02 Abril 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- No se confunda. No es la remake de un éxito de Hollywood. Es más bien un vaudeville. Para ser más precisos, un sainete por sus características locales de exageración, grotesco y absurdo. La aparente posición de solidez económica que detenta la administración Kirchner y la falta de una oposición política crítica que sea capaz de generar una alternativa, están configurando un escenario que en poco tiempo se puede transformar en un tembladeral.
A casi tres años de mandato y alentado por los reflujos de la recuperación económica después de la devastación devaluatoria, el Gobierno se está quedando sin verdaderos instrumentos que le permitan hacer perdurable la actual estabilidad económica ficta.
Con el impulso que le dan los grandes números agregados, el Gobierno no parece contar con naipes suficientes para disputar la difícil partida que se avecina en la mesa de la globalización. Edificar opciones o navegar en la intrascendencia son los caminos que se bifurcan en lo inmediato. Superar limitaciones estructurales o convivir con los colapsos, son los desafíos de mediano plazo. Políticas de Estado o crisis permanentes, el horizonte de largo plazo.
Los beneficios derivados de la alta tasa de inversión registrada en los años de convertibilidad se están extinguiendo y si no se generan rápidamente nuevas corrientes de inversión, la economía en su conjunto comenzará a mostrar serios deterioros. De hecho, en la década pasada, desaprovechada en gran parte por la actual dirigencia, no se alcanzó a invertir en sectores claves y que hoy muestran estándares de países pobres de Latinoamérica o del Africa subsahariana. Servicios esenciales como la salud, la educación y el acceso al agua potable son algunas de las muestras de ese desequilibrio.
Ya transcurrido el primer cuarto del año, el Gobierno no pudo definir una clara política antiinflacionaria. Los acuerdos de precios, muchos de los cuales se deben revisar por estos días, han resultado estériles para contener la escalada de precios. ¿Qué ocurrirá cuando se deba analizar la extensión de esos convenios en medio de un aumento de tarifas de insumos básicos o de una avanzada salarial por parte de la burocracia sindical?
Al incremento del 18% de las tarifas de gas retroactivo a junio de 2005, se le sumará en las próximas horas un aumento del 15% en las tarifas de electricidad con retroactividad a noviembre pasado. Estos ajustes postergados, por decisión política, implican una fuerte incidencia en la elaboración de costos industriales y en la cadena comercial, en especial para sectores energo-intensivos, y serán inexorablemente trasladados a los precios de los productos finales.
El inevitable aumento de la inflación puede motorizar diversos procesos:
Activar una masiva demanda salarial que retroalimente la serie aumento de costos y precios.
Potenciar variables como tasas de interés o tipo de cambio.
Incrementar la tensión social, si no se satisfacen los reclamos salariales.
Detener abruptamente la actividad económica ante la caída del poder de compra de los salarios.
Alejar potenciales inversiones aunque más no sea para la reposición del capital. Resulta evidente a estas alturas que la estrategia de postergar la solución de los problemas derivados de la devaluación siempre es conflictiva. En otros términos, no se barre la basura bajo la alfombra para que todo parezca limpio. Al cabo, la suciedad permanece y se hace insoportable.
Pero lejos de encontrarse en un mar de tranquilidad, el Gobierno navega en aguas impetuosas. Las señales que se emiten al mundo inversor local o extranjero, son pésimas. La traumática salida del Grupo Suez con consecuencias jurídicas y económicas aun imprevisibles, y la suspensión de las exportaciones de carne -mañana pueden ser de otro producto puesto que ya ocurrió con el gas y la electricidad-, ponen al desnudo la impericia y la fragilidad del gobierno. Los abruptos cambios en la legislación que amenazan la estructura patrimonial de los agentes económicos -como los accidentes de trabajo o los procesos concursales-, son señales de inseguridad jurídica.
Poco importa cómo llevar adelante una sana administración. Si se puede vivir de los beneficios de la renta exportadora y de la detracción de la riqueza de los contribuyentes locales, poco importa. Si con ello se llega a alimentar al monstruo reelectoral, mejor aún. Y si con ello alcanza para perpetuar el nepotismo, sería el ideal. Mientras China compre cada vez más soja para alimentar a sus cerdos. ¿Esto es duradero?
Esta película ya la vimos, ¿no? (DyN)
A casi tres años de mandato y alentado por los reflujos de la recuperación económica después de la devastación devaluatoria, el Gobierno se está quedando sin verdaderos instrumentos que le permitan hacer perdurable la actual estabilidad económica ficta.
Con el impulso que le dan los grandes números agregados, el Gobierno no parece contar con naipes suficientes para disputar la difícil partida que se avecina en la mesa de la globalización. Edificar opciones o navegar en la intrascendencia son los caminos que se bifurcan en lo inmediato. Superar limitaciones estructurales o convivir con los colapsos, son los desafíos de mediano plazo. Políticas de Estado o crisis permanentes, el horizonte de largo plazo.
Los beneficios derivados de la alta tasa de inversión registrada en los años de convertibilidad se están extinguiendo y si no se generan rápidamente nuevas corrientes de inversión, la economía en su conjunto comenzará a mostrar serios deterioros. De hecho, en la década pasada, desaprovechada en gran parte por la actual dirigencia, no se alcanzó a invertir en sectores claves y que hoy muestran estándares de países pobres de Latinoamérica o del Africa subsahariana. Servicios esenciales como la salud, la educación y el acceso al agua potable son algunas de las muestras de ese desequilibrio.
Ya transcurrido el primer cuarto del año, el Gobierno no pudo definir una clara política antiinflacionaria. Los acuerdos de precios, muchos de los cuales se deben revisar por estos días, han resultado estériles para contener la escalada de precios. ¿Qué ocurrirá cuando se deba analizar la extensión de esos convenios en medio de un aumento de tarifas de insumos básicos o de una avanzada salarial por parte de la burocracia sindical?
Al incremento del 18% de las tarifas de gas retroactivo a junio de 2005, se le sumará en las próximas horas un aumento del 15% en las tarifas de electricidad con retroactividad a noviembre pasado. Estos ajustes postergados, por decisión política, implican una fuerte incidencia en la elaboración de costos industriales y en la cadena comercial, en especial para sectores energo-intensivos, y serán inexorablemente trasladados a los precios de los productos finales.
El inevitable aumento de la inflación puede motorizar diversos procesos:
Activar una masiva demanda salarial que retroalimente la serie aumento de costos y precios.
Potenciar variables como tasas de interés o tipo de cambio.
Incrementar la tensión social, si no se satisfacen los reclamos salariales.
Detener abruptamente la actividad económica ante la caída del poder de compra de los salarios.
Alejar potenciales inversiones aunque más no sea para la reposición del capital. Resulta evidente a estas alturas que la estrategia de postergar la solución de los problemas derivados de la devaluación siempre es conflictiva. En otros términos, no se barre la basura bajo la alfombra para que todo parezca limpio. Al cabo, la suciedad permanece y se hace insoportable.
Pero lejos de encontrarse en un mar de tranquilidad, el Gobierno navega en aguas impetuosas. Las señales que se emiten al mundo inversor local o extranjero, son pésimas. La traumática salida del Grupo Suez con consecuencias jurídicas y económicas aun imprevisibles, y la suspensión de las exportaciones de carne -mañana pueden ser de otro producto puesto que ya ocurrió con el gas y la electricidad-, ponen al desnudo la impericia y la fragilidad del gobierno. Los abruptos cambios en la legislación que amenazan la estructura patrimonial de los agentes económicos -como los accidentes de trabajo o los procesos concursales-, son señales de inseguridad jurídica.
Poco importa cómo llevar adelante una sana administración. Si se puede vivir de los beneficios de la renta exportadora y de la detracción de la riqueza de los contribuyentes locales, poco importa. Si con ello se llega a alimentar al monstruo reelectoral, mejor aún. Y si con ello alcanza para perpetuar el nepotismo, sería el ideal. Mientras China compre cada vez más soja para alimentar a sus cerdos. ¿Esto es duradero?
Esta película ya la vimos, ¿no? (DyN)







