12 Mayo 2006 Seguir en 
"Tango es eso que provoca un clavel en mi solapa, cuando no tengo ni para clavel... y voy a verte", define Horacio Ferrer, que hablará hoy a las 20.30 sobre "Poesía y canción" en el CAE -24 de Septiembre 476-, como parte del II Mayo de las Letras.
El autor de "Balada para un loco", la ópera "María de Buenos Aires" y otras letras que -con música de Astor Piazzolla- se convirtieron en clásicos de la música porteña, vivió enamorado de la poesía desde muy pequeño.
"Mi madre era porteña, nacida en 1896, y su padre, Eduardo Ezcurra, mi abuelo, era amigo de Rubén Darío", recordó Ferrer. "Mi madre estuvo en sus rodillas. Estudió declamación con Alfonsina Storni, fue amiga de García Lorca y conoció a Amado Nervo. En mi casa, todo era poesía. Ella recitaba y también cantaba", recuerda el compositor.
A punto de cumplir 73 años (nació en Uruguay el 2 de junio de 1933), Ferrer sostiene que la Argentina es un país con muchos lectores de poesía. "Hay mucha gente que se reúne para leer y recitar poemas. Esas son algunas de las células más sanas de la sociedad", celebró.
El escritor hablará en su conferencia sobre cómo se canta la poesía y el sutil vínculo que siempre mantiene con la música. Mencionará la ópera, el musical de Broadway y la zarzuela. "También voy a recitar algunos poemas -adelantó-. A la poesía no hay que leerla; hay que decirla de memoria, porque así se la puede expresar mejor. Es una de las lecciones que le dio Alfonsina Storni a mi madre".
Los libros y los payadores fueron la escuela literaria del autor de "Chiquilín de Bachín". Su pluma acompañó al legendario bandoneón de Piazzolla desde la época en que el músico comenzó a ganar fama en el resto del mundo, a la vez que en su país era duramente criticado por los conservadores del tango. "Es lógico que todo innovador tenga una resistencia -opinó Ferrer-. Sin embargo, a él lo estimulaban las críticas. Solía decir con frecuencia: ?no me gusta estar gustando, porque me hace pensar que ya no estoy creando?. Y tenía toda la razón del mundo".
Tanguero pero no nostálgico, Ferrer aclaró que le gusta vivir la vida, disfrutar del amor y de la amistad. Tiene amigos tangueros de todas las edades. "Hoy los músicos jóvenes prefieren interpretar a Pugliese, a Piazzolla, y también a Troilo. Pero hay mucho cantor con repertorio de todas las épocas" afirmó.
Lo que no le gusta mucho es la utilización del tango como producto para el turismo. "Está bien que los turistas gusten del tango -expresó-. Pero es mucho más que un producto pintoresco. Es un arte muy profundo y hermoso, sentimental y sensual. No le debe nada al dinero, sino al talento de sus constantes creadores".
Entre sus libros, se destacan "Versos del duende" -que reúne unos 130 poemas-, los dos tomos de "Los tangos de Piazzolla y Ferrer", y ahora se edita "Horacio Ferrer en escena", un libro con un CD que incluye escenas de las obras. "Son óperas y obras extensas, desde 1967 hasta hoy", dijo.
El autor de "Balada para un loco", la ópera "María de Buenos Aires" y otras letras que -con música de Astor Piazzolla- se convirtieron en clásicos de la música porteña, vivió enamorado de la poesía desde muy pequeño.
"Mi madre era porteña, nacida en 1896, y su padre, Eduardo Ezcurra, mi abuelo, era amigo de Rubén Darío", recordó Ferrer. "Mi madre estuvo en sus rodillas. Estudió declamación con Alfonsina Storni, fue amiga de García Lorca y conoció a Amado Nervo. En mi casa, todo era poesía. Ella recitaba y también cantaba", recuerda el compositor.
A punto de cumplir 73 años (nació en Uruguay el 2 de junio de 1933), Ferrer sostiene que la Argentina es un país con muchos lectores de poesía. "Hay mucha gente que se reúne para leer y recitar poemas. Esas son algunas de las células más sanas de la sociedad", celebró.
El escritor hablará en su conferencia sobre cómo se canta la poesía y el sutil vínculo que siempre mantiene con la música. Mencionará la ópera, el musical de Broadway y la zarzuela. "También voy a recitar algunos poemas -adelantó-. A la poesía no hay que leerla; hay que decirla de memoria, porque así se la puede expresar mejor. Es una de las lecciones que le dio Alfonsina Storni a mi madre".
Los libros y los payadores fueron la escuela literaria del autor de "Chiquilín de Bachín". Su pluma acompañó al legendario bandoneón de Piazzolla desde la época en que el músico comenzó a ganar fama en el resto del mundo, a la vez que en su país era duramente criticado por los conservadores del tango. "Es lógico que todo innovador tenga una resistencia -opinó Ferrer-. Sin embargo, a él lo estimulaban las críticas. Solía decir con frecuencia: ?no me gusta estar gustando, porque me hace pensar que ya no estoy creando?. Y tenía toda la razón del mundo".
Tanguero pero no nostálgico, Ferrer aclaró que le gusta vivir la vida, disfrutar del amor y de la amistad. Tiene amigos tangueros de todas las edades. "Hoy los músicos jóvenes prefieren interpretar a Pugliese, a Piazzolla, y también a Troilo. Pero hay mucho cantor con repertorio de todas las épocas" afirmó.
Lo que no le gusta mucho es la utilización del tango como producto para el turismo. "Está bien que los turistas gusten del tango -expresó-. Pero es mucho más que un producto pintoresco. Es un arte muy profundo y hermoso, sentimental y sensual. No le debe nada al dinero, sino al talento de sus constantes creadores".
Entre sus libros, se destacan "Versos del duende" -que reúne unos 130 poemas-, los dos tomos de "Los tangos de Piazzolla y Ferrer", y ahora se edita "Horacio Ferrer en escena", un libro con un CD que incluye escenas de las obras. "Son óperas y obras extensas, desde 1967 hasta hoy", dijo.







