El autodominio es clave para alcanzar el éxito

Por Héctor G. Olmos Arevalo (CPN - MBA - Experto en RRHH). La búsqueda del éxito implica aprendizaje, observación y disciplina. El responsable concentra su atención en aquello en lo que puede influir.

02 Abril 2006
Todos, y cada uno en forma personal, aspiramos a lograr el éxito. Éxito generalmente es comprendido como el "alcanzar nuestros objetivos". Ahora, el problema es que muchas veces no conocemos a ciencia cierta cuál es realmente el objetivo que tenemos o, por el contrario, a veces lo conocemos pero tardíamente nos encontramos con que no es el objetivo correcto o lo que verdaderamente queremos para nosotros. Todo esto nos quita efectividad, nos aumenta la ansiedad, la frustración y el estrés, disminuyendo nuestra capacidad de trabajo y desarrollo.
El error es definir el éxito asociado a un objetivo, el éxito debe ser un estado interior, una disposición mental que se debe buscar siempre. El éxito consiste en una autosuperación personal permanente; es contar permanentemente con una actitud positiva y la iniciativa necesaria para afrontar con responsabilidad los desafíos y convertir nuestras acciones en los resultados que queremos. Se trata de interiorizar nuestro objetivo o desafío y encararlo desde nuestro potencial.
Entonces el objetivo no debe ser externo, sino interno. La autosuperación y el crecimiento personal nos debe llevar a cambiar nuestra forma de ver las cosas. El problema está en cómo miramos, no en qué miramos. Solemos intentar no ser parte del problema, pero en verdad debemos darnos cuenta de que somos parte importante del problema para luego comenzar a ser parte de la solución. Para todo esto tenemos que conocernos y trabajar constantemente en nuestro autodominio para generar la disciplina necesaria, los hábitos que nos permitan cultivar una mentalidad de éxito.
La mentalidad de éxito nos llevará a actuar. Para actuar tendremos que primero reconocer nuestros problemas, dónde estamos parados hoy; definir una visión deseada de cómo queremos vernos, qué queremos lograr en nuestra vida, en nuestro trabajo, etcétera, para entonces comprender que podemos llevar adelante las conductas o hábitos que nos permitan lograrlo. Tenemos que comprender que somos protagonistas de nuestro destino, y no víctimas de las circunstancias. Lo que me pasa, lo que soy, es consecuencia de los hábitos, conductas o los "dejar de hacer" que tuve hasta ahora.
Debemos ser "responsables", pero no en un sentido causal o culpable, asociando la responsabilidad a las consecuencias de nuestras acciones, como generalmente se entiende, sino responsables en cuanto a nuestra habilidad para responder a las situaciones y desafíos que se nos presentarán a diario. Siempre tendremos la capacidad de elegir nuestras conductas y por lo tanto la habilidad para cambiar nuestras circunstancias.
La mentalidad de éxito implica encarar todo con proactividad e iniciativa y con la convicción de que voy a lograr lo que pretendo. Esto implica un proceso de aprendizaje, de observarnos, de trabajar con disciplina en nuestros hábitos, de estar atentos a nuestras conversaciones internas para no caer en la complacencia y en la comodidad que me llevan al miedo y a la inmovilización. Debemos evitar adquirir el "virus de la víctima", que describe Fred Kofman, y que equivale a la falta de responsabilidad, que lleva a que uno concentre su atención en aspectos que no puede modificar, para sentirse inocente y echarle la culpa a lo "externo", al otro, a la situación del país, al jefe, etcétera. El responsable, al contrario, concentra su atención en aquellos factores sobre los que puede influir. Sabe que hay factores que están fuera de su control, pero los toma como un desafío.
Somos responsables de nuestro destino, y eso implica comprender que nadie solucionará nuestros problemas por nosotros y abandonar la equivocada ilusión de que todo lo que esperamos tocará nuestra puerta. Debemos tomar la iniciativa y hacernos cargo de nuestra parte. Así, rápidamente veremos que nuestro poder se expande y que lograremos cosas que pensábamos estaban fuera de nuestro alcance. Aún si fracasamos temporalmente, habremos dado lo mejor de nosotros y habremos hecho el intento y ese orgullo no nos lo quitará nadie, porque ya estaremos en el camino del éxito.

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