17 Abril 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Uno de los artistas más importantes del país, Pablo Suárez, falleció el sábado a la madrugada, luego de sufrir una larga enfermedad, a los 68 años.
Suárez fue uno de los principales protagonistas de la polémica década de los sesenta en Buenos Aires. Participante del Centro de Artes Visuales del Instituto Di Tella, que dirigió Jorge Romero Brest, Suárez fue también uno de los primeros artistas que señalaron sus diferencias con el Instituto y formó parte de aquel grupo que, entre 1968 y 1969, se alejó de la institución y abandonó la actividad artística por unos años. Junto con Oscar Bony, Roberto Jacoby, Ricardo Carreira y Margarita Paksa, Suárez radicalizó su postura y abordó el arte-política, optando por intervenciones en sindicatos y en delegaciones obreras junto a trabajadores y a dirigentes gremiales. Así, fue uno de los pocos miembros en Buenos Aires del grupo "Tucumán arde" (1968).
Las acciones y los "vivo-dito" de Alberto Greco y la producción de Antonio Berni marcaban para él diferentes aspectos de una misma problemática: ingresar en el campo del arte para cuestionar estrategias y señalar complicidades; subvertir el orden legal de lo artístico; intervenir en la relación arte-vida anulada por las vanguardias, y poner en evidencia los mecanismos de la historia del arte y de los circuitos de promoción.
En los 80 u 90, la parodia, la cita, los textos en "esculturas", instalaciones y objetos, se acumulan en una narrativa conceptual. (Especial)
Suárez fue uno de los principales protagonistas de la polémica década de los sesenta en Buenos Aires. Participante del Centro de Artes Visuales del Instituto Di Tella, que dirigió Jorge Romero Brest, Suárez fue también uno de los primeros artistas que señalaron sus diferencias con el Instituto y formó parte de aquel grupo que, entre 1968 y 1969, se alejó de la institución y abandonó la actividad artística por unos años. Junto con Oscar Bony, Roberto Jacoby, Ricardo Carreira y Margarita Paksa, Suárez radicalizó su postura y abordó el arte-política, optando por intervenciones en sindicatos y en delegaciones obreras junto a trabajadores y a dirigentes gremiales. Así, fue uno de los pocos miembros en Buenos Aires del grupo "Tucumán arde" (1968).
Las acciones y los "vivo-dito" de Alberto Greco y la producción de Antonio Berni marcaban para él diferentes aspectos de una misma problemática: ingresar en el campo del arte para cuestionar estrategias y señalar complicidades; subvertir el orden legal de lo artístico; intervenir en la relación arte-vida anulada por las vanguardias, y poner en evidencia los mecanismos de la historia del arte y de los circuitos de promoción.
En los 80 u 90, la parodia, la cita, los textos en "esculturas", instalaciones y objetos, se acumulan en una narrativa conceptual. (Especial)







