"Llueve sobre mojado"

El gobernador afronta un momento de confusión en su manejo del Ejecutivo. Salen a la luz algunas falencias. La soledad del poder genera problemas. Por Federico van Mameren

LA GACETA / FRANCO VERA
LA GACETA / FRANCO VERA
30 Abril 2006
Llueve. En sólo 10 minutos las calles se convierten en ríos intransitables. Los desagües no tienen capacidad para contener el torrente. La gente se paraliza. Se refugia donde puede. Quién pensaría que es la descripción de una tarde otoñal.
Los truenos traen del recuerdo el verano. Pero no puede ser. En el verano, el gobierno tenía todo controlado. José Alperovich sonreía. No había desconfianza en el Poder Ejecutivo. La Legislatura era un apéndice del Ejecutivo. Ni un pelo estaba fuera de lugar. La sociedad reconocía lo que se estaba haciendo, al punto que los votos superaban con creces los bolsones y hasta justificaban esa rara alquimia que transforma necesidad en sufragios.
En muy pocos meses, la tormenta se ha llevado el sol y las sonrisas. Los truenos aturden. El gobernador parece un general desconcertado. En este último tiempo ha dejado de dar órdenes y da des-órdenes.

Andar vacilante
El irracional asesinato de Paulina Lebbos siembra desconcierto. El Poder Ejecutivo se mueve como un boxeador groggy, al borde del nocaut cuando se analiza la seguridad de la provincia. Lo grave que el andar vacilante se contagia.
La semana que se fue, el gobernador había celebrado eufórico que estaba tras una pista clave. Llegó a decir que se estaba muy cerca de saber quién era el asesino. El entusiasmo y los indicios duraron segundos. Pero se esfumaron. Incluso, se llegó a confundir el rol de la Justicia con el del Poder Ejecutivo y con el de la Policía.
Era comprensible. Mientras le comentaban que un preso se animaría a decir que una persona vinculada a los Acevedo tendría algo que ver en el asesinato, pensaba cómo contrarrestar la interpelación a su ministro de Seguridad, Mario López Herrera. El gobernador quiso hacerlo todo solo. El quería ser el primero que anunciara que se sabía quién era el asesino y él armaba la estrategia para defender a su ministro de Seguridad.
Analizaba con el responsable de comunas rurales y de municipios del interior, Sergio Mansilla, hacer una gran movilización hacia la Legislatura para oponerse a la interpelación. No prosperó la idea, ante el temor a un papelón. La sociedad, que camina temerosa porque conoce las falencias de la seguridad, no hubiera interpretado que “el pueblo no quería que López Herrera” fuera a dar explicaciones ante los representantes del pueblo. Por eso, se decidió mandar a todo el gabinete a apoyar al ministro. Fue hasta el interventor de la Sociedad de Aguas del Tucumán, Alfredo Calvo. En la Cámara, no faltó el chiste fácil que advertía que Calvo había ido para intimidar a los legisladores. El que se propasara a la hora de preguntar sufriría un corte de agua.
Se eligió la estrategia de que no se votara el informe de López Herrera. Toda interpelación es evaluada y, con el voto de los legisladores, se la aprueba o se la rechaza. Esta vez, eso no ocurrió. Por unanimidad se lo mandó a la Justicia. Los alperovichistas, los juristas y la oposición apoyaron esa idea. Pero, lejos de salvar al ministro López Herrera, lo mandaron a Tribunales. Un triunfo con sabor a derrota.
En esa interpelación hasta los alperovichistas desnudaron graves falencias de la Policía. Estos legisladores “sijosesistas” parecían “engelados” a la hora de marcar fallas en el manejo de la seguridad ciudadana.
Cuando el gobernador tomó oxígeno y se dio cuenta de su vacilante andar salió a dar manotazos. Volvió a equivocarse. Su primer paso en falso fue hablar sobre los Acevedo, y entró en una discusión estéril. Ningún “sijosesista” de su entorno fue capaz de poner el pecho. Se quedó solo en el ring. Un gobernador no debería salir a discutir con un grupo que está identificado con los barrabravas.
No fue el único momento en que el “general” se enredó en el des-orden. El gran despliegue de funcionarios pareció inútil. Es que los ministros y secretarios que ocuparon las gradas de la Legislatura fueron pura presencia. A la hora de hacer comentarios se escucharon algunas humoradas debidas a la tensión que entre bambalinas mostraba López Herrera, pero no hicieron declaraciones públicas que apoyaran su participación. Nadie sabe si se descubrirá quién es el asesino de Paulina. Pero quien haya sido, jamás imaginó que iba a ejercer tanto poder. La Policía lo encubre, el Poder Ejecutivo en pleno está nervioso, y ahora vendrán los problemas para el Judicial. Cuando Gendarmería eleve los informes de su investigación y detallen impericias a la hora de investigar en la morgue, entre otras circunstancias, el desconcierto será aún mayor.

Un golpe nacional
En medio de la desesperación lanzó otro manotazo al aire y no tuvo efecto. Por el contrario, recibió golpes innecesarios. Alperovich dijo que su gran obra Lomas de Tafí se trababa por culpa del diputado nacional Esteban Jerez.
Nada más increíble. Lo único que hizo el ex fiscal, al igual que el fiscal general Federal Antonio Gómez, fue promover una investigación por supuestas irregularidades y porque las casas a construir eran supuestamente más caras que lo que correspondía. Alperovich, lejos de castigar a Jerez, le dio un protagonismo que ni el propio diputado esperaba. Las palabras del titular del Ejecutivo fueron un verdadero bumerán. Miró al rincón y de nuevo no había quién subiera al ring para acompañarlo. Fueron los empresarios los que salieron a despotricar. Las denuncias para investigar qué pasa con los costos de Lomas de Tafí ofuscaron a la Nación porque también piden explicaciones a un funcionario nacional como Luis Bontempo, subsecretario de Vivienda de la Nación. Por lo tanto, las impericias en la gestión terminaron ofuscando al gobierno nacional, con quien jamás Alperovich quiso tener inconvenientes. Otro golpe para seguir con paso vacilante.
Por ahora, la Nación amenazó con no mandar el dinero para construir las 3.000 viviendas y el anuncio tuvo un efecto expansivo peor que el de una bomba. Es que ya había quienes tenían negocios listos. La creación de un centro comercial en el corazón de Lomas del Tafí iba a dar pingües ganancias. Más de uno dejó de frotarse las manos.

El club de las maquinitas
Volvió a ponerse en guardia. Otra vez el golpe fue al aire. Anunció que las inversiones de los “maquineros” de Casino Club no harían el Centro de Convenciones. Esta vez, su voz no se escuchó sola. Tuvo un gran eco en el interventor de la Caja Popular, el intendente licenciado Osvaldo Jaldo. El tranqueño también dejó entrever que estaba en riesgo el Centro de Convenciones a raíz de las trabas puestas por los ambientalistas.
Cuando Casino Club firmó el acuerdo con la Caja Popular se acordó, en la resolución 899/04, que “se trataría de una donación con cargo, consistente en que el proyecto que se ofrece construir -que tal lo manifestado implica la donación de las obras al Estado- estará condicionado en todas sus etapas constructivas a que se mantenga en el tiempo la concesión de uso conferida por la resolución 895 /04 (autorización a instalar y explotar 1.000 maquinitas durante 20 años)”. Se aclara además que la inversión a realizar será de 13 millones de pesos. También se especifica que “la citada concesión que en realidad es una autorización de cupos asignados a la empresa para la instalación y explotación de las máquinas electrónicas de juegos de azar por un plazo de 20 años es de carácter no exclusivo. En la resolución 978/05 firmada por el propio Jaldo se autoriza a la firma Casino Club un cupo para la instalación y explotación en forma provisoria de las 300 máquinas electrónicas de juegos de azar y señala que las citadas máquinas se encuentran dentro del cupo ya autorizado en la resolución 895 (las 1.000 maquinitas). En síntesis, por más que Casino Club amenace con irse y que el propio Jaldo se haga eco de esto, ya se le concedieron las maquinitas y tendrían que construir el centro de convenciones. Si no se hiciera se estaría faltando a lo conversado y a lo firmado.

Sonrisas federales
Las únicas sonrisas surgieron en los Tribunales Federales. Durante la semana hubo discusiones y hasta se tiraron nombres en los conciliábulos federales sobre quién reemplazaría, como subrogante, al juez federal número dos, Felipe Terán. El magistrado -que estuvo en Buenos Aires- festejó como una victoria que el Consejo de la Magistratura no lo suspendiera y frustró a los agoreros de siempre, que ya lo daban por suspendido.
Esa decisión fue como un balde de agua fría para los investigadores federales y para los que veían que, después de Terán, se produciría un efecto dominó con otros magistrados de ese fuero. Hubo un fuerte lobby alrededor de algunos consejeros. Muchos llegaron al recinto a discutir la suspensión de Terán tras escuchar pedidos de clemencia hacia los hombres  de la Justicia Federal.
Luego de la decisión de volver a comisión la acusación contra Terán y de tratarla prácticamente en forma conjunta con la del juez federal número 1, Jorge Parache, se escuchan dos pronósticos. Hay quienes apuestan a que nunca volverá al plenario del Consejo de la Magistratura y que no habrá castigo para los federales. Otros se juegan a que todo es cuestión de tiempo. Lo bueno sería que la resolución final se haga en función de un análisis exhaustivo de las conductas y que las absoluciones o los castigos no dependan de lobbies. De esa manera, las instituciones no seguirán groggies y ayudará a dar confianza a la sociedad.

Esperando el sol
Llueve. En minutos está todo anegado. En el gabinete del gobernador Alperovich no hay pilotos de tormentas. Tampoco aparecen los hombres de recambio. El mandatario necesita oxígeno para recuperar la política que le dio éxito. Meses atrás estaba claro que él solo podía. La tormenta otoñal lo trajo a la realidad. Sin política y sin una estructura que lo respalde, las calles seguirán anegadas y el sol no aparecerá.







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