LOS ANGELES.- La actriz Robin Wright incorporó el apellido de su marido, el díscolo y talentoso Sean Penn, al suyo el día de su boda, tras ocho años de tumultuoso romance y dos hijos. Tan intensa como reservada, con una oscuridad interior que contrasta con su luminoso rostro, esta actriz diferente e impredecible se ha convertido en una de las artistas preferidas de directores de la talla de Robert Zemeckis, Steven Spielberg y hasta de su marido, con quien ya trabajó en dos oportunidades. Su rara belleza, torturada intensidad y arriesgadas elecciones han convertido a esta actriz prodigiosa, profunda y enigmática en el secreto mejor guardado de Hollywood.
Recordada por su papel de la amiga de Tom Hanks en "Forrest Gump", Robin ha trabajado sin descanso en los últimos dos años. Claro que eso no le impide cumplir con sus labores de esposa y madre. "No soy de las que se lleva el trabajo a casa. Al final del día, sólo soy una mamá, que hasta las seis de la mañana siguiente no tiene que encarnar a nadie oscuro u obsesionado", declara.
Tras ser atacada junto a sus dos pequeños hijos en Los Angeles, la actriz se ha mudado a San Francisco junto a su marido, donde ambos construyen una casa. "Necesito mucho dinero y por eso trabajo sin descanso", sonríe lacónica, para justificar "Mensajes de amor", una película que estuvo cuatro semanas en el primer puesto de la taquilla norteamericana pero que no tuvo demasiada repercusión en Tucumán. En ella, Robin interpreta a Theresa Osborne, una mujer herida, que descubre su vacío vital y se desliza por el alambre de la desconfianza. Intuye el romanticismo, le alcanza un gigantesca ola de expresión amorosa y la encuentra en un alma gemela, en esta oportunidad interpretado por Kevin Costner, con quien debió rodar candentes escenas. "Los cuadros amorosos son una pesadilla, lo peor del mundo. Y cuando le hago el amor en el set a alguien que no es Sean, me siento como una prostituta: una mujer que cobra por fingir que hace el amor", declara.
Un camino no querido
Pero semejante intensidad resulta curioso cuando la bella rubia confiesa sin ruborizarse que nunca soñó con ser actriz. "Me gustaba mucho mi carrera de modelo. Pero la gente no sabe lo tremendamente persistente que llegó a ser mi agente. Y cuando vino la primera oportunidad, con la película ?La princesa prometida?, no pude resistirme. Ahora tengo como un hambre incontrolable", asegura. Y, en este sentido, siempre elige personajes distintos. "Me gusta experimentar desafíos en mi vida y nadar contra la corriente", agrega.
Las películas comerciales que hizo -"Forrest Gump" o la reciente "Mensaje de amor"- son una rareza en la carrera de Robin. Por eso, tras enamorar a Kevin Costner, ha encadenado sin descanso rodaje tras rodaje. En "Código de honor", el filme que acaba de estrenarse en Tucumán, la bella actriz no sólo comparte roles con Jack Nicholson y Benicio Del Toro, sino que se pone nuevamente bajo las órdenes de su marido, Sean Penn. Algo que ya había probado en "HurlyBurly" donde interpretó a un personaje carente de escrúpulos creado por el dramaturgo David Rabe. Su galán, el amoral Eddie, fue interpretado también por Sean, en un trabajo que le valió el reconocimiento de la crítica. "Cuando trabajo con Sean me olvido de que es mi marido. Creo que es la única manera de evitar problemas conyugales", dice. (Especial)
Recordada por su papel de la amiga de Tom Hanks en "Forrest Gump", Robin ha trabajado sin descanso en los últimos dos años. Claro que eso no le impide cumplir con sus labores de esposa y madre. "No soy de las que se lleva el trabajo a casa. Al final del día, sólo soy una mamá, que hasta las seis de la mañana siguiente no tiene que encarnar a nadie oscuro u obsesionado", declara.
Tras ser atacada junto a sus dos pequeños hijos en Los Angeles, la actriz se ha mudado a San Francisco junto a su marido, donde ambos construyen una casa. "Necesito mucho dinero y por eso trabajo sin descanso", sonríe lacónica, para justificar "Mensajes de amor", una película que estuvo cuatro semanas en el primer puesto de la taquilla norteamericana pero que no tuvo demasiada repercusión en Tucumán. En ella, Robin interpreta a Theresa Osborne, una mujer herida, que descubre su vacío vital y se desliza por el alambre de la desconfianza. Intuye el romanticismo, le alcanza un gigantesca ola de expresión amorosa y la encuentra en un alma gemela, en esta oportunidad interpretado por Kevin Costner, con quien debió rodar candentes escenas. "Los cuadros amorosos son una pesadilla, lo peor del mundo. Y cuando le hago el amor en el set a alguien que no es Sean, me siento como una prostituta: una mujer que cobra por fingir que hace el amor", declara.
Un camino no querido
Pero semejante intensidad resulta curioso cuando la bella rubia confiesa sin ruborizarse que nunca soñó con ser actriz. "Me gustaba mucho mi carrera de modelo. Pero la gente no sabe lo tremendamente persistente que llegó a ser mi agente. Y cuando vino la primera oportunidad, con la película ?La princesa prometida?, no pude resistirme. Ahora tengo como un hambre incontrolable", asegura. Y, en este sentido, siempre elige personajes distintos. "Me gusta experimentar desafíos en mi vida y nadar contra la corriente", agrega.
Las películas comerciales que hizo -"Forrest Gump" o la reciente "Mensaje de amor"- son una rareza en la carrera de Robin. Por eso, tras enamorar a Kevin Costner, ha encadenado sin descanso rodaje tras rodaje. En "Código de honor", el filme que acaba de estrenarse en Tucumán, la bella actriz no sólo comparte roles con Jack Nicholson y Benicio Del Toro, sino que se pone nuevamente bajo las órdenes de su marido, Sean Penn. Algo que ya había probado en "HurlyBurly" donde interpretó a un personaje carente de escrúpulos creado por el dramaturgo David Rabe. Su galán, el amoral Eddie, fue interpretado también por Sean, en un trabajo que le valió el reconocimiento de la crítica. "Cuando trabajo con Sean me olvido de que es mi marido. Creo que es la única manera de evitar problemas conyugales", dice. (Especial)







