27 Abril 2006 Seguir en 
"Syriana", el segundo largometraje como director de Stephen Gaghan (el cotizado guionista de "Traffic"), retoma y profundiza la estructura coral de aquel filme sobre el mundo de la droga para trasladarlo ahora a un complejo entramado de poderosas corporaciones petroleras, grupos terroristas, funcionarios manipuladores, multimillonarios árabes, especuladores de las finanzas y abogados inescrupulosos.
Inspirado en "See No Evil", el libro de memorias de Robert Baer -un veterano de la CIA-, publicado en 2002, "Syriana" es uno de esos thrillers políticos (como "El informante", "La intérprete", la mencionada "Traffic" o la reciente "Munich" de Steven Spielberg) que ennoblecen a la industria de Hollywood. Es que la industria cinematográfica muy de vez en cuando se arriesga con retratos como este, donde se ofrece un mosaico sobre los abusos del capitalismo salvaje, el fanatismo religioso y los cada vez más insondables alcances de la globalización en la lucha por el poder político y económico.
La historia transcurre en un país petrolero del Golfo, donde el joven y reformista príncipe Nasir (Alexander Siddig) busca dar un giro a las viejas relaciones comerciales con los Estados Unidos. Nasir, el aparente heredero al trono, acaba de garantizar los derechos de perforación de gas natural a una empresa china. Esta transacción supone un duro golpe para los intereses americanos en la región. Bob Barnes (George Clooney) es un veterano agente de la CIA, que se aproxima al final de una larga trayectoria pero le prometen un ascenso tras una última misión secreta: asesinar al príncipe Nasir. Pero, cuando el intento de asesinato fracasa, el agente Barnes se convierte en el chivo expiatorio de la CIA.
Clooney engordó casi 20 kilogramos y se dejó crecer una profusa barba para este papel, que le valió el Oscar como mejor actor de reparto.
Inspirado en "See No Evil", el libro de memorias de Robert Baer -un veterano de la CIA-, publicado en 2002, "Syriana" es uno de esos thrillers políticos (como "El informante", "La intérprete", la mencionada "Traffic" o la reciente "Munich" de Steven Spielberg) que ennoblecen a la industria de Hollywood. Es que la industria cinematográfica muy de vez en cuando se arriesga con retratos como este, donde se ofrece un mosaico sobre los abusos del capitalismo salvaje, el fanatismo religioso y los cada vez más insondables alcances de la globalización en la lucha por el poder político y económico.
La historia transcurre en un país petrolero del Golfo, donde el joven y reformista príncipe Nasir (Alexander Siddig) busca dar un giro a las viejas relaciones comerciales con los Estados Unidos. Nasir, el aparente heredero al trono, acaba de garantizar los derechos de perforación de gas natural a una empresa china. Esta transacción supone un duro golpe para los intereses americanos en la región. Bob Barnes (George Clooney) es un veterano agente de la CIA, que se aproxima al final de una larga trayectoria pero le prometen un ascenso tras una última misión secreta: asesinar al príncipe Nasir. Pero, cuando el intento de asesinato fracasa, el agente Barnes se convierte en el chivo expiatorio de la CIA.
Clooney engordó casi 20 kilogramos y se dejó crecer una profusa barba para este papel, que le valió el Oscar como mejor actor de reparto.







