Nunca pasa inadvertido

Análisis por Gustavo Rodríguez

11 Mayo 2006
Con las patillas, el pelo blanco y la espalda encorvada por el peso de los años, parece un hombre de entre tantos. Pero cuando se pone el sombrero panameño color blanco, todos lo  reconocen. Unicamente cuando se viste de “El Malevo”, Mario Oscar Ferreyra vuelve a revivir el mito de hombre duro y pesado.
No pasó inadvertido para nadie. Muchos se acercaron para saludarlo y para brindarle su apoyo. Estos últimos son los mismos que le piden que los ayude a recuperar los animales que les roban en el campo. Son “sus amigos”, como él los llama. Pero la realidad indica otra cosa. Pasaron los años y ya no es la figura a la que le temían, y está lejos de ser ese hombre duro con el que alcanzó una triste fama. Ahora está encerrado de nuevo por una “pelea de polleras”.