23 Marzo 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- (Por Jorge Figueroa).- El arte político domina hoy la escena central de los principales centros artísticos de esta ciudad, y parece ocupar la atención y las miradas del gran público, cuando se cumple un nuevo aniversario del golpe militar de 1976.
Una imponente muestra denominada "30 años. Estéticas de la memoria", se ha inaugurado en el Centro Cultural Recoleta, y a pocos metros, en el Palais de Glace, "La normalidad. Ex Argentina", sigue recibiendo la visita masiva de los espectadores. De La Recoleta a Palermo, la distancia no es tan grande: en el Malba, más precisamente en su terraza, el artista argentino (residente en Nueva York) Fabián Marcaccio, ha trabajado una monumental instalación que recuerda la masacre de Ezeiza. Y en el centro, otra imponente muestra se ha organizado en el Centro Cultural San Martín.
En "30 años. Estética de la memoria", participan 200 artistas, cuyas obras se pueden ver en 14 salas y en seis espacios. Bajo el sugestivo título "Nosotros no sabíamos", el legendario León Ferrari presenta una instalación que compila 100 notas periodísticas aparecidas en los medios en la época de la represión; mientras, el Grupo de Acción Callejera (GAC) documenta los crímenes ocurridos durante el período que concluyó en 1983. Entre las propuestas más interesantes, se ubica el relevamiento estadístico que hicieron los artistas Luján Funes y Magdalena Jitrik: tomaron tres diarios de esta capital y compararon las noticias sobre desaparición de personas y la aparición de ovnis en el segundo semestre de 1978, y no se olvidaron de registrar que en ese mismo período, el informe de la Conadep da cuenta que desaparecieron 334 personas.
En el largo recorrido en la Recoleta, la documentación sobre torturas en la Esma es recurrente. Pinturas, videos, fotografías, dibujos y esculturas, todos los lenguajes artísticos sirven para testimoniar la represión, el secuestro y el asesinato. En una de las salas, el tucumano Julio Pantoja exhibe uno de sus registros: el hijo de un desaparecido con la foto de su padre. Y Carlota Beltrame, un diminuto mapa de la provincia realizado con azúcar. Omar Estela, Javier Bernasconi, Marcelo Oliva y Margarita Rocha, entre otros, presentan la muestra "Autores ideológicos", con la obra "Falcon": uno de esos automóviles (pintado totalmente de blanco) ha sido desguazado y presentado de ese modo en el patio central del Centro Cultural.
La normalidad
La exposición "La Normalidad. Ex Argentina", organizada por el Instituto Goethe, y en la que participan decenas de artistas europeos, y algunos argentinos (entre estos, la tucumana Ana Claudia García) funciona también como un testimonio de la realidad, pero más cercana. "Los artistas reflexionan sobre el invisible conjunto de tensiones ocultas que dejó el estallido de 2001. La normalidad alude a que lo verdaderamente estable es la precariedad y la injusticia para la mayoría", se puede leer en el catálogo de la exposición.
En la planta baja del Palais de Glace, es notable la presencia de la palabra Tucumán. No sólo están las fotografías satelitales y mapas gráficos de Ana Claudia García, que ubica las zonas de producción azucarera y de la soja ("el hambre no está ligado al subdesarrollo tecnológico", afirma la artista), sino que se encuentran decenas de fotografías y gigantografías que recuerdan el movimiento artístico "Tucumán arde" (de 1968), que expuso al país el drama de la provincia cuando se cerraron los ingenios (la documentación fue relevada por la escritora Ana Longhoni). Además, el alemán Matthijs de Bruijne, que visitó Tucumán (en 2004) invitado por los cartoneros, instala un video y proyecta diapositivas en los que Rosita cuenta la historia de un barrio.
Una imponente muestra denominada "30 años. Estéticas de la memoria", se ha inaugurado en el Centro Cultural Recoleta, y a pocos metros, en el Palais de Glace, "La normalidad. Ex Argentina", sigue recibiendo la visita masiva de los espectadores. De La Recoleta a Palermo, la distancia no es tan grande: en el Malba, más precisamente en su terraza, el artista argentino (residente en Nueva York) Fabián Marcaccio, ha trabajado una monumental instalación que recuerda la masacre de Ezeiza. Y en el centro, otra imponente muestra se ha organizado en el Centro Cultural San Martín.
En "30 años. Estética de la memoria", participan 200 artistas, cuyas obras se pueden ver en 14 salas y en seis espacios. Bajo el sugestivo título "Nosotros no sabíamos", el legendario León Ferrari presenta una instalación que compila 100 notas periodísticas aparecidas en los medios en la época de la represión; mientras, el Grupo de Acción Callejera (GAC) documenta los crímenes ocurridos durante el período que concluyó en 1983. Entre las propuestas más interesantes, se ubica el relevamiento estadístico que hicieron los artistas Luján Funes y Magdalena Jitrik: tomaron tres diarios de esta capital y compararon las noticias sobre desaparición de personas y la aparición de ovnis en el segundo semestre de 1978, y no se olvidaron de registrar que en ese mismo período, el informe de la Conadep da cuenta que desaparecieron 334 personas.
En el largo recorrido en la Recoleta, la documentación sobre torturas en la Esma es recurrente. Pinturas, videos, fotografías, dibujos y esculturas, todos los lenguajes artísticos sirven para testimoniar la represión, el secuestro y el asesinato. En una de las salas, el tucumano Julio Pantoja exhibe uno de sus registros: el hijo de un desaparecido con la foto de su padre. Y Carlota Beltrame, un diminuto mapa de la provincia realizado con azúcar. Omar Estela, Javier Bernasconi, Marcelo Oliva y Margarita Rocha, entre otros, presentan la muestra "Autores ideológicos", con la obra "Falcon": uno de esos automóviles (pintado totalmente de blanco) ha sido desguazado y presentado de ese modo en el patio central del Centro Cultural.
La normalidad
La exposición "La Normalidad. Ex Argentina", organizada por el Instituto Goethe, y en la que participan decenas de artistas europeos, y algunos argentinos (entre estos, la tucumana Ana Claudia García) funciona también como un testimonio de la realidad, pero más cercana. "Los artistas reflexionan sobre el invisible conjunto de tensiones ocultas que dejó el estallido de 2001. La normalidad alude a que lo verdaderamente estable es la precariedad y la injusticia para la mayoría", se puede leer en el catálogo de la exposición.
En la planta baja del Palais de Glace, es notable la presencia de la palabra Tucumán. No sólo están las fotografías satelitales y mapas gráficos de Ana Claudia García, que ubica las zonas de producción azucarera y de la soja ("el hambre no está ligado al subdesarrollo tecnológico", afirma la artista), sino que se encuentran decenas de fotografías y gigantografías que recuerdan el movimiento artístico "Tucumán arde" (de 1968), que expuso al país el drama de la provincia cuando se cerraron los ingenios (la documentación fue relevada por la escritora Ana Longhoni). Además, el alemán Matthijs de Bruijne, que visitó Tucumán (en 2004) invitado por los cartoneros, instala un video y proyecta diapositivas en los que Rosita cuenta la historia de un barrio.










