Un desafío es darle valor agregado a la soja

Por Raúl Hermida (Director Inst. de Investigaciones Económicas de la Bolsa de Comercio de Córdoba). La argentina debe sumarse a la demanda mundial de la oleaginosa.

09 Abril 2006
Como ya es conocido, el mundo está asistiendo a un cambio en el eje de la demanda de alimentos. El fuerte crecimiento económico registrado por las economías asiáticas y su enorme población, sitúan a este continente en el centro de la escena. El complejo oleaginoso no escapa a este fenómeno: con China a la cabeza, en 2005 el continente asiático concentró el 39% de la demanda mundial de aceite de soja, mientras que en 1995 su participación alcanzaba tan sólo el 19%. Esta situación se acentuará en el futuro, según diversas estimaciones acerca del crecimiento económico de las economías asiáticas.
La situación en cuanto a la demanda futura del complejo oleaginoso parece estar clara. La pregunta es ¿qué es lo que está ocurriendo por parte de la oferta? En los últimos 15 años la producción mundial de granos incorporó cerca de 31,5 millones de hectáreas; de este total, el 71% fue aportado por Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia. A su vez, estos cuatro países se encuentran especializados en la producción de semillas oleaginosas, y en particular de soja: este producto representa más de la mitad del área sembrada con granos en cada uno de los cuatro países. Por otra parte, el futuro se presenta promisorio teniendo en cuenta que la región es la única que cuenta con una gran cantidad de tierras factibles a ser incorporadas a la producción de oleaginosas. El desplazamiento de la Pampa Húmeda argentina hacia el norte del país es un claro ejemplo de esto.
Pero el Cono Sur no sólo crece en área sembrada, sino apostando a la constante incorporación de tecnología en maquinaria, siembra directa, bioteconología y agroquímicos. De esta manera, el rendimiento por hectárea en la producción de soja en Argentina y Brasil se encuentra actualmente en los mismos niveles que los observados en Estados Unidos, mientras que hace 10 años este valor estaba rezagado en más de un 10%. Mayor área sembrada y mejor tecnología determinan un diferencial a favor de la región: en 2002, el volumen de producción de soja del Cono Sur superó al de Estados Unidos y las proyecciones indican que esta situación se acentuará en el futuro. Se estima que para 2015 la producción de América del sur sería un 78% mayor a la de Estados Unidos, ubicándose en torno a los 150 millones de toneladas. En este contexto, Argentina aportaría el 18% de la producción mundial de soja. La industria ya se prepara para contener este explosivo crecimiento de la producción primaria. Se han registrado en los últimos años importantes inversiones, tanto en plantas de molienda como en infraestructura portuaria, que sitúan la capacidad instalada del complejo oleaginoso local por encima de la producción actual.
No obstante, si bien la molienda es el primer paso para agregarle valor a la producción, nuestro desafío es ampliar la gama de productos elaborados a partir de la soja. Diversas investigaciones dan cuenta de los múltiples usos y aplicaciones de los productos derivados de la soja. Los mismos abarcan, entre otros, diversos productos comestibles, productos de limpieza, pinturas, cosméticos, pegamentos, plásticos, etcétera. En este marco, son dos los sectores que se presentan como más promisorios para el futuro del complejo oleaginoso y, por lo tanto, adquieren mayor relevancia: la producción de carne a partir de harina de soja y los biocombustibles.Los biocombustibles representan el futuro de la provisión de energía a nivel mundial. El agotamiento de los combustibles fósiles como fuente energética tradicional lleva al mundo a centrar su atención en la producción de combustibles renovables. Esto representa otra gran oportunidad para Argentina brindado la posibilidad de agregar valor a su producción agropecuaria.

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