Una stripper se convirtió en sacerdotisa

En los prostíbulos, Heather Veitch intenta acercar a sus ex colegas a Dios. Predican en exposiciones de la industria pornográfica.

De izquierda a derecha, Veitch y sus amigas.
De izquierda a derecha, Veitch y sus amigas.
27 Abril 2006
LOS ANGELES.- Heather Veitch es alta, curvilínea, rubia y de ojos azules, y se sirvió de sus cualidades para vender fantasías en cabarets de Estados Unidos, hasta que decidió frecuentarlos sólo para acercar a Dios a sus ex colegas, eventuales fieles de una iglesia para la industria del sexo.

"Si eres cristiano, míranos en acción", reza el lema al que Heather pone cuerpo y voz, mientras sostiene una Biblia en pose provocativa, junto a dos compañeras tan atractivas como ella que predican en su iglesia en California, en exposiciones de la industria pornográfica o en clubes nocturnos.

Además de una voz ingenua, a los 32 años Heather tiene una biografía intensa: un matrimonio fracasado por violencia, un hijo a los 18 años, un lustro como stripper, cuatro apariciones en películas porno y una segunda hija con su actual esposo, desahuciado por cáncer cerebral.

Desde hace tres años, Heather es sacerdotisa, sin orden, de la Iglesia cristiana "JCs Girls, Girls, Girls", JC por Jesucristo y Girls (chicas) por cada una de las principales evangelizadoras, que además de ella, incluyen a Lori, ex stripper, y a Tanya, maestra escolar.

Las tres mujeres son los rostros de una Iglesia que aseguran no tiene fines de lucro. La sede, en Riverside, a unos 200 kilómetros de Los Angeles, tiene un local sobrio, sin la estética rosa y abrillantada de sus misas en Las Vegas o de su página web, que cuenta con unos 2.100 miembros, no solo de la industria del sexo.

La Convención Bautista del Sur de California apoya como asociada a la Iglesia "JCs Girls", aunque reconoce que su sitio web puede ser demasiado provocador para algunos creyentes.

"Si la gente quiere donar no hay problema y se usa para mantener la sede", aclara Heather en la sede de la Iglesia, enclavada en un típico suburbio estadounidense que luce impecable, con su urbanismo matemático y su avenida principal repleta de distintas casas religiosas.

A pocos kilómetros, en una de esas casas con césped perfecto, arrestaron días antes a un exiliado cubano que vivía con unas 1.500 armas, uno de los arsenales más grandes decomisados en Estados Unidos. "Todo el mundo necesita la palabra de Dios", sostiene Heather al comentar la noticia.

Aunque los domingos en Riverside lee unos salmos y entona cánticos cristianos con unas guitarras de fondo, la verdadera misión de Heather tiene lugar una vez al mes, cuando con algunas voluntarias parte a los clubes nocturnos.

"Entramos y, al azar, compramos a una de las chicas que ofrecen baile en privado. Son sólo tres minutos, los pagamos y cuando la tenemos en frente, le decimos que no lo haga, que le traemos fe".

Pocas se resisten, y como Heather ya es famosa por apariciones en la prensa, varias chicas la reconocen y se le acercan a pedirle consejos, a contarle problemas.

Heather empezó a bailar en bikini en 1995, cuando a los 21 años se encontró sola, sin dinero y con un hijo.

El proyecto se ha extendido con voluntarias en todo el país, que llaman buscando ayuda o queriendo seguir su ejemplo predicador antes de subir a las mesas. (NA).

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