de cristal. Tras seis años de obras de restauración y ampliación, con una inversión de 32 millones de dólares, el museo de L? Orangerie, ubicado en los Jardines de las Tullerías, en París, vuelve a abrir hoy, y mostrará, en unos salones completamente reformados, la maravillosa serie "Nympheas", de Monet, así como numerosas otras obras maestras de los siglos XIX y XX.
Los singulares lienzos de Monet, de dos metros de alto por cien de largo, son el alma de este museo. Ya lo era en 1927, cuando la Orangerie del Louvre, construida en 1852, se transformó en el "Museo Claude Monet". El artista (1840-1926) ofreció la serie, pintada entre 1914 y 1926 en Giverny (Normandía) y una idea exacta de cómo exponerlo al Estado francés el día posterior al cese del fuego de la Primera Guerra Mundial, el 11 de noviembre de 1918. Dejó claro que quería que se exhibiera entre los jardines y el Sena, y que se utilizara luz natural. En los años 60, el museo recibió la donación de la valiosa colección de Jean Walter y Paul Guillaume, que incluye 144 obras maestras de André Derain, Pablo Picasso, Jean Renoir y Paul Cézanne. Entonces, para conseguir más lugar, el techo de cristal se cubrió con hormigón y se añadió una planta, hasta la que llevaba una ancha escalera. Así, el visitante debía pasar primero por toda la colección para llegar finalmente a las dos salas ovaladas en las que, en semipenumbras, se exhibían las obras de Monet. Ahora, el visitante llega a través de un puente de madera directamente hasta los nenúfares, que otra vez están iluminados por la luz cálida que ingresa a través del techo. Otros dos pasajes llevan de un salón a otro, de manera que las obras de Monet se pueden ver como en una especie de recorrido circular. (DPA)
Los singulares lienzos de Monet, de dos metros de alto por cien de largo, son el alma de este museo. Ya lo era en 1927, cuando la Orangerie del Louvre, construida en 1852, se transformó en el "Museo Claude Monet". El artista (1840-1926) ofreció la serie, pintada entre 1914 y 1926 en Giverny (Normandía) y una idea exacta de cómo exponerlo al Estado francés el día posterior al cese del fuego de la Primera Guerra Mundial, el 11 de noviembre de 1918. Dejó claro que quería que se exhibiera entre los jardines y el Sena, y que se utilizara luz natural. En los años 60, el museo recibió la donación de la valiosa colección de Jean Walter y Paul Guillaume, que incluye 144 obras maestras de André Derain, Pablo Picasso, Jean Renoir y Paul Cézanne. Entonces, para conseguir más lugar, el techo de cristal se cubrió con hormigón y se añadió una planta, hasta la que llevaba una ancha escalera. Así, el visitante debía pasar primero por toda la colección para llegar finalmente a las dos salas ovaladas en las que, en semipenumbras, se exhibían las obras de Monet. Ahora, el visitante llega a través de un puente de madera directamente hasta los nenúfares, que otra vez están iluminados por la luz cálida que ingresa a través del techo. Otros dos pasajes llevan de un salón a otro, de manera que las obras de Monet se pueden ver como en una especie de recorrido circular. (DPA)







