18 Abril 2006 Seguir en 
Londres.- Kevin Spacey espera ansioso llegar a la ciudad alemana de Recklinghausen. Maximilian Schell quiere volver a Viena. Y a Robert Altman le parece que California es un sitio realmente agradable. Los tres ganadores de premios Oscar le dan la espalda a Londres, al menos por un tiempo. Son tres hombres que se respetan y que se entienden, pero que por lo visto no consiguieron ponerse de acuerdo para convertir en éxito la última obra teatral de Arthur Miller.
La noche del sábado cayó el telón por última vez para “Resurrection Blues”, una semana antes de lo previsto y en medio de durísimas críticas que llegaron incluso a reclamar la renuncia de Spacey como director del prestigioso Teatro Old Vic.
Schell, de 75 años, ganador de un Oscar por “JEl juicio de Nüremberg” (1961), es quizá el que mejor parado salió de los tres. Se dijo que no era el actor apropiado para el papel, pero el público llegó incluso a gritarle “bravo” por su interpretación de un dictador del Tercer Mundo afectado de impotencia, que quiere crucificar públicamente a un carismático líder rebelde en televisión. Pero Robert Altman, de 81 años, ese extraordinario cineasta que acaba de ser honrado con un Oscar a toda su trayectoria, fue acusado en Londres de haber decepcionado con su primera dirección teatral. Se lo responsabilizó por el hecho de que Schell y los otros actores -entre ellos James Fox y Neve Campbell- “actuaran en paralelo, como si no estuvieran en la misma obra”, como se quejó el crítico Michael Billington. Según el liberal “The Guardian”, “Altman debía haber sido reemplazado por algún director joven desocupado, que podía haber salvado la obra”.
Puesta descuidada
Sin embargo, los críticos londinenses, conocidos por su dureza, atribuyen la mayor responsabilidad del fracaso a Kevin Spacey, de 46 años. El actor estadounidense, ganador de dos Oscar por “Los sospechosos de siempre” y “Belleza americana”, quien asumió la dirección del Old Vic en 2004, fue acusado de haber empeorado la situación económica de esa institución del teatro británico al descuidar la puesta en escena de la obra de Miller. Spacey se debe haber sentido como delante de un verdugo cuando un entrevistador de la BBC le preguntó, durante ocho minutos, qué fue todo lo que falló en el Old Vic bajo su dirección. Poco antes, el temido crítico Nicholas de Jongh había reclamado la renuncia de Spacey a su trabajo en Londres.
El actor, que a principios de mayo regresará a los escenarios en el Festival de la Cuenca del Ruhr (Alemania), respondió a su vez que los consejos de De Jongh para su trabajo en el teatro son de tanta ayuda como los del secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, para la guerra de Irak. Spacey dijo que no tiene previsto poner fin antes de tiempo a su contrato de diez años en Londres. Después de todo, desde que asumió el puesto hace dos años, el Old Vic recibió a 425.000 espectadores, una cifra bastante buena para Londres. (DPA)
La noche del sábado cayó el telón por última vez para “Resurrection Blues”, una semana antes de lo previsto y en medio de durísimas críticas que llegaron incluso a reclamar la renuncia de Spacey como director del prestigioso Teatro Old Vic.
Schell, de 75 años, ganador de un Oscar por “JEl juicio de Nüremberg” (1961), es quizá el que mejor parado salió de los tres. Se dijo que no era el actor apropiado para el papel, pero el público llegó incluso a gritarle “bravo” por su interpretación de un dictador del Tercer Mundo afectado de impotencia, que quiere crucificar públicamente a un carismático líder rebelde en televisión. Pero Robert Altman, de 81 años, ese extraordinario cineasta que acaba de ser honrado con un Oscar a toda su trayectoria, fue acusado en Londres de haber decepcionado con su primera dirección teatral. Se lo responsabilizó por el hecho de que Schell y los otros actores -entre ellos James Fox y Neve Campbell- “actuaran en paralelo, como si no estuvieran en la misma obra”, como se quejó el crítico Michael Billington. Según el liberal “The Guardian”, “Altman debía haber sido reemplazado por algún director joven desocupado, que podía haber salvado la obra”.
Puesta descuidada
Sin embargo, los críticos londinenses, conocidos por su dureza, atribuyen la mayor responsabilidad del fracaso a Kevin Spacey, de 46 años. El actor estadounidense, ganador de dos Oscar por “Los sospechosos de siempre” y “Belleza americana”, quien asumió la dirección del Old Vic en 2004, fue acusado de haber empeorado la situación económica de esa institución del teatro británico al descuidar la puesta en escena de la obra de Miller. Spacey se debe haber sentido como delante de un verdugo cuando un entrevistador de la BBC le preguntó, durante ocho minutos, qué fue todo lo que falló en el Old Vic bajo su dirección. Poco antes, el temido crítico Nicholas de Jongh había reclamado la renuncia de Spacey a su trabajo en Londres.
El actor, que a principios de mayo regresará a los escenarios en el Festival de la Cuenca del Ruhr (Alemania), respondió a su vez que los consejos de De Jongh para su trabajo en el teatro son de tanta ayuda como los del secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, para la guerra de Irak. Spacey dijo que no tiene previsto poner fin antes de tiempo a su contrato de diez años en Londres. Después de todo, desde que asumió el puesto hace dos años, el Old Vic recibió a 425.000 espectadores, una cifra bastante buena para Londres. (DPA)







